{"id":510,"date":"2009-07-08T08:56:20","date_gmt":"2009-07-08T13:56:20","guid":{"rendered":"http:\/\/blogviejo.sld.cu\/inorbib\/?p=510"},"modified":"2009-07-08T08:56:20","modified_gmt":"2009-07-08T13:56:20","slug":"el-heroe-cinico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.sld.cu\/inorbib\/2009\/07\/08\/el-heroe-cinico\/","title":{"rendered":"El h\u00e9roe c\u00ednico"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft\" src=\"http:\/\/www.intramed.net\/UserFiles\/vinetas\/59254.jpg\" alt=\"housenacion\" width=\"75\" height=\"85\" \/><\/p>\n<blockquote><p>Representa la consagraci\u00f3n de una nueva heroicidad y habla mucho del descre\u00eddo mundo en el que vivimos.<\/p><\/blockquote>\n<p><em>Por Daniel Guebel<\/em><\/p>\n<p><!--more-->La planilla de medici\u00f3n de audiencia de los estrenos de series de alta calidad de esta temporada registra una fuerte ca\u00edda de Lost , una disminuci\u00f3n expectable de 24 , y un ascenso indisimulable de los nuevos cap\u00edtulos de Dr. House . Esa tendencia ratingu\u00edstica provoca cierta esperanza en que se ha puesto en marcha el movimiento de reforma universal del gusto, que de seguro derramar\u00e1 sus beneficios en todo el planeta. Este movimiento, adem\u00e1s, parece contraponerse a la tendencia general del consumo masivo que se ven\u00eda experimentando durante los \u00faltimos a\u00f1os (despu\u00e9s de Borges, Eco, y como eco de Eco, Dan Brown)&#8230; la licuefacci\u00f3n de la sustancia se compensa dial\u00e9cticamente con la expansi\u00f3n de las ventas, y la decadencia parece siempre infinita. Una nota erudita -no \u00e9sta- deber\u00eda meditar las razones est\u00e9ticas de esta aparente y moment\u00e1nea reversibilidad de esa degradaci\u00f3n que parec\u00eda infinita.<\/p>\n<p>Sin embargo, existen algunas razones que explican semejante anomal\u00eda. En el caso de Lost , es evidente que, tras de su \u00faltimo retorcij\u00f3n temporal o espacial, esa confusa mamarrachada de tintes metaf\u00edsicos agot\u00f3 hasta al fantasma de Bioy Casares y sus m\u00e1quinas morelianas. En cuanto a 24 , la tensi\u00f3n en su relato se ha vuelto pura rutina. Su mecanismo de suspenso adictivo es una droga que ha perdido su eficacia por culpa del abuso, y nada, ni siquiera la m\u00e1s radical suspensi\u00f3n moment\u00e1nea de la incredulidad, permite tolerar eternamente que el inter\u00e9s de un relato radique a\u00f1o tras a\u00f1o en la reiteraci\u00f3n de un esquema maniqueo en el que los enemigos de siempre (chinos, coreanos, \u00e1rabes, latinos o iran\u00edes, nunca WASPS) apenas poseen la entidad suficiente como para subrayar por contraste el liderazgo pol\u00edtico y moral de los Estados Unidos, gendarme de los destinos del planeta. Sobre todo, si la figura de esa salvaguarda reposa exclusiva y paradojalmente sobre la esmirriada osamenta de Jack Bauer, un agente melanc\u00f3lico y fuera de forma que ritualmente se ve obligado a torturar en busca de la informaci\u00f3n contenida en un pendrive o cualquier otro chiche de alta tecnolog\u00eda.<\/p>\n<p>24 , adem\u00e1s, ha tenido la desdicha de anticipar la posibilidad de que en Estados Unidos gobierne un presidente negro; y al anticiparla, la volvi\u00f3 leg\u00edtima y posible, pensable, para la vasta minor\u00eda de los votantes blancos americanos. El problema, para la serie, fue que esa anticipaci\u00f3n obr\u00f3 su ant\u00edtesis; as\u00ed, mientras Barack Obama anunci\u00f3 que desarticular\u00e1 por motivos \u00e9ticos (quiz\u00e1 incluso est\u00e9ticos) la c\u00e1rcel colonial y multi\u00e9tnica de Guant\u00e1namo y avis\u00f3 tambi\u00e9n que en 2011 desarmar\u00e1 (por nobles razones econ\u00f3micas) el plan de transformaci\u00f3n cultural y exacciones petroleras de Irak, el universo narrativo de 24 contin\u00faa aferrado a la ret\u00f3rica beligerante bushista, que vuelve leg\u00edtima cualquier raz\u00f3n si se tiene el recaudo de esgrimir cualquier pretexto. Por m\u00e1s que Jack Bauer muerda yugulares, amenace con hincar biromes en los ojos de los reticentes a brindar informaci\u00f3n y desparrame su desconcierto en los arrabales de un mundo cuya complejidad nunca termina de desplegarse ante su entendimiento, su destino coquetea con la indiferencia masiva y el retiro pr\u00f3ximo, lo cual en el fondo ser\u00eda una l\u00e1stima. Los que hemos disfrutado de la serie y de su estructura de revelaciones in\u00e9ditas y progresivas, quienes jug\u00e1bamos a adivinar c\u00f3mo, d\u00f3nde y por qu\u00e9 se produc\u00eda la nueva vuelta de tuerca de su historia, adorar\u00edamos que los guionistas despertaran un tanto de su nost\u00e1lgica enso\u00f1aci\u00f3n de grupo de tareas intelectuales y produjeran una reorganizaci\u00f3n narrativa lejana de las impostaciones idealistas y de la cr\u00e9dula adoraci\u00f3n del mito americano del destino manifiesto. Dudo de que puedan hacerlo.<\/p>\n<p>Pero Dr. House no tiene ninguno de esos problemas. Mientras vida y misi\u00f3n de Bauer se cifran en su recorrido de esclavo por las espirales del poder concebido a la manera de los terribles a\u00f1os noventa, House transita sus propios combates en una especie de alevoso limbo de hospital provinciano. Como en el teatro, la serie elige el \u00e1mbito de un encierro casi absoluto para subrayar que es en el artificio donde la vida se vive con m\u00e1s honduras y relieves. La existencia de House y sus sat\u00e9lites se parece a la de un grupo de c\u00ednicas monjas de clausura cuyas historias escribe un Dios de gustos very british , que ama el v\u00e9rtigo cultural de las citas ocultas y las citas expl\u00edcitas, al punto de gui\u00f1arnos el ojo subrayando lo parecido que suena House a Holmes y Wilson a Watson. Desde luego, Dr. House est\u00e1 lejos de ser una t\u00edpica serie m\u00e9dica al estilo de las que asuelan la pantalla desde nuestra infancia. Es un policial ingl\u00e9s que ha renovado las reglas del g\u00e9nero luego de un per\u00edodo demasiado extenso durante el cual \u00e9stas abandonaron la habitaci\u00f3n amarilla que oculta un cad\u00e1ver que se encerr\u00f3 solo, y cayeron en manos de puritanos que escrib\u00edan para denunciar las lacras del capitalismo y reconstruir el t\u00f3pico de la amistad.<\/p>\n<p>Dr. House , es claro, supone una reacci\u00f3n contra la novela negra, y s\u00f3lo pod\u00eda surgir, parad\u00f3jicamente, en una sociedad cuya preocupaci\u00f3n por la salud alcanza niveles demenciales mientras que a su sistema de salud s\u00f3lo pueden recurrir los afortunados. Pero volviendo al punto (\u00bfcu\u00e1l de ellos?). Lo m\u00e1s interesante de esta renovaci\u00f3n es que ahora el nombre del asesino ya no importa. Sabemos de antemano que la enfermedad es el criminal por antonomasia y House, el Sherlock Holmes que investiga su etiolog\u00eda (su modus operandi ) como si se tratara de una conspiraci\u00f3n que hay que detectar y combatir con el prop\u00f3sito de restituir el orden perdido. Si la enfermedad es el criminal, en Dr. House el paciente es su c\u00f3mplice. &#8220;Todos mienten&#8221;, afirma siempre el protagonista. Es su regla, su m\u00e1xima, la afirmaci\u00f3n que define el objeto de su oficio. Y su labor es descubrir c\u00f3mo se urde y prospera esa mentira que obstaculiza la eficacia de su diagn\u00f3stico cl\u00ednico. Dr. House , en el fondo, es una versi\u00f3n aggiornata de la obra teatral que introduce al primer detective de la historia de Occidente: Hamlet . Apoy\u00e1ndose sobre su bast\u00f3n de opereta para deslizarse sobre la superficie de ese universo (Universal Channel) demencial y ca\u00f3tico, este pr\u00edncipe de los m\u00e9dicos con dolor de piernas sabe que hay una verdad que sacar a la luz, siempre.<\/p>\n<p>En este punto conviene introducir otra digresi\u00f3n para disculparnos de la primera, que ya no recordamos: resulta extra\u00f1o el modo en que se ha vuelto sentido com\u00fan la creencia de que el pr\u00edncipe Hamlet es un vacilador profesional, un mero dandi epigram\u00e1tico y enlutado que vacil\u00f3 en vengar al fantasma de su padre a la espera de encontrar la evidencia del crimen. Pero cierto es lo contrario: Hamlet est\u00e1 convencido casi desde el principio de que el asesinato de pap\u00e1 fue urdido entre la perra de su madre y el malvado de su t\u00edo Claudio, y si no mata a este \u00faltimo en las primeras p\u00e1ginas, no es s\u00f3lo porque no conviene a la extensi\u00f3n del drama, sino porque no encuentra la oportunidad justa para hacerlo. As\u00ed, como Hamlet, House debe luchar contra la mara\u00f1a solidaria que se arma entre el paciente y su enfermedad, a la que protege y enmascara mientras lo est\u00e1 matando. Desde luego, tambi\u00e9n como en Hamlet , la verdad de la enfermedad evoluciona de acuerdo con las necesidades dram\u00e1ticas del relato y no hacia el descubrimiento de la verdad del s\u00edntoma. En cualquier hospital de la realidad, House y su equipo habr\u00edan sido despedidos de inmediato, porque su acierto con el diagn\u00f3stico ocurre luego de una sucesi\u00f3n de extrav\u00edos en un laberinto de acertijos, y la cura, tras una serie de diagn\u00f3sticos disparatados, ocurre milagrosamente cuando ya no queda nada m\u00e1s que esperar de la ciencia. No est\u00e1 mal que al comienzo de cada cap\u00edtulo se advierta que el programa es una ficci\u00f3n y que no responde a la l\u00f3gica m\u00e9dica: la revelaci\u00f3n m\u00e9dica en House es siempre una epifan\u00eda. El saber, como la alada poes\u00eda, como las moscas, el manjar de los perros, &#8220;baja&#8221; hacia su mente luego de un suceso casual o de un episodio asociativo, preferentemente luego de un di\u00e1logo con Wilson, el segund\u00f3n ideal para el lucimiento del protagonista, el Watson de Holmes, el Portales de Olmedo. Y all\u00ed, entonces, House clava el bast\u00f3n sobre el mal reticente a la cura, como Hamlet clav\u00f3 la espada sobre los cuerpos de Laertes, Polonio, Claudio.<\/p>\n<p>Palabras, palabras, palabras. No escuch\u00e9 a nadie que criticara abiertamente Dr. House ; nadie objeta su sabidur\u00eda narrativa, la densidad y comicidad de los episodios, la optimista prevalencia de casos de cura por sobre los de entierro. Pero s\u00ed me ha tocado en suerte advertir un cierto disgusto por un presunto uso y abuso de los poderes del lenguaje. La serie est\u00e1 sobrescrita, se dice. Desde luego que lo est\u00e1 si se la compara con las mendicantes telenovelas de la tarde, org\u00edas de la emoci\u00f3n que postulan la aton\u00eda de la inteligencia porque dan por hecho que en toda mujer se esconde una idiota en acto.<\/p>\n<p>En Dr. House los personajes no hablan como personas, sino como las personas lo har\u00edan si pudieran. El efecto que se busca no es el de subrayar la &#8220;naturalidad&#8221;, es decir, la subordinaci\u00f3n coloquialista a las inflexiones de una \u00e9poca (cualquier \u00e9poca), sino el de obtener una duraci\u00f3n distinta del asunto. Cada cap\u00edtulo de la serie perdura m\u00e1s all\u00e1 del tiempo de su emisi\u00f3n, porque funciona como un emisario de un ideal de perfecci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica, algo que por supuesto no existe. Siendo como es, rico, suntuoso, ir\u00f3nico y adversario de los chantajes de la ret\u00f3rica sentimental, ese lenguaje se construye como una catedral g\u00f3tica: pieza por pieza, cada frase es una g\u00e1rgola, un objeto suntuario, pero cuya acumulaci\u00f3n sirve en el fondo para lanzar al espectador, que sigue y sube absorto el encabalgamiento de los di\u00e1logos, a su opuesto necesario y a su consumaci\u00f3n: el momento en que House (o Cameron, o Wilson, o Cuddy, o Chase&#8230;) se ven golpeados por una r\u00e9plica que es la coronaci\u00f3n de una serie de frases como dardos. Reci\u00e9n entonces, cuando el espectador y los personajes han quedado extenuados de tanta brillantez, en que ya no se puede decir ni escuchar (ni leer) nada m\u00e1s, reci\u00e9n en ese momento el gui\u00f3n concede su lugar al verdadero arte del actor, que deja su lugar de mono parlante para que todo el lenguaje, concentrado, palpite en el silencio. En ese segundo exacto, la serie, como una pieza teatral cl\u00e1sica, arma la tramoya perfecta: los televidentes creemos que estamos asistiendo a la revelaci\u00f3n de un alma.<\/p>\n<p>No hay c\u00f3mo manipular el estilo para que lo que se dice produzca la curiosidad de saber de qu\u00e9 habla verdaderamente lo que calla.<\/p>\n<p>House, el personaje, es un verdadero maestro en eso de proponerse como un enigma, esto es, como el objeto perfecto para la man\u00eda ajena por la interpretaci\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n es House? \u00bfPor qu\u00e9 es como es? House es la m\u00e1quina humana que todos quieren corregir, un aparato intelectualmente brillante al que colegas y amigos le reclaman la concesi\u00f3n de la afectividad. House tiene todas las condiciones, pero prefiere vivir una vida miserable, drogarse, tener una vida sexual furtiva y mercenaria (cuando cualquiera de las bell\u00edsimas m\u00e9dicas que lo rodean dar\u00eda todo por conquistarlo, y nosotros por estar en la misma situaci\u00f3n y aceptar). Adem\u00e1s de hosco, es taca\u00f1o y tramposo. Tiene algo de mat\u00f3n, de ladino y de homosexual cuya represi\u00f3n es asumida c\u00f3micamente. La enumeraci\u00f3n es infinita, pero la serie tiene la astucia de proponerla siempre como una trampa: la de un &#8220;trauma originario&#8221;, desconocido tanto por el espectador como por sus compa\u00f1eros de trabajo, que explicar\u00eda cada vez cada uno de sus comportamientos. Sobre esa presunci\u00f3n groseramente psicologista, House arma su fiesta antisentimental. Satisfecho de ocupar el lugar del h\u00e9roe solitario, deja caer muestras eventuales de sus fisuras personales, s\u00f3lo para despu\u00e9s denunciarlas como falsas, como parte de su burla de los fr\u00e1giles convencionalismos de la especie humana.<\/p>\n<p>\u00bfPuede ser inhumano un personaje de ficci\u00f3n? En el velorio de su padre, House pronuncia un discurso en su memoria y luego se inclina sobre el caj\u00f3n, en apariencia para besar la frente del muerto, pero en realidad aprovecha la oportunidad para realizar una maniobra que permita esconder a los presentes su verdadera intenci\u00f3n, que es cortarle un trozo de piel con un alicate y averiguar luego si aquel imb\u00e9cil que arruin\u00f3 su infancia era o no su verdadero padre. Al romper (con gestos como \u00e9se) toda identificaci\u00f3n con las representaciones de un h\u00e9roe posible, Dr. House propone la valorizaci\u00f3n de una figura desprestigiada: la del c\u00ednico. House lo es, como lo era Di\u00f3genes. Ninguna complacencia, ninguna transacci\u00f3n con nuestra especie en tanto especie. Las vidas de los pacientes s\u00f3lo existen como pretexto para que la maquinaria de la interpretaci\u00f3n (su inteligencia) se ponga en juego. Sus sucios h\u00e1bitos son acordes a la verdad del que prefiere la compa\u00f1\u00eda de los perros porque, curados de su enfermedad, los seres humanos se vuelven aburridos. Como un extraordinario escritor argentino que dice que s\u00f3lo le interesan las personas cuando vienen en forma de libros, como un gourmet de las sustancias asquerosas (ni Marlow ni Marlowe: Marley), House, un desterrado del universo afectivo, \u00fanicamente halla consuelo en el reino de las patolog\u00edas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Representa la consagraci\u00f3n de una nueva heroicidad y habla mucho del descre\u00eddo mundo en el que vivimos. 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