{"id":1556,"date":"2012-05-28T14:27:09","date_gmt":"2012-05-28T19:27:09","guid":{"rendered":"http:\/\/blogviejo.sld.cu\/inorbib\/?p=1556"},"modified":"2012-05-28T14:27:09","modified_gmt":"2012-05-28T19:27:09","slug":"breve-historia-del-cancer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.sld.cu\/inorbib\/2012\/05\/28\/breve-historia-del-cancer\/","title":{"rendered":"Breve historia del cancer"},"content":{"rendered":"<p>Continuaci\u00f3n.<br \/>\nLA NUEVA GUERRA AMERICANA <\/p>\n<p>Claro que la lucha qu\u00edmica ten\u00eda su contracara tan salvaje como la quir\u00fargica. Con el avance de la quimioterapia, el l\u00edmite entre lo que cura y lo que mata se fue volviendo cada vez m\u00e1s difuso. Sin idea de pacientes con derechos, las personas parec\u00edan muchas veces las meras portadoras de su ac\u00e9rrimo enemigo. Muertos por infecciones, por nuevos c\u00e1nceres, por n\u00e1useas feroces que derribaban a las personas como patadas en el est\u00f3mago, la idea de que cualquier cosa parec\u00eda mejor que morir de c\u00e1ncer era llevada al extremo. La f\u00f3rmula cargaba con la convicci\u00f3n de que si se salvaba una vida mejor, pero lo importante era salvar a la humanidad. La presi\u00f3n estaba puesta sobre todos: pol\u00edticos, m\u00e9dicos y pacientes. As\u00ed, una vez m\u00e1s el c\u00e1ncer dejaba de ser un murmullo y saltaba con vehemencia a las tapas de los diarios, volvi\u00e9ndose La Enfermedad de la \u00e9poca.<!--more--> La Gran Bomba \u2013escribi\u00f3 una columnista del The New York Times\u2013 era reemplazada por La Gran C. En 1969 la revista Time sacaba un art\u00edculo instando al presidente: \u201cSe\u00f1or Nixon: usted puede curar el c\u00e1ncer\u201d. S\u00f3lo faltaba voluntad y, siempre, m\u00e1s dinero; despu\u00e9s de todo, parec\u00eda mucho m\u00e1s abordable que el fin de la guerra de Vietnam. Adem\u00e1s, si el hombre pod\u00eda llegar a la Luna, no pod\u00eda ser tan complejo llegar a la gran cura universal (dominar el espacio interior as\u00ed como hab\u00edan hecho con el exterior): \u201cLas guerras demandan una definici\u00f3n clara del enemigo. De modo que el c\u00e1ncer, una enfermedad polimorfa de colosal diversidad, se reformul\u00f3 como una entidad monol\u00edtica. Era una enfermedad\u201d. O m\u00e1s bien, La Enfermedad.<br \/>\nAhora, si bien hab\u00eda ciertos avances en los tratamientos, nada \u2013o casi nada\u2013 se sab\u00eda todav\u00eda del c\u00e1ncer en s\u00ed. \u00bfQu\u00e9 lo generaba exactamente? \u00bfPor qu\u00e9 su comportamiento era tan an\u00e1rquico, tan feroz? La idea de indagar en la causa era igual de importante para la cura como para la posibilidad de prevenci\u00f3n. Y esas preguntas todav\u00eda sin respuesta llamaban al repliegue en los laboratorios. Con el antecedente de que en 1911 el m\u00e9dico norteamericano y tambi\u00e9n Nobel Peyton Rous hab\u00eda encontrado un virus que provocaba un extra\u00f1o sarcoma, importantes cient\u00edficos se abocaron a investigar exhaustivamente todos los tipos de virus y bacterias que pudieran, avivando sin querer una fantas\u00eda que sobrevol\u00f3 desde siempre: la idea de que el c\u00e1ncer se pod\u00eda transmitir, como una gripe.<br \/>\nPor fortuna, en paralelo, el descubrimiento de que factores ambientales como el holl\u00edn o el radio pod\u00edan hacer mutar las c\u00e9lulas que luego devendr\u00edan en c\u00e1ncer empezaban a ahuyentar esas ideas de contagio. Hacia 1960, con el c\u00e1ncer de pulm\u00f3n como epidemia, se comenzaron a establecer los claros v\u00ednculos entre el h\u00e1bito con m\u00e1s pregnancia de las sociedades modernas y la enfermedad. El primer carcin\u00f3geno irrefutable sali\u00f3 a la luz a mediados de esa d\u00e9cada, pero sus v\u00edctimas seguir\u00edan (siguen) cayendo mucho tiempo despu\u00e9s de que las primeras leyendas de alerta aparecieran en las cajas de Marlboro.<br \/>\nLa detecci\u00f3n de los carcin\u00f3genos avanz\u00f3 en la idea de prevenci\u00f3n. \u201cN\u00f3mbreme cinco cosas que deber\u00eda hacer para no contraer c\u00e1ncer\u201d, le pidi\u00f3 una periodista de The Guardian a Mukherjee. \u201cNo fume, no fume, no fume, no fume y no fume\u201d, respondi\u00f3 \u00e9l. Si los m\u00e9dicos blanden desde hace cincuenta a\u00f1os con tanta furia la campa\u00f1a antitabaco, es porque desde el comienzo entienden que hacer desaparecer el resto de los carcin\u00f3genos nos llevar\u00eda a modificar el sistema en el que vivimos integralmente. El mismo Mukherjee lo dice en su libro: \u201cSomos simios qu\u00edmicos: tras descubrir la capacidad de extraer, purificar y hacer reaccionar mol\u00e9culas para producir nuevas mol\u00e9culas hemos empezado a hilar un nuevo universo qu\u00edmico a nuestro alrededor. As\u00ed, nuestros cuerpos, nuestras c\u00e9lulas, nuestros genes, se sumergen y vuelven a sumergirse en un cambiante mundo de mol\u00e9culas: pesticidas, drogas farmac\u00e9uticas, pl\u00e1sticos, cosm\u00e9ticos, estr\u00f3genos, alimentos, hormonas. Alguna de ellas ser\u00e1n inevitablemente carcin\u00f3genas. Pero no podemos hacer que ese mundo desaparezca\u201d.<br \/>\nM\u00e1s all\u00e1 de que en torno del c\u00e1ncer el n\u00famero de enfermos siempre ha ido en ascenso, la posibilidad de detectarlo antes de que fuera irreversible y los diferentes tratamientos que se iban aplicando hicieron que la sobrevida ante algunas formas malignas fuera cada vez mayor. Las conquistas de esos a\u00f1os (el papanicolaou y la mamograf\u00eda, por ejemplo, marcar\u00edan un antes y un despu\u00e9s en la historia del c\u00e1ncer de cuello de \u00fatero y de mama) se completan con la especificidad en las estrategias terap\u00e9uticas que traer\u00edan los \u201970, cuando el estudio de las hormonas logr\u00f3 llegar al descubrimiento de drogas como el tamoxifeno que, junto con la cirug\u00eda, la radiaci\u00f3n y la quimioterapia adyuvante (la que se administra como complemento para disminuir la posibilidad de reincidencia), generaron progresos muy significativos en algunos c\u00e1nceres de mama, logrando aumentar la sobrevida de una paciente de 17 a 30 a\u00f1os.<\/p>\n<p>LOS OSCUROS \u201980<br \/>\nAhora bien, si el objetivo era la erradicaci\u00f3n del mal, esos avances no eran m\u00e1s que consuelo de pocos. Los \u201980 fue la hora m\u00e1s oscura de la quimioterapia, dice Mukherjee. \u201cFue una \u00e9poca extraordinariamente cruel, que mezcl\u00f3 promesas con decepci\u00f3n y aguante con desesperaci\u00f3n.\u201d No s\u00f3lo por las pruebas de resistencia t\u00f3xica que se hac\u00eda sobre los pacientes, sino porque ven\u00eda de la mano con otra ola de presi\u00f3n social y pol\u00edtica surgida a la vera del avance de otra enfermedad masiva: el sida.<br \/>\nEran los mismos pacientes los que ped\u00edan que aprobaran las drogas sin tanta prueba, que la medicina avanzara. \u201cLos pacientes hab\u00edan perdido la paciencia. No quer\u00edan ensayos, quer\u00edan drogas y curas.\u201d Pero el r\u00f3tulo de experimental no s\u00f3lo era una precauci\u00f3n m\u00e9dica que se alzaba para evitar da\u00f1ar personas. Con la medicina cada vez m\u00e1s privatizada, una vez superada la etapa experimental (en la que los pacientes pod\u00edan comprar los remedios), las prepagas ten\u00edan que suministrarlos en forma gratuita, obstaculizando un negocio que de 1970 a 1990 alcanz\u00f3 los tres mil millones de d\u00f3lares y que hoy es un entramado de cifras incalculables que despierta las peores sospechas.<br \/>\n\u201cEl c\u00e1ncer moderno es un gran negocio y sus drogas son el cash del futuro de las grandes droguer\u00edas. El costo del desarrollo de f\u00e1rmacos claramente valdr\u00eda la pena si prometieran curas o remisiones. Pero la gran mayor\u00eda logra resultados mucho m\u00e1s modestos. Por ejemplo, la droga llamada Tarceva extiende la vida de pacientes con c\u00e1ncer de p\u00e1ncreas por solo doce d\u00edas y cuesta veintis\u00e9is mil d\u00f3lares\u201d, escribi\u00f3 Steven Shapin para el The New Yorker en su rese\u00f1a sobre el libro.<br \/>\nEse medio no fue el \u00fanico en se\u00f1alar que el relato \u00e9pico de Mukherjee es justamente, a veces, demasiado \u00e9pico. La omisi\u00f3n casi total del manejo de los laboratorios, la exposici\u00f3n de un \u00fanico caso de enga\u00f1o p\u00fablico realizado por un m\u00e9dico sospechosamente no norteamericano (un sudafricano que fragu\u00f3 resultados para promocionar su m\u00e9todo para el autotransplante de m\u00e9dula \u00f3sea), el escaso espacio que da a otros cancer\u00edgenos que no sean el tabaco, dejan un tendal de dudas, no tanto por lo que cuenta sino por las porciones del presente que deja sin contar. El libro es un relato completo y apasionante, por momentos bastante complejo tambi\u00e9n, de la parte de la historia que Mukherjee quiso contar: un viaje de casi treinta siglos que recorren no s\u00f3lo c\u00f3mo se fue encendiendo la luz alrededor del c\u00e1ncer, sino la relaci\u00f3n cient\u00edfica y filos\u00f3fica del hombre con esa enfermedad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Continuaci\u00f3n. LA NUEVA GUERRA AMERICANA Claro que la lucha qu\u00edmica ten\u00eda su contracara tan salvaje como la quir\u00fargica. Con el avance de la quimioterapia, el l\u00edmite entre lo que cura y lo que mata se fue volviendo cada vez m\u00e1s difuso. 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