{"id":478,"date":"2020-11-03T21:33:03","date_gmt":"2020-11-03T21:33:03","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/?page_id=478"},"modified":"2020-11-17T14:04:39","modified_gmt":"2020-11-17T14:04:39","slug":"dia-de-la-medicina-2","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/homenajes\/dia-de-la-medicina-2\/","title":{"rendered":"D\u00eda de la Medicina"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><a href=\"http:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/files\/2020\/10\/D\u00eda-de-la-Medicina-Latinoamericana.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-427\" src=\"http:\/\/blogs.sld.cu\/carlosjfinlay\/files\/2020\/10\/D\u00eda-de-la-Medicina-Latinoamericana.jpg\" alt=\"D\u00eda de la Medicina Latinoamericana\" width=\"190\" height=\"265\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Finlay y el d\u00eda de la Medicina Americana<\/strong><\/p>\n<p>Si Am\u00e9rica fijara un d\u00eda para rememorar la grandeza de su medicina, para festejar la gloria de sus descubrimientos cient\u00edficos, ese d\u00eda debiera ser, sin duda alguna, el <strong>3 de diciembre<\/strong>.<\/p>\n<p>Las religiones conmemoran el natalicio de sus profetas; la ciencia debe celebrar el nacimiento de sus maestros. De la genial constelaci\u00f3n americana, Finlay es el refulgente sol, y el 3 de diciembre de 1833 respir\u00f3 por vez primera, en el legendario Camag\u00fcey, el h\u00e1lito del v\u00f3mito negro; la fat\u00eddica fiebre amarilla, que arrasaba las vidas de los hombres como la tormenta las espigas del trigal.<\/p>\n<p>Media centuria despu\u00e9s lanzaba a la faz del mundo su magistral teor\u00eda <strong>&#8220;El mosquito considerado como agente de transmisi\u00f3n de la fiebre amarilla&#8221;<\/strong> en la memorable sesi\u00f3n que la Academia de Ciencias M\u00e9dicas, F\u00edsicas y Naturales de La Habana celebrara en 14 de agosto de 1881. \u00a1Fecha trascendental! Ese d\u00eda no s\u00f3lo vislumbr\u00f3 brillantes horizontes la medicina tropical, sino que marc\u00f3 nuevos derroteros a la pol\u00edtica americana. \u00a1Quiz\u00e1 Finlay, sin presumirlo, uni\u00f3 las aguas del Pac\u00edfico y del Atl\u00e1ntico!&#8230;<\/p>\n<p>Finlay no fue el emp\u00edrico emitiendo una teor\u00eda m\u00e1s menos ingeniosa, un postulado con cierta originalidad. Finlay genial, sabio, clarividente, fue creador de una doctrina, de un verdadero sistema que ten\u00eda que culminar en un resonante triunfo, porque su edificaci\u00f3n estaba s\u00f3lidamente cimentada en los fundamentos de la observaci\u00f3n y de la experiencia.<\/p>\n<p>Cuando Finlay lanz\u00f3 su teor\u00eda recibi\u00f3 como respuesta la burlona sonrisa de la incredulidad y los dardos ponzo\u00f1osos de la envidia. Mas el hombre del mosquito como le llamaban ir\u00f3nicamente, humilde y llano como la tierra que lo vio nacer, ten\u00eda una constancia digna de un benedictino y, haciendo caso omiso de las burlas que a diario recibiera, persever\u00f3 hora tras hora, hasta lograr en el transcurso de los a\u00f1os ver demostrada su teor\u00eda, aceptada su doctrina y su nombre merecidamente en el pin\u00e1culo de la gloria, porque &#8220;los nombres de los sabios que son fama de la vida, se graban en los \u00e1mbitos del cielo con buril de diamantes.&#8221;<\/p>\n<p>Ya no re\u00edan los incr\u00e9dulos. Convencidos, respetaban y admiraban al Maestro. Quedaron los detractores, sin embargo, laborando arteramente para disminuir los astrales resplandores del m\u00e9dico cubano. Los celos cient\u00edficos crecen, se arraigan y &#8220;cuando un hombre se levanta sobre todos los hombres de su \u00e9poca -usando las frases vibrantes de Chao- van tras \u00e9l los esp\u00edritus mezquinos como suben tras el sol del invierno los vapores de la tierra misma que ilumina, a empa\u00f1ar su brillantez.&#8221;<\/p>\n<p>Los a\u00f1os han pasado. Han disminuido los intereses que impulsaban pasiones. El juicio sereno y la cr\u00edtica severa han hecho que el sol del finlaismo brille en todo su esplendor. <strong>Finlay es la figura m\u00e1s sobresaliente de la medicina americana.<\/strong><\/p>\n<p>Su memoria debe ser venerada no s\u00f3lo por nosotros, sino por todos los habitantes del \u00faltimo rinc\u00f3n del Universo, y su efigie en gran\u00edticos caracteres lapidada en el monumento de la historia; pues gracias a los laboriosos trabajos de aquel virtuoso anciano, la humanidad puede evitar el terrible flagelo del v\u00f3mito negro; la t\u00e9trica fiebre de Siam, a la que los pueblos, inermes para combatirla, rend\u00edan constante y mort\u00edfero tributo.<\/p>\n<p>Repetimos, pues, que si en Am\u00e9rica se fijara un d\u00eda para conmemorar sus descubrimientos cient\u00edficos, por unanimidad, debiera elegir el 3 de diciembre, y entonces el pr\u00f3ximo 1933 ser\u00eda el centenario del nacimiento de Finlay y el nacimiento del D\u00eda de la Medicina Americana.<\/p>\n<p>Horacio Abascal<\/p>\n<p>Fuente:<br \/>\nAbascal H. Finlay y el D\u00eda de la Medicina Americana [editorial]. Cron Med Quir Habana 1932;58(11):443-444.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Finlay y el d\u00eda de la Medicina Americana Si Am\u00e9rica fijara un d\u00eda para rememorar la grandeza de su medicina, para festejar la gloria de sus descubrimientos cient\u00edficos, ese d\u00eda debiera ser, sin duda alguna, el 3 de diciembre. 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