{"id":346,"date":"2020-10-27T18:01:07","date_gmt":"2020-10-27T18:01:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/?page_id=346"},"modified":"2020-11-17T14:03:44","modified_gmt":"2020-11-17T14:03:44","slug":"oracion-finlay","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/oracion-finlay\/","title":{"rendered":"Oraci\u00f3n Finlay"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/files\/2020\/10\/Angel-Arturo-Aball\u00ed.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\" size-full wp-image-424 aligncenter\" src=\"http:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/files\/2020\/10\/Angel-Arturo-Aball\u00ed.jpg\" alt=\"Angel Arturo Aball\u00ed\" width=\"175\" height=\"209\" \/><\/a><\/p>\n<p>Oraci\u00f3n Finlay<\/p>\n<p>\u00c1ngel Arturo Aball\u00ed Arellano\u2020<\/p>\n<p>Se\u00f1or Presidente de la Academia,Se\u00f1ores Acad\u00e9micos,Se\u00f1oras y Se\u00f1ores:Al cumplir la honrosa misi\u00f3n que me ha confiado el Se\u00f1or Presidente de esta Academia, quiero declarar a aquellos que me escuchan, que la he aceptado por considerarla obligaci\u00f3n ineludible para los Miembros de esta augusta Sociedad y s\u00f3lo por un deber y como muestra de la disciplina que debe caracterizar a todos los que sienten el amor al progreso de la Ciencia en nuestro Pa\u00eds, nunca mejor que en el caso del doctor Carlos J. Finlay a quien pertenecen todos los honores, como el m\u00e1s grande de todos los cubanos, no solamente por el brillo excelso de su producci\u00f3n cient\u00edfica inigualable, que no sin raz\u00f3n se le llama el Pasteur de Am\u00e9rica, sino porque las aplicaciones pr\u00e1cticas de su descubrimiento, han hecho posible que las regiones tropicales de nuestra Am\u00e9rica recibieran los beneficios de las inmigraciones con cuyas energ\u00edas se han visto nacer la prosperidad que hoy disfrutan, pueblos y naciones; mientras la Humanidad libre ya del temor al fantasma del v\u00f3mito negro realiza tranquila y provechosa sus intercambios naturales sin un peligro evidente para las vidas de aquellos que arribaban a nuestras hospitalarias playas.<\/p>\n<p>Pero no quiero dejar de significar que al cumplir tama\u00f1a obligaci\u00f3n no he dejado de compenetrarme con la inmensa responsabilidad que significa el acto de esta noche; fecha del natalicio de este gran pr\u00f3cer de nuestra Patria, a quien brind\u00f3 cuna por su ventura la ciudad de Camag\u00fcey, el d\u00eda 3 de diciembre de 1833, donde sus padres extranjeros de procedencia, crearon el hogar que trajo a nuestra Patria d\u00edas de gloria jam\u00e1s sospechados.<\/p>\n<p>Y mi tribulaci\u00f3n de esta noche, que hab\u00e9is desde luego de comprender, es la lucha que emprende mi conciencia al pensar que desde hace diez a\u00f1os pr\u00f3ximamente, vienen ocupando la Tribuna de nuestras Sociedades Cient\u00edficas y de nuestra propia Universidad, hombres ilustres de condiciones excepcionales de talento y de cultura que han estudiado todos los puntos posibles de la vida de ese grande hombre, en una forma tal que ya va siendo dif\u00edcil darle un nuevo giro o una interpretaci\u00f3n propia, que no fuera mera repetici\u00f3n de lo que aqu\u00ed se haya dicho en otras noches como la de hoy; lo que me obliga antes que nada a declarar la insuficiencia de mi preparaci\u00f3n para este objeto y el error de mi designaci\u00f3n para expresar cuanto merece este gran cubano que a medida que pasa el tiempo resplandece m\u00e1s entre las estrellas que adornan el cielo de la Medicina Americana.<\/p>\n<p>Fueron los padres del doctor Carlos J. Finlay, Eduardo Finlay, escoc\u00e9s y Elisa de Barr\u00e9s, francesa, quienes aportaron los elementos constitutivos del car\u00e1cter de su hijo, que se revelaron en \u00e9l desde los primeros a\u00f1os de su vida de estudiante y durante su carrera de M\u00e9dico por la tendencia a un esp\u00edritu de aventuras; y la influencia materna fue decisiva en su educaci\u00f3n creando en \u00e9l la amable viveza de los franceses y el amor a la gloria que dominaron sus inclinaciones, conservando siempre la tenacidad y la correcci\u00f3n brit\u00e1nica.<\/p>\n<p>Recibi\u00f3 las primeras lecciones de su t\u00eda Ana; pasando a los once a\u00f1os a Francia donde continu\u00f3 sus estudios en el Havre hasta el a\u00f1o de 1846 en que habiendo adquirido una corea, que probablemente fue el inicio de esa dificultad de palabra que se le notara m\u00e1s tarde, tuvo necesidad de regresar a La Habana donde recibi\u00f3 tratamiento apropiado y residi\u00f3 en esta ciudad el tiempo necesario para reponerse y continuar los estudios que hab\u00eda suspendido en la gran naci\u00f3n francesa, complet\u00e1ndolos desde el a\u00f1o de 1848 hasta 1851 en que con motivo de otra nueva enfermedad, la fiebre tifoidea, tuvo necesidad de volver otra vez a Cuba.<\/p>\n<p>Queriendo seguir la carrera de Medicina estuvo gestionando su ingreso en la Universidad de La Habana, pero como se requer\u00eda para ello el t\u00edtulo de Bachiller, que no pose\u00eda, decidi\u00f3 hacer su ingreso en el Jefferson Medical College de Filadelfia, donde no se exig\u00edan tales requisitos, diplom\u00e1ndose en el a\u00f1o de 1855. All\u00ed recibi\u00f3 las ense\u00f1anzas del doctor John Kearsley Mitchel el primero que sostuvo la teor\u00eda parasitaria de las enfermedades en los Estados Unidos y del profesor Silas Weir Mitchel, hijo del anterior, que acababa de regresar de Par\u00eds donde hab\u00eda trabajado con Claude Bernard y quien result\u00f3 su preceptor y el que seguramente ejerci\u00f3 una gran influencia en el desarrollo de su inteligencia y de su genio, seg\u00fan el doctor Francisco Dom\u00ednguez Rold\u00e1n. El doctor Mitchel, hijo, profes\u00f3 una gran amistad hacia el doctor Finlay e insisti\u00f3 en que quedase en los Estados Unidos a ejercer su carrera, ya que la Ciudad de Nueva York esencialmente cosmopolita le ofrec\u00eda amplio campo para ejercerla entre espa\u00f1oles, cubanos y sud-americanos. Pero Finlay rehus\u00f3 y volvi\u00f3 a la ciudad de La Habana habiendo pasado la rev\u00e1lida de su t\u00edtulo en el a\u00f1o 1857 en nuestra Universidad.<\/p>\n<p>Nuestro biografiado parti\u00f3 para el Per\u00fa en busca de fortuna, estableci\u00e9ndose en la ciudad de Lima desde donde se dirigi\u00f3 a Par\u00eds en los a\u00f1os de 1860 a 1861 para realizar estudios complementarios, frecuentando las principales Cl\u00ednicas y poni\u00e9ndose en contacto con los grandes Maestros de la Medicina de esa \u00e9poca.<\/p>\n<p>Vuelve a La Habana en definitiva en octubre 16 de 1865 para casarse con la Srta. Adelaida Shine, originaria de la Isla de Trinidad, esposa ejemplar que comparti\u00f3 con \u00e9l sus trabajos, sus sufrimientos y sus \u00e9xitos sosteniendo su esp\u00edritu de por s\u00ed tenaz en todos los momentos y apoy\u00e1ndolo con su bondad exquisita, su ternura sin l\u00edmites y su gran cultura; creando un hogar ejemplar del que nacieron tres hijos, uno de ellos nuestro querido profesor de Oftalmolog\u00eda de la Universidad de La Habana, el doctor Carlos E. Finlay, con cuya amistad nos hemos sentido honrados desde los tiempos en que fuimos su ayudante en los servicios de enfermedades de los ojos del hospital &#8220;Nuestra Se\u00f1ora de las Mercedes.&#8221;<\/p>\n<p>Si el doctor Finlay se hubiese ocupado \u00fanicamente del problema de la fiebre amarilla no se hubiese revelado en sus aptitudes extraordinarias que una cultura dif\u00edcil de igualar hab\u00edan hecho posible y que se demuestran por el polifacetismo de su actuaci\u00f3n cient\u00edfica que observamos al estudiar los importantes trabajos que \u00e9l ha realizado y de las que han sido testigo m\u00e1s de una vez los concurrentes a esta Academia en cuyos salones y pudiera decirse que en casi todas sus sesiones cient\u00edficas se escucharan sus trabajos o sus observaciones sobre los problemas que se suscitaran. No sabemos si admirar m\u00e1s los estudios realizados en el seno de la Bacteriolog\u00eda que cultivase como los de F\u00edsica, de Qu\u00edmica, como de problemas t\u00e9cnicos relativos a ciertas industrias de nuestro Pa\u00eds, como los de Higiene P\u00fablica en relaci\u00f3n con otras enfermedades como la lepra, el c\u00f3lera, el t\u00e9tanos, as\u00ed como sus estudios cl\u00ednicos tan brillantemente expuestos en la Oraci\u00f3n de 1942 por nuestro compa\u00f1ero y amigo el doctor Clemente Incl\u00e1n, as\u00ed como tambi\u00e9n sus excursiones en problemas terap\u00e9uticos y en aquellos de Parasitolog\u00eda como sus estudios sobre triquinosis, sobre la filaria y sobre la taenia, interes\u00e1ndose tambi\u00e9n particularmente en trabajos de lo que constituy\u00f3 especialidad dentro de su carrera la Oftalmolog\u00eda, que profes\u00f3 en nuestra ciudad durante una serie de a\u00f1os, hasta su orientaci\u00f3n definitiva en los problemas sanitarios que vemos que desarrolla desde el advenimiento de nuestra Rep\u00fablica, en que desempe\u00f1\u00f3 la Jefatura de nuestra Sanidad, sustituyendo al doctor Gorgas que marchara hacia Panam\u00e1, donde se hiciese cargo del problema sanitario, que culmin\u00f3 aplicando las doctrinas de Finlay, en la posibilidad de la construcci\u00f3n del gran Canal que ha hecho factible el eterno abrazo de los mares que ba\u00f1an el Continente Americano, abriendo as\u00ed sus mayores posibilidades a las Am\u00e9ricas en sus intercambios de orden comercial y a la acci\u00f3n pol\u00edtica que se ha ejercido para con los pueblos del Caribe y del inmenso Pac\u00edfico.<\/p>\n<p>En una de las m\u00e1s hermosas de las conferencias que hemos escuchado en esta Academia y que se dict\u00f3 el 3 de diciembre de 1937 por el doctor Federico Grande Rossi, en la que no sabemos si admirar m\u00e1s su intensa erudici\u00f3n en los problemas de la fiebre amarilla, o la belleza literaria de su brillante exposici\u00f3n, o si la sinceridad o la honradez de su hermosa rectificaci\u00f3n que pregona ya &#8220;que habiendo pertenecido a la generaci\u00f3n de m\u00e9dicos en cuyo seno emiti\u00f3 Finlay sus ideas y que despectivamente consideraron la magna teor\u00eda y los radiantes hechos de la practica de esta liberaci\u00f3n sanitaria de Cuba, porque no las entendimos&#8221; considerando esto el motivo de una deuda de honor, que con aquella su elevada oraci\u00f3n sald\u00f3 seguramente, en la forma m\u00e1s noble y digna en que pod\u00eda realizarse y como dijo rememorando en su escrito ideas del sabio fisi\u00f3logo franc\u00e9s Charles Richet de su libro El sabio; &#8220;Burlaos de los sabios; algunas veces es justo. Pero tras ellos existe la verdad, la Diosa soberana y todo poderosa que hiela de terror a los burlones.&#8221;<\/p>\n<p>En tan memorable ocasi\u00f3n el doctor Grande Rossi divide la historia de la fiebre amarilla en tres \u00e9pocas comprendida entre dos descubrimientos, corolario el segundo del primero: \u00e9poca antigua: desde la conquista hasta el 14 de agosto de 1881 fecha en que Finlay dio lectura en esta Academia a su monumental trabajo &#8220;El mosquito hipot\u00e9ticamente considerado como agente de transmisi\u00f3n de la fiebre amarilla&#8221;** \u00c9poca moderna: desde esa memorable fecha hasta la del descubrimiento de la &#8220;fiebre amarilla selv\u00e1tica&#8221; en la Am\u00e9rica del Sur en 1932, y \u00e9poca contempor\u00e1nea desde que fueron iniciadas las investigaciones en torno a esa modalidad epidemiol\u00f3gica de la fiebre amarilla hasta la fecha presente.<\/p>\n<p>Es curioso que en un per\u00edodo de m\u00e1s de 389 a\u00f1os la fiebre amarilla, no obstante constituir un problema que cre\u00f3 tanto obst\u00e1culo a la colonizaci\u00f3n, no pudiera ser de una manera absoluta evidenciada en su origen si americano o africano; esto es si exist\u00eda entre nosotros desde antes de la arribada a la Am\u00e9rica de Col\u00f3n o si ella fue importada m\u00e1s tarde del \u00c1frica con motivo de las expediciones de esclavos de las que no se conoce la fecha exacta, al menos de la primera expedici\u00f3n, que seg\u00fan nuestro historiador el doctor Fernando Ort\u00edz empezaron a ra\u00edz misma de la conquista, opinando algunos que en los a\u00f1os de 1511 \u00f3 1512 fecha de la expedici\u00f3n de Diego Vel\u00e1squez fueron tra\u00eddos esclavos negros a Cuba como resultado de la proposici\u00f3n que la Orden de Predicadores hab\u00eda dictado como medida para aliviar el martirio de los indios, que como dice Grande Rossi seguramente que lo que hizo fue duplicar la desgracia. Siendo ya desde ese a\u00f1o 1511 reglamentada la inmigraci\u00f3n esclava negra pues de los datos obtenidos en este aspecto ya se imped\u00eda la inmigraci\u00f3n de esclavos moros y se favorec\u00eda la de esclavos negros siempre que fueran nacidos en pa\u00eds no cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de nuestro pa\u00eds ya en 1518 exist\u00edan esclavos, porque de aqu\u00ed los llev\u00f3 consigo Hern\u00e1n Cort\u00e9s a la conquista de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Finlay supone que la fiebre amarilla es originaria de Am\u00e9rica deducida de los estudios realizados desde los trabajos de Pons que demuestran que desde 1495 ya aparecieron datos de plagas epid\u00e9micas, no conocidas hasta entonces, que diezmaban o se cebaban en cuantos el deber, la ambici\u00f3n o el estudio obligaban a cruzar el Atl\u00e1ntico sin que nadie encontrase similitud entre ellas y otras afecciones previamente conocidas.<\/p>\n<p>Durante la permanencia de Col\u00f3n en las Antillas desde el 10 de octubre de 1492 hasta enero de 1493 no ocurrieron enfermedades ni defunciones en los 90 hombres que le acompa\u00f1aban; pero ya en los a\u00f1os de 1495 y 96 se cita una epidemia americana que llen\u00f3 de espanto por su mortalidad exagerada, que arras\u00f3 con la tercera parte de la poblaci\u00f3n de espa\u00f1oles e indios en la Isla Espa\u00f1ola, y que probablemente motiv\u00f3 el que se facilitara a los penados de los Presidios y C\u00e1rceles de Espa\u00f1a la libertad con la obligaci\u00f3n de trasladarse a Cuba.<\/p>\n<p>Es probable que esta enfermedad fuera conocida por los caribes que habitaban las costas de Colombia y Venezuela cuyos instintos guerreros les hac\u00edan realizar excursiones por el Mar Caribe a las islas Dominica, Guadalupe, Puerto Rico y la parte Este de la Espa\u00f1ola donde la llamaban Pouliccatina y que en las costas de Yucat\u00e1n los mexicanos la llamaban Cocolitzle.<\/p>\n<p>El doctor Crescencio Carrillo y Ancona, Obispo de Yucat\u00e1n, en carta que remite al doctor Carlos Finlay (Historia Primitiva de la Fiebre Amarilla, p\u00e1g.18) refiere que antes de la epidemia sufrida por los espa\u00f1oles a ra\u00edz del descubrimiento de Yucat\u00e1n en 1517, hab\u00edan existido que se conociesen tres epidemias anteriores, entre los colonizadores que las conocieron con los nombres de &#8220;modorra&#8221;, de &#8220;peste&#8221;, &#8220;pestilencia&#8221; y &#8220;contagio&#8221;, que conservaron hasta el Siglo XVII. La primera obra sobre el v\u00f3mito negro aparece en el Siglo xviii y fue escrita por el doctor Jos\u00e9 Galbuondo, m\u00e9dico de la Marina Espa\u00f1ola. Parece que la primera aparici\u00f3n en Cuba de esta terrible dolencia lo fue en la primavera de 1649 arrasando con gran n\u00famero de los colonos, afecci\u00f3n que parec\u00eda haberla tambi\u00e9n sufrido las Antillas Francesas en 1649.<\/p>\n<p>Berenguer Ferreaut atribuye tambi\u00e9n a la Am\u00e9rica el origen de la fiebre amarilla aunque otros como Pyrre tienden a probar su origen africano. Y la comprobaci\u00f3n de focos epid\u00e9micos de punto de partida en los end\u00e9micos de Sierra Leona y La Gambia hace suponer la probabilidad de un origen africano.<\/p>\n<p>Uno de los argumentos m\u00e1s interesantes para reforzar la idea de Finlay en este aspecto es que antes de la conquista de Am\u00e9rica los europeos frecuentaban las tres grandes costas africanas sin que, sin embargo, se mencionen de aquellas \u00e9pocas ninguna enfermedad que pueda ser referida a la fiebre amarilla. Sin embargo, en la actualidad, se afirma y ha quedado demostrado por nuestro investigador el profesor Hoffmann por su m\u00e9todo bien conocido de investigaci\u00f3n histol\u00f3gica sobre muestras de h\u00edgado procedentes de regiones africanas que la fiebre amarilla existe en forma end\u00e9mica en ese Continente, lo mismo que ha sido tambi\u00e9n comprobado por el mismo m\u00e9todo y por el mismo autor en distintos lugares selv\u00e1ticos de la Am\u00e9rica del Sur.<\/p>\n<p>El trascendental descubrimiento de Finlay fue expuesto con todos sus detalles en 14 de agosto del a\u00f1o 1881 ante la Academia de Ciencias M\u00e9dicas de La Habana, trabajo que deb\u00eda inmortalizarlo y que modestamente el titul\u00f3 &#8220;El mosquito hipot\u00e9ticamente considerado como agente de transmisi\u00f3n de la fiebre amarilla.&#8221; Cuando Finlay ley\u00f3 ese trabajo en la Academia de Medicina de La Habana ya hac\u00eda un a\u00f1o y nueve meses que hab\u00eda comenzado sus investigaciones para comprobar el agente de transmisi\u00f3n de la fiebre amarilla y justamente seis meses despu\u00e9s de su primera exposici\u00f3n a la Conferencia Sanitaria Internacional de Washington.<\/p>\n<p>Obra cient\u00edfica de inestimable valor y en que quedan f\u00e1cilmente expuestos el conocimiento profundo que pose\u00eda de cuanto se refer\u00eda al mosquito, a la epidemiolog\u00eda de la fiebre amarilla, resolviendo cuantas dificultades pudieran existir. Su doctrina enunciada en ese d\u00eda puede ser repetida en este instante como la verdad, que s\u00f3lo tuvo la Comisi\u00f3n Americana que comprobar con sus experimentos facilitados por el clima cient\u00edfico que prevalec\u00eda en el a\u00f1o de 1900 a 1901, en que se instalase en el campamento que recibi\u00f3 el nombre de Lazear.<\/p>\n<p>Estos principios a que hacemos referencia son las tres condiciones necesarias para que la fiebre amarilla se propague y que copiamos inmediatamente: 1\u00ba) Existencia de un enfermo de fiebre amarilla en los capilares del cual el mosquito pueda hundir su aguij\u00f3n para impregnarse en las part\u00edculas vivas en un per\u00edodo adecuado de la enfermedad; 2\u00ba) Prolongaci\u00f3n de la vida del mosquito entre la picadura hecha al enfermo y la que debe reproducir la enfermedad; 3\u00ba) Coincidencia que sea un sujeto apto a contraer la enfermedad uno de los que pique despu\u00e9s el mosquito.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en esa misma comunicaci\u00f3n quedaba demostrado que se trataba de una variedad especial de mosquito que en esos momentos se llamase el Culex, mosquito que fuese despu\u00e9s designado con el nombre de Stegomyia calopus o Stegomyia fasciata, y \u00faltimamente con el de A\u00ebdes aegypti con el que actualmente le conocemos.<\/p>\n<p>No obstante todo lo que significaba este trabajo a que hemos hecho referencia presentado ante esta Academia, no se hall\u00f3 acogida en el seno de la misma para esta gran idea y se tom\u00f3 el acuerdo de que ese trabajo quedara sobre la mesa, no habiendo sido ni siquiera discutido, acuerdo que significaba la condenaci\u00f3n al olvido y as\u00ed fue como Finlay creyente de estos principios por \u00e9l emitidos, presionado por la indiferencia y la cr\u00edtica de los que le rodeaban, continu\u00f3 sus pesquisas con fe inquebrantable, con entusiasmo cada vez m\u00e1s doblado, con energ\u00eda indomable y autorizado por las experiencias por \u00e9l realizadas de transmisi\u00f3n de la enfermedad y que practicara en varios voluntarios en la Casa de Salud de Garcini, utilizando para ello mosquitos previamente alimentados con sangre de enfermos en per\u00edodo de estado y haci\u00e9ndose \u00e9l mismo picar por un Culex infectado que por suerte no hubo de producirse ning\u00fan trastorno. Estos estudios culminaron en su escrito &#8220;La Patogenia de la Fiebre Amarilla\u00bb y las comunicaciones de los a\u00f1o 1882, 1883 y 1884 hechas a la Sociedad de Estudios Cl\u00ednicos de La Habana, en que queda terminantemente establecido: que el mejor medio de profilaxis de la enfermedad era el preservar a los enfermos atacados de ella contra las picadas de los mosquitos pues de esta manera se evitaba la propagaci\u00f3n de la misma.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de estos trabajos y los que en el orden bacteriol\u00f3gico le hicieron primero suponer y despu\u00e9s abandonar la idea de un germen productor de la enfermedad que denominaron \u00e9l y Claudio Delgado, su colaborador, Tetr\u00e1genos febris flavus y los hechos coincidentes con las doctrinas bacteriol\u00f3gicas que desarrollara despu\u00e9s el Profesor Sanarelli, con su Bacilus-icteroides concepci\u00f3n aprobada por la primera Comisi\u00f3n Americana de Fiebre Amarilla designada por el doctor Wyman y que prevaleci\u00f3 durante unos cuantos a\u00f1os hasta que otra Comisi\u00f3n que designara el doctor Sternberg, en sustituci\u00f3n de la anterior diera al traste con todo el edificio del germen aislado por Sanarelli cuya teor\u00eda qued\u00f3 en completa derrota un mes despu\u00e9s de haber sido proclamada como definitiva. Esta segunda Comisi\u00f3n Americana compuesta por los doctores Walter Reed, James Carroll, Jesse W. Lazear y Ar\u00edstides Agramonte se decidi\u00f3 a estudiar la teor\u00eda de Finlay dormida durante m\u00e1s de 19 a\u00f1os y es entonces que se realizan las experiencias en este campo Lazear que vinieron a culminar en la comprobaci\u00f3n de los trabajos del doctor Finlay y a la realizaci\u00f3n por el doctor Gorgas entonces Jefe de Sanidad Militar de Cuba de la erradicaci\u00f3n de la fiebre amarilla de la ciudad de La Habana y m\u00e1s tarde de toda la Isla de Cuba por la aplicaci\u00f3n de estos principios quedando cimentado todos aquellos que tan brillantemente fueron expuestos en aquella noche del 14 de agosto de 1881.<\/p>\n<p>Pero se\u00f1ores era demasiado grande la obra realizada y aunque a la Comisi\u00f3n Americana pertenece la comprobaci\u00f3n de que el germen de la fiebre amarilla era seguramente un virus filtrable, como hoy se estima despu\u00e9s de las brillantes comprobaciones de orden experimental obtenidas por la transmisi\u00f3n al mono, por las pruebas de protecci\u00f3n al rat\u00f3n, como de los hechos mismos de la vacunaci\u00f3n con material atenuado procedente de emulsiones viscerales y la comprobaci\u00f3n en 1930 por Thyler del virus neurotropo que permiti\u00f3 las important\u00edsimas adquisiciones de un nuevo tipo de vacunaci\u00f3n intentada en 1931, as\u00ed como la de otros diferentes autores que no han hecho m\u00e1s que confirmar el concepto actual que de esa enfermedad se tiene una de las tantas producidas por virus filtrables. No obstante tiene que sufrir el sabio Finlay, el hombre m\u00e1s grande que ha producido nuestra Patria en el campo de la Ciencia, los embates de hombres que olvidaban en un momento dado el culto que deb\u00edan a la verdad, y en sus informes esa misma Comisi\u00f3n a quien Finlay le entregara a su llegada el mosquito que era el propagador de la enfermedad y los huevos del mismo fecundados para producir los que fueron utilizados por la Comisi\u00f3n misma en sus pruebas experimentales, as\u00ed como tambi\u00e9n el fruto de su trabajo de tantos a\u00f1os en el orden de esas experimentaciones, que ellos principiaran, ni siquiera citaron en sus informes su nombre, hacen m\u00e1s tarde una campa\u00f1a que solo la envidia podr\u00eda estimular bas\u00e1ndose en hechos de falsedad cient\u00edfica perfectamente demostrada, ansiosa de quitarle lustre a quien tanto mereciera y deseosa en \u00faltimo t\u00e9rmino de apropiarse de lo que jam\u00e1s le perteneciera que solo ha falta de justicia y de noble reconocimiento a que estaban obligados por la modestia y sinceridad que Finlay les demostrara, hicieron relucir los nombres de Beauperty y Notch como sostenedores con antelaci\u00f3n de ideas similares, a las del ilustre cubano tratando de carcomer el pedestal en que ya por propio m\u00e9rito se hubiera colocado, el nombre de Carlos J. Finlay.<\/p>\n<p>La protesta y gestiones extraordinarias, memorables siempre de su grande amigo, de Finlay, el doctor Francisco Dom\u00ednguez Rold\u00e1n, profesor que fue de nuestra Universidad y que en el d\u00eda solemne del cumplimiento del centenario del nacimiento del gran Finlay y ante la Academia de Medicina de Par\u00eds presenta en su obra todos los datos comprobatorios de esa falsedad y hace reconocer en hermosa apoteosis el papel representado ante la Ciencia y como Benefactor de la Humanidad del m\u00e9dico modesto que se llamara Carlos J. Finlay.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda se pronunciaron los discursos m\u00e1s hermosos que pudieran escucharse y entre ellos el de uno de los miembros de la Comisi\u00f3n Francesa de la Fiebre Amarilla que hiciese sus trabajos en Sur-Am\u00e9rica el doctor Marchoux quien al reconocer toda la Justicia que cab\u00eda para Finlay en la resoluci\u00f3n del problema de la fiebre amarilla, proclama tambi\u00e9n el efecto saludable que le causa la actuaci\u00f3n del doctor Dom\u00ednguez y el valor que tiene en la vida de un hombre el poder haber adquirido una de esas amistades que en forma tesonera mantuviese cuanto de verdad pretend\u00edan arrebat\u00e1rsele y con una intensidad y br\u00edos nunca igualados, fraguasen para Finlay el pedestal de su gloria, que desde ese instante, por sus propagandas y sus gestiones ha culminado en el reconocimiento del error que encierra una inscripci\u00f3n que apareciera bajo el busto de uno de los consagrados en la investigaci\u00f3n del problema amarillo, y que seg\u00fan se dice ha sido noblemente rectificada para est\u00edmulo de los que ofrendan su vida y sus esfuerzos a librar al g\u00e9nero humano de esos azotes como el de la fiebre amarilla, que tanto hijo arrebat\u00f3 a las madres europeas y americanas, y que tanto dolor causara a\u00fan en el seno de hogares cubanos cuya verdad cient\u00edfica arrancada por nuestro ilustre compatriota ha hecho posible la entrada m\u00e1s amplia de la civilizaci\u00f3n en el tr\u00f3pico y ha permitido el desenvolvimiento de m\u00e1s de un pueblo por la desaparici\u00f3n de tan terrible azote.<\/p>\n<p>Honor se\u00f1ores demando, para tan grande hombre de Ciencias, probado como nadie en el infortunio de la incomprensi\u00f3n, hombre de constancia y laboriosidad insuperables, de fe firmemente arraigada, amante de la Verdad que proclamara sin ambages y dotado de condiciones morales y de car\u00e1cter que parec\u00edan creados para su noble prop\u00f3sito, que llegado a la tierra cual nuevo Mes\u00edas, para los que la corona de laureles que el Mundo finalmente les brinda, simula en sus sienes, aquella que la Humanidad cruel colocase en las del M\u00e1rtir del G\u00f3lgota.<\/p>\n<p>Bendito sea tambi\u00e9n su excelso nombre.<\/p>\n<p>*Le\u00edda en la sesi\u00f3n solemne de la Academia de Ciencias M\u00e9dicas, F\u00edsicas y Naturales de La Habana del 3 de diciembre de 1943. Tomado de: Cuadernos de Historia de la Salud P\u00fablica. No. 93. Ciudad de La Habana ene-jun 2003.<\/p>\n<p>**En la sesi\u00f3n p\u00fablica ordinaria del 14 de agosto de 1881, Finlay establece:<\/p>\n<ol>\n<li>Que la hembra del mosquito solamente pica y chupa sangre para la evoluci\u00f3n de la aovaci\u00f3n.<\/li>\n<li>Describe el aparato de que esta dotada la hembra para picar y chupar.<\/li>\n<li>Que prefiere a los individuos de las razas del Norte (no inmunes).<\/li>\n<li>Que el mosquito hembra extrae la sangre del individuo enfermo, y que al picar inyecta en la sangre del individuo no inmune la infecci\u00f3n.<\/li>\n<li>Con picadas de mosquito inocul\u00f3 a cuatro personas y que en tres de las cuales se desarroll\u00f3 la fiebre amarilla.<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Oraci\u00f3n Finlay \u00c1ngel Arturo Aball\u00ed Arellano\u2020 Se\u00f1or Presidente de la Academia,Se\u00f1ores Acad\u00e9micos,Se\u00f1oras y Se\u00f1ores:Al cumplir la honrosa misi\u00f3n que me ha confiado el Se\u00f1or Presidente de esta Academia, quiero declarar a aquellos que me escuchan, que la he aceptado por considerarla obligaci\u00f3n ineludible para los Miembros de esta augusta Sociedad y s\u00f3lo por un deber [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":218,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":3,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"monocolumn.php","meta":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/346"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/wp-json\/wp\/v2\/users\/218"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=346"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/346\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":426,"href":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/346\/revisions\/426"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=346"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}