{"id":274,"date":"2020-10-27T14:16:11","date_gmt":"2020-10-27T14:16:11","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/?page_id=274"},"modified":"2021-03-02T22:30:03","modified_gmt":"2021-03-02T22:30:03","slug":"campamento-lazear","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/comprobacion-de-la-teoria\/campamento-lazear\/","title":{"rendered":"Campamento Lazear"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/files\/2020\/10\/Campamento-Lazear-A.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"  wp-image-375 aligncenter\" src=\"http:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/files\/2020\/10\/Campamento-Lazear-A-300x237.jpg\" alt=\"Campamento Lazear A\" width=\"416\" height=\"329\" srcset=\"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/files\/2020\/10\/Campamento-Lazear-A-300x237.jpg 300w, https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/files\/2020\/10\/Campamento-Lazear-A.jpg 320w\" sizes=\"(max-width: 416px) 100vw, 416px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>El campamento Lazear<\/strong><\/p>\n<p>Por: DrC. Enrique Ram\u00f3n Beldarra\u00edn Chaple y Lic. Jos\u00e9 Antonio L\u00f3pez Espinosa.<\/p>\n<p>En el barrio Pogolotti, en el Municipio Marianao de la Habana, hay un peque\u00f1o parque pavimentado con un pared\u00f3n de piedras al fondo, donde se han colocado siete medallones de bronce con los rostros y los nombres de Carlos J. Finlay y Barr\u00e9s (1833-1915), Claudio Delgado Amestoy (1843-1916), Leonard Wood (1860-1927), Walter Reed (1851-1902), James Carroll (1854-1907), Jesse William Lazear (1866-1900) y Ar\u00edstides Agramonte Simoni (1868-1931) respectivamente; adem\u00e1s de dos placas, tambi\u00e9n de bronce, en una de las cuales se relacionan 13 nombres bajo el encabezamiento de &#8220;Estos cooperaron&#8221;, mientras la segunda consigna otros 12 nombres encabezados por la palabra &#8220;Voluntarios&#8221;.<\/p>\n<p>Estas nueve inscripciones se grabaron en honor a los participantes y a los que de alg\u00fan modo tuvieron que ver en los estudios realizados en ese lugar entre el 20 de noviembre de 1900 y el 7 de febrero de 1901, con los cuales se confirm\u00f3 el trascendental descubrimiento del agente transmisor de la fiebre amarilla, anunciado por el sabio cubano Carlos J. Finlay y Barr\u00e9s desde 1881.<\/p>\n<p><span style=\"text-decoration: underline\">LA CONFIRMACION DE LOS POSTULADOS DE FINLAY<\/span><\/p>\n<p>La comisi\u00f3n estadounidense se reuni\u00f3 por primera vez el 25 de junio de 1900 en las barracas de Columbia, Marianao, La Habana, donde entonces exist\u00eda un brote epid\u00e9mico de fiebre amarilla.<\/p>\n<p>El primer acuerdo de sus integrantes fue la selecci\u00f3n de los m\u00e9dicos que le ayudar\u00edan. Seg\u00fan ese acuerdo, los casos de fiebre amarilla en el centro de la ciudad de La Habana ser\u00edan atendidos por los m\u00e9dicos del hospital Las Animas, que radicaba en el sitio donde actualmente se encuentra el Hospital Pedi\u00e1trico de Centro Habana, cuya actividad se controlar\u00eda por una comisi\u00f3n adjunta nombrada por el Departamento de Salubridad a la que se deb\u00edan enviar todos los sujetos sospechosos de padecer la enfermedad para su diagn\u00f3stico.<br \/>\nEsta comisi\u00f3n adjunta, compuesta por los doctores Finlay, Juan Guiteras Gener, Antonio D\u00edaz Albertini y William C. Gorgas, mantendr\u00eda estrechos contactos con la comisi\u00f3n de Reed. El examen de los casos de Marianao y del campamento de Columbia, estar\u00edan a cargo de otra comisi\u00f3n adjunta, integrada por los doctores Manuel Herrera N\u00fa\u00f1ez, Nicasio Silverio Armas y Eduardo Angl\u00e9s, asistida por Jesse W. Lazear y Roger Post Ames, del ej\u00e9rcito norteamericano.<br \/>\nBajo la influencia decisiva del doctor Reed, predomin\u00f3 como punto de partida del estudio otra vez, la comprobaci\u00f3n de la hip\u00f3tesis del bacilo icteroides de Sanarelli, los resultados los obtenidos en cuanto a este bacilo fueron 100% negativos.<br \/>\nEn vista de ello, el 1ro. de agosto de 1900 el doctor Reed decidi\u00f3 examinar la teor\u00eda sobre la transmisi\u00f3n de la fiebre amarilla por el Culex mosquito, sostenida por Finlay desde 1881 y por ello lo visit\u00f3 ese d\u00eda en su domicilio de la calle Aguacate No. 110, acompa\u00f1ado de los doctores Carroll y Lazear.<br \/>\nEn ocasi\u00f3n de la visita de Reed y sus colaboradores, Finlay puso a disposici\u00f3n de ellos todos los datos acerca de sus investigaciones, adem\u00e1s de varios ejemplares y huevos de la especie de mosquitos responsables de la fiebre amarilla, con los que hab\u00eda inoculado hasta entonces a un total de 104 sujetos.<br \/>\nDespu\u00e9s de discutirlo, la comisi\u00f3n acord\u00f3 hacer la prueba de campo para verificar la veracidad de la teor\u00eda finalista. Reed tuvo una participaci\u00f3n casi nula en ella, pues al d\u00eda siguiente de su visita a Finlay tuvo que viajar a Washington para escribir un informe sobre fiebre tifoidea en el ej\u00e9rcito de ocupaci\u00f3n norteamericana en Cuba. En su ausencia Carroll se ocup\u00f3 de investigar la flora intestinal de los enfermos de fiebre amarilla; Agramonte asumi\u00f3 los trabajos de anatom\u00eda patol\u00f3gica y bacteriolog\u00eda y Lazear se encarg\u00f3 de obtener de los huevos entregados por Finlay, los specimen, con los cuales la comisi\u00f3n realiz\u00f3 sus primeras experiencias.<\/p>\n<p>Lazear llev\u00f3 los mosquitos que crio al hospital Las Animas, donde hizo que picaran a enfermos de fiebre amarilla. Estos mosquitos picaron luego a nueve individuos sanos no inmunes, incluy\u00e9ndose a \u00e9l mismo, pero la enfermedad no se produjo. El 27 de agosto se percat\u00f3 de que uno de los mosquitos estaba muy d\u00e9bil. Carroll pens\u00f3 en la necesidad del insecto de alimentarse con sangre humana, por lo que se expuso a su picada. Seis d\u00edas m\u00e1s tarde present\u00f3 ictericia y albuminuria, y su estado se diagnostic\u00f3 como de fiebre amarilla t\u00edpica.<br \/>\nLa enfermedad de Carroll hizo razonar a Lazear que las inoculaciones anteriores se hab\u00edan practicado a pacientes en un estado en el que la fiebre amarilla no era transmisible. Por ello decidi\u00f3 llevar a la pr\u00e1ctica el procedimiento aplicado antes por Finlay de que un mismo mosquito picara a diferentes enfermos, antes de llenarse con la sangre de personas sanas.<\/p>\n<p>Fue el soldado William H. Dean el primer voluntario sometido a la inoculaci\u00f3n experimental, realizada con resultados positivos por Lazear y Agramonte para confirmar la teor\u00eda de Finlay. En una carta que escribiera a su esposa el 8 de septiembre, Lazear manifest\u00f3: &#8220;&#8230;Creo que estoy en la huella del germen real, pero nada debe decirse todav\u00eda, ni lo m\u00e1s m\u00ednimo. Yo no he hablado de esto con nadie&#8221;.<\/p>\n<p>El caso de Carroll no se consider\u00f3 experimental; se expuso a la picada del mosquito con el \u00fanico fin de alimentarlo con su sangre, pues \u00e9l nunca crey\u00f3 en la teor\u00eda de Finlay.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>LA MUERTE DE LAZEAR<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de obtener los resultados antes descritos con Carroll y el soldado Dean, Lazear continu\u00f3 sus investigaciones con mosquitos contaminados en su af\u00e1n de encontrar un germen causante de la fiebre amarilla, a la vez que hac\u00eda los preparativos necesarios para una nueva serie de inoculaciones con insectos &#8220;cargados&#8221;, pues se hab\u00eda percatado de que la soluci\u00f3n del enigma estaba en esos pasos.<\/p>\n<p>Usualmente al mediod\u00eda, se dedic\u00f3 a aplicar mosquitos a los enfermos de fiebre amarilla internados en el hospital Las Animas. El 13 de septiembre, mientras manten\u00eda un tubo de ensayo con un mosquito sobre el abdomen de un paciente, advirti\u00f3 c\u00f3mo otro mosquito que volaba en el local se pos\u00f3 en el dorso de su mano izquierda para llenarse con su sangre.<\/p>\n<p>Su primer intento fue espantarlo; pero como el insecto comenz\u00f3 a chupar antes de que \u00e9l lo hubiera evitado, decidi\u00f3 dejarlo llenarse para despu\u00e9s capturarlo y apresarlo en uno de los tubos de ensayo donde guardaba y transportaba sus ejemplares.<br \/>\nTampoco quer\u00eda moverse por temor a molestar al mosquito con el cual realizaba el experimento en ese momento; pero el otro que lo hab\u00eda picado vol\u00f3 y no pudo atraparlo. Cinco d\u00edas despu\u00e9s se manifestaron en \u00e9l los primeros s\u00edntomas de la fiebre amarilla; el 19 ingres\u00f3 en la tienda No. 118 de la sala reservada a las v\u00edctimas de la enfermedad y el 25 falleci\u00f3 a las 8:45 p.m.<\/p>\n<p><span style=\"text-decoration: underline\">EL CAMPAMENTO LAZEAR<\/span><\/p>\n<p>Consciente de que la comunidad cient\u00edfica exigir\u00eda m\u00e1s pruebas que las resultantes de los casos positivos de Carroll, Dean y Lazear, Reed solicit\u00f3 al General Leonard Wood, Gobernador General de Cuba, recursos para instalar una estaci\u00f3n experimental con el fin de realizar una serie de pruebas, antes orientadas por Lazear, para demostrar de manera irrefutable la veracidad de la teor\u00eda del mosquito como agente transmisor de la fiebre amarilla.<\/p>\n<p>El gobernador, quien tambi\u00e9n era m\u00e9dico, no s\u00f3lo accedi\u00f3 a la petici\u00f3n de Reed, sino apoy\u00f3 adem\u00e1s el proyecto con toda su autoridad. Inclusive estableci\u00f3 primas de 200 d\u00f3lares para todos los voluntarios sobrevivientes a los experimentos. En este sentido es justo hacer constar la actitud de los soldados John Richard Kissinger y John Joseph Moran, quienes hicieron rechazo del est\u00edmulo en met\u00e1lico y se ofrecieron a las pruebas s\u00f3lo bajo la condici\u00f3n de que se considerara su participaci\u00f3n en ellas como un inter\u00e9s personal de servir a la ciencia.<\/p>\n<p>Por recomendaci\u00f3n de Agramonte, Reed decidi\u00f3 ubicar la estaci\u00f3n experimental en la quinta San Jos\u00e9, del Colegio de Bel\u00e9n, Marianao, el mismo lugar donde Finlay hab\u00eda encontrado desde 1883 en los padres jesuitas a la mayor\u00eda de los voluntarios que se ofrecieron a sus experiencias.<\/p>\n<p>Este pedazo de tierra cubana, localizado en el barrio marianense de Pogolotti, se bautiz\u00f3 por Reed y sus compa\u00f1eros de la comisi\u00f3n que presid\u00eda con el nombre de campamento Lazear, en honor al h\u00e9roe desaparecido. All\u00ed fue donde se rubric\u00f3, con pruebas concluyentes para el mundo de la ciencia, que los trabajos de Finlay eran la mayor verdad cient\u00edfica se\u00f1alada hasta entonces.<br \/>\nEn el campamento, constituido por siete casas de campa\u00f1a militares, se prestaron a las pruebas 21 soldados. Seis miembros de las fuerzas estadounidenses y cuatro voluntarios espa\u00f1oles se dejaron picar por mosquitos infectados.<br \/>\nEllos fueron Levi Everett Folk, James Leonard Hanberry, John Richard Kissinger, John Joseph Moran, Clyde Llewellyn West, Charles Gustav Sonntag, Antonio Benigno, Nicanor Fern\u00e1ndez, Jos\u00e9 Mart\u00ednez y Vicente Presedo.<\/p>\n<p>El resto de los voluntarios se expusieron a otros experimentos. El primero que contrajo la fiebre amarilla fue Kissinger, despu\u00e9s de someterse a las picadas de cinco mosquitos infectados. A \u00e9l le siguieron otros soldados, quienes desarrollaron la enfermedad e igualmente sobrevivieron a ella.<\/p>\n<p>Los resultados de estos primeros experimentos no dejaron lugar para dudar que con las picadas del Culex mosquito se pod\u00edan reproducir a voluntad los ataques experimentales de fiebre amarilla. No obstante, la comisi\u00f3n de Reed quiso determinar si el mal pod\u00eda o no transmitirse por otros medios de contagio, a cuyo efecto comenz\u00f3 otros ensayos, que al final resultaron concluyentes.<\/p>\n<p>Para la realizaci\u00f3n de esta segunda parte de las pruebas, se construyeron dos peque\u00f1as casetas de madera de 14 x 20 pies con dos min\u00fasculas ventanas cada una.<\/p>\n<p>La primera de ellas se denomin\u00f3 &#8220;caseta No. 1 o de los f\u00f3mites&#8221;, y a la segunda se le dio el nombre de &#8220;caseta No. 2 o del mosquito infectado&#8221;. Los participantes en los ensayos realizados en la caseta No. 1 fueron el doctor Robert Page Cooke, Cirujano Jefe del cuerpo m\u00e9dico del ej\u00e9rcito, adem\u00e1s de los soldados Edward Weatherwalks, James Hildebrand, Thomas Marcus England, Warren Gadsen Jernegan, Folk y Hanberry; estos dos \u00faltimos tambi\u00e9n sometidos a las pruebas basadas en las picadas de los mosquitos.<\/p>\n<p>En la habitaci\u00f3n, donde se instal\u00f3 una estufa a temperatura tropical, se ubicaron tres catres y se introdujeron las sucias y mal olientes pertenencias (sobre todo ropa de uso personal y de cama) de las v\u00edctimas de la fiebre amarilla.<\/p>\n<p>Durante varios d\u00edas, tanto el doctor Cooke como los seis soldados que le acompa\u00f1aron en ese sofocante sal\u00f3n, colgaron en las paredes muchas de las repelentes prendas y trataron de dormir sobre las almohadas y s\u00e1banas embarradas de sangre y v\u00f3mitos de los enfermos. Con los est\u00f3magos revueltos, pero con sus esp\u00edritus firmes, estos voluntarios pasaron la prueba, sin que ninguno llegara a contraer la fiebre amarilla, simplemente porque no hab\u00eda mosquitos en la habitaci\u00f3n. As\u00ed se desestim\u00f3 la posibilidad de que los f\u00f3mites portaban la enfermedad y de paso se obtuvo otra prueba de lo desacertado de la teor\u00eda de Sanarelli.<\/p>\n<p>Por su parte, la caseta No. 2 se dividi\u00f3 en dos partes separadas por una tela met\u00e1lica fina. En un lado, el soldado Moran permaneci\u00f3 poco m\u00e1s de una hora acostado en un catre y con su cuerpo expuesto a las picadas de 15 mosquitos infectados, que volaban libres en el local. Su estancia all\u00ed tuvo por resultado que contrajera la enfermedad, mientras otros voluntarios que permanecieron varias horas al otro lado de la tela met\u00e1lica, donde no hab\u00eda mosquitos, se mantuvieron indemnes.<\/p>\n<p>Seguidas a estas pruebas incontrovertibles, se hicieron otras m\u00e1s, a las que se sometieron 12 voluntarios americanos y espa\u00f1oles. Estos fueron Wallace Wellington Forbes, John Newitt Andrus y William Olsen, adem\u00e1s de Jernegan, Folk, West, Hanberry, Sonntag, Benigno, Fern\u00e1ndez, Presedo y Mart\u00ednez, quienes hab\u00edan ya participado en experimentos anteriores en el campamento Lazear. Los cuatro primeros de esta relaci\u00f3n se prestaron a los trabajos experimentales de Carroll con el empleo de sangre total de fiebre amarilla, que luego les fue inyectada.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n de estas experiencias, Carroll hizo otras con suero fresco de sangre de casos de fiebre amarilla en los voluntarios Paul Hammann, A. W. Covington y John R. Bullard. Por \u00faltimo, realiz\u00f3 tambi\u00e9n la experiencia con sangre desfibrinada sin calentar de casos de fiebre amarilla en el voluntario Manuel Guti\u00e9rrez Mor\u00e1n. La sangre empleada para esto se obtuvo de los voluntarios espa\u00f1oles Pablo Ruiz Castillo y Jacinto M\u00e9ndez Alvarez.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Agramonte, los experimentos llevados a cabo en el campamento Lazear por la comisi\u00f3n presidida por Reed, confirmaron definitivamente los postulados de Finlay en relaci\u00f3n con el origen y el desarrollo de las epidemias de fiebre amarilla, sobre todo en lo referente a su manera de propagaci\u00f3n, a su per\u00edodo de incubaci\u00f3n y a su gravedad relativa. El propio Finlay elogi\u00f3 el trabajo de la comisi\u00f3n y afirm\u00f3 que \u00e9ste sirvi\u00f3 para corroborar y perfeccionar lo que \u00e9l llam\u00f3 su m\u00e9todo primitivo de inoculaciones preventivas. Tambi\u00e9n manifest\u00f3 que, gracias a las experiencias obtenidas a partir del 20 de noviembre de 1900 por los m\u00e9dicos y por el grupo de voluntarios participantes en las pruebas en la zona de la quinta San Jos\u00e9, se pudo confirmar en la pr\u00e1ctica que las ropas impregnadas en las excreciones o emanaciones de los enfermos son incapaces de llevar per se la infecci\u00f3n amarilla; y que la forma tan completa en que dichas pruebas fueron concebidas, permiti\u00f3 contar a partir de entonces con un procedimiento apto para conferir en breve plazo la inmunidad a toda persona dispuesta a pasar las molestias relativamente ligeras de un ataque experimental benigno.<\/p>\n<p>En realidad, los aportes m\u00e1s significativos de la comisi\u00f3n de Reed como resultado de sus estudios fueron, por una parte, la demostraci\u00f3n de la necesidad de un per\u00edodo m\u00ednimo de 12 d\u00edas para que el mosquito sea capaz de transmitir el germen infeccioso, despu\u00e9s de picar a un paciente de fiebre amarilla y, por otra parte, descubrir que el agente productor de la enfermedad es un virus filtrante, pues puede pasar a trav\u00e9s de filtros de porcelana, por donde no circulan las bacterias m\u00e1s peque\u00f1as.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ocurri\u00f3 con el campamento Lazear despu\u00e9s de terminados los experimentos hechos por la comisi\u00f3n?<\/p>\n<p>Esta estaci\u00f3n experimental, que funcion\u00f3 desde el 20 de noviembre de 1900 hasta el 7 de febrero de 1901, no se volvi\u00f3 a mencionar hasta despu\u00e9s de transcurridos 40 a\u00f1os. En octubre de 1940 el doctor Hench, quien fuera un entusiasta admirador de la obra de Finlay, particip\u00f3 en una funci\u00f3n p\u00fablica celebrada en honor a Lazear en el Washington Jefferson College.<\/p>\n<p>Durante esa actividad, donde se bautiz\u00f3 con el nombre del m\u00e1rtir de la ciencia al Departamento de Qu\u00edmica de esa instituci\u00f3n, contact\u00f3 con John J. Moran, el mismo soldado que en 1900 se hab\u00eda sometido a la picada de 15 mosquitos infectados en la caseta No. 2 del campamento Lazear, quien luego lo ayud\u00f3 a identificar el lugar.<\/p>\n<p>La b\u00fasqueda result\u00f3 en extremo dif\u00edcil, pues casi todas las personas que viv\u00edan cerca de la zona en los tiempos de los experimentos, o que hab\u00edan tomado parte en ese hist\u00f3rico episodio, hab\u00edan fallecido o estaban ausentes.<\/p>\n<p>Otra cuesti\u00f3n que dificult\u00f3 la pesquisa fue la err\u00f3nea confusi\u00f3n del campamento con las salas para la atenci\u00f3n de los pacientes con fiebre amarilla, ubicadas en la parte posterior del campamento de Columbia, donde se atend\u00edan los casos que desarrollaron la enfermedad durante el trabajo experimental.<br \/>\nCon la ayuda de Moran, los doctores Truby y Kean y la viuda del propietario del terreno alquilado por la comisi\u00f3n para llevar a cabo las pruebas, Hench logr\u00f3 ubicar el hist\u00f3rico lugar en abril de 1941. All\u00ed permanec\u00eda a\u00fan en pie la caseta No. 1, donde se hicieron las pruebas de la posible contagiosidad sin la participaci\u00f3n del mosquito.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s se supo que la caseta No. 2 fue destruida al paso de un hurac\u00e1n que azot\u00f3 a La Habana en 1926. A partir de entonces, Hench se preocup\u00f3 por restaurar la caseta y por hacer de aquel escenario un lugar hist\u00f3rico, para honrar a Finlay, a Lazear y a todos los hombres, cuyo esfuerzo y valent\u00eda hicieron posible la victoria definitiva sobre la fiebre amarilla.<\/p>\n<p><span style=\"text-decoration: underline\">UN MONUMENTO NACIONAL<\/span><\/p>\n<p>Desde que se instaur\u00f3 la efem\u00e9ride del 3 de diciembre, se han hecho tradicionales los actos de recordaci\u00f3n a la obra de Finlay en muchas naciones.<\/p>\n<p>Entre todas las actividades solemnes que anualmente se celebran en honor al sabio, sobresalen de modo particular las &#8220;Oraciones Finlay&#8221; que desde 1933 tienen lugar en la antigua Academia de Ciencias M\u00e9dicas, F\u00edsicas y Naturales de La Habana (hoy d\u00eda Museo de Historia de las Ciencias Carlos J. Finlay).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se ha reservado esta fecha para inaugurar centros cient\u00edficos, instituciones de salud, escuelas y otras instalaciones con su nombre.<\/p>\n<p>En el III Congreso Nacional de Historia de la Medicina, que tuvo lugar en septiembre de 1944 en la ciudad de Trinidad, el doctor Rodolfo P\u00e9rez de los Reyes propuso solicitar a la Junta Nacional de Arqueolog\u00eda y Etnolog\u00eda, hiciera gestiones a los efectos de declarar monumento nacional la caseta de madera ubicada en el barrio obrero de Redenci\u00f3n en Pogolotti, Marianao, donde la comisi\u00f3n presidida por Reed hizo parte de los trabajos que confirmaron la teor\u00eda y las experiencias de Finlay.<\/p>\n<p>La sugerencia prosper\u00f3, pues la Junta Nacional de Arqueolog\u00eda y Etnolog\u00eda hizo las diligencias necesarias en coordinaci\u00f3n con el Ministerio de Educaci\u00f3n hasta que, por el Decreto Presidencial No. 4363 del 3 de diciembre de 1947, se declar\u00f3 monumento nacional a la caseta No. 1. A tenor de este documento legal, la reliquia hist\u00f3rica qued\u00f3 bajo el amparo de los Ministerios de Salubridad y Asistencia Social y de Educaci\u00f3n, as\u00ed como de la Junta Nacional de Arqueolog\u00eda y Etnolog\u00eda, sin cuya autorizaci\u00f3n \u00e9sta no se pod\u00eda desplazar, modificar o destruir.<\/p>\n<p>El gobierno cubano destin\u00f3 adem\u00e1s la suma de 25 000 USD para que se llevaran a cabo la reparaci\u00f3n capital y la restauraci\u00f3n de la caseta y sus alrededores. La calidad de esta obra fue de tal magnitud, que la caseta mantuvo pr\u00e1cticamente las mismas caracter\u00edsticas de cuando se construy\u00f3 en 1900.<br \/>\nOtro 3 de diciembre, el de 1952, se inaugur\u00f3 un hermoso parque, en cuya \u00e1rea central se destacaba el hist\u00f3rico monumento. En el acto celebrado al efecto, el cual cont\u00f3 con la presencia del Ministro de Salubridad y Asistencia Social, del Alcalde de Marianao, del arquitecto Garc\u00eda Meit\u00edn, de C\u00e9sar Rodr\u00edguez Exp\u00f3sito, Historiador del Ministerio y de los doctores P\u00e9rez de los Reyes, Nogueira y Hench entre otras personalidades, se bautiz\u00f3 el lugar con el nombre de parque Lazear y se ratific\u00f3 el compromiso de preservarlo, por cuanto all\u00ed se resumen los esfuerzos de quienes, con Finlay a la cabeza, tuvieron la gloria de vencer a la fiebre amarilla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El campamento Lazear Por: DrC. Enrique Ram\u00f3n Beldarra\u00edn Chaple y Lic. Jos\u00e9 Antonio L\u00f3pez Espinosa. En el barrio Pogolotti, en el Municipio Marianao de la Habana, hay un peque\u00f1o parque pavimentado con un pared\u00f3n de piedras al fondo, donde se han colocado siete medallones de bronce con los rostros y los nombres de Carlos J. 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