Por dentro

unicDicen los que lo vieron, brioso y renovado, que sobre él cabalgaban, en el fondo de un verdísimo pasto, niños traviesos repletos de sonrisas. Y que mientras corría-danzaba con su infantil carga, trocaba el azul de su unicornio por un haz de matices regalo del arcoiris.

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250px-house_logosvgDesde hace ya tiempo las personas residentes en Cuba, que deciden pasar la tarde de domingo en familia y viendo la televisión, reciben la oferta del serial nortemaericano Dr. House. Ya vemos la 5ta temporada. No es juego. LA 5TA TEMPORADA!!. En Cuba. Ver para creer…

House ha gozado a nivel mundial de la preferencia de la crítica y del público desde su lanzamiento (2004), convirtiéndose en uno de los programas televisivos más vistos en los Estados Unidos y en todo el mundo. Ha recibido diversos reconocimientos y nominaciones, entre los que destacan un premio Peabody, dos Globos de Oro y tres premios Emmy. Fue la serie más vista en 2008, con un promedio de 82 millones de personas en 66 países.

En realidad es increíble el Dr. House. Y lo es porque no concibo que este lisiado mental haya logrado convertirse en un héroe de un serial sobre la salud, la enfermedad y el sufrimiento de las personas. Allá los que dudan del poder manipulador de la televisión.

En realidad el ojo clínico de House le está jugado una mala pasada y no logra ver la verdadera enfermedad y el más cercano enfermo, que es él mismo. Greg House necesita ser tratado con urgencia, antes de que sea demasiado tarde y el daño se extienda,  no solo dentro de su organismo. Hay riesgo enorme de contaminación a otros, a muchos, a miles.

House es un hombre muy enfermo. Padece de septicemia en la integridad. Hay lepra en sus sentimientos. Tuberculosis en el decoro. Su carácter está afectado por el H1N1. House no conoce la generosidad, ni el respeto a sí mismo y a los otros. Este médico, que aceptamos cada semana en nuestras casas es un engendro maligno que hace de la humillación al otro (esté enfermo o no) una práctica que cultiva, perfecciona y disfruta. House es un excelente caso de estudio en una sala de psiquiatría. Lo son también aquellos que rodean al afamado doctor, por pasivos, incompetentes, sumisos y torpes. Eso sí, todos médicos y clínicos, no existe nada más en ese reino de House, no hace falta, é es todopoderoso y no necesita de otros especialistas de otras ramas para dar pie con bola en el diagnóstico sensacional y efectista. Demasiado facilismo y subvaloración al espectador…

Me gustaría saber que piensan de House los miles de estudiantes (y profesores), de nuestro país y de otros muchos, que estudian y enseñan en las aulas de las universidades médicas cubanas. En qué se parece House al médico que ellos quieren ser o ya son.

Cada semana, cuando el oscuro capítulo llega a su fin, siento pena, y pienso en cómo fue posible que tuviéramos que esperar años para ver en la televisión nacional esa entrega llena de luz, de respeto, de humanidad, ese canto de amor y vida, que es el film cubano Fresa y Chocolate y que este enlatado lleno de premios glamorosos y tramas totalmente previsibles que niegan la ética y la profesionalidad en el acto médico, lo tengamos en casa cada domingo en horario estelar…

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2-en-ipacariQuiero compartir esta foto, No hacerlo sería pecado. Es en el lago Ipacaraí en Paraguay. Creo que pasé la mayor parte de mi vida sin saber casi nada de Paraguay, excepto la existencia de ese lago, pues en mi infancia habia una canción famosa que decia: Como te recuerdo mi dulce amor, junto al lago azul de Ipacaraí. Aquí les presento al lago, que es realmente hermoso, pero sus barqueros lo son más.

Foto de Luis Carlos Silva.

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Dice un refrán paliativo que la esperanza es lo último que se pierde.
Y los que no la tuvieron nunca? y los que jamás la necesitaron? y los que no quieren tenerla?, los que la sienten como un pequeño, pero molesto lastre en su andar por la vida?
La esperanza es a veces un fantasma agonizante que se empecina en acompañarnos.

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eleggua

Ayer  fuimos a la fiesta del Elegguá de Fela. Había que ver el altar!. Era como ella misma!.

El altar tenía un sabor infantil que Fela también tiene, con una alegría bien primitiva y auténtica, donde se pone de manifiesto, en cada centímetro, que este Eleguá es de esta Isla, repleto de colores y de cuantas cosas encontró Fela que le hicieron pensar que harían feliz a su santo. Infinito derroche de cubanía y de centrohabanía. Hubo rones, cantantes con micrófonos, negros a granel y reguetón.

viento2aMi abuela paterna se llamaba Victoria, pero nadie le decía así. Le llamaban Vito, de Vitorina. Mejor se hubiera llamado “Su Majestad Elizabeth”  o “Su Alteza Real Alejandra Sofía”.  Así era ella,  como una emperatriz, como una reina altiva. No tenía nada que ver con las personas comunes y menos con el quinteto de hermanas mulatas que lavaban “para la calle” so pena de no  poder pagar el alquiler de la vieja casa familiar.  De dónde sacaría mi abuela sus maneras??  Tampoco se parecía a su madre, mi bisabuela, que era un hada cobriza e invidente, repleta de bondad y sabiduría. Conocí a mi bisabuela a través de las flores que siempre  alegraban la casa de mi infancia. Mi madre decía que ella era tan especial que  recordarla embellecía la vida.

Vitorina era una mulata con rasgos de blanca, de inmejorable figura y poses presumidas.  Era adicta a los “túnicos de hilo con volantes de encajes”, a sombrillas a juego y a zapaticos  de tacón abrochados al costado. Mientras sus hermanas lavaban y sudaban el calor de las  planchas de carbón, mi abuela se dedicaba a pasear por la calle real del pueblo  jugueteando con las miradas de los hombres prendidas a su vaivén. Era linda y vanidosa.

“La emperatriz” hizo que más de uno perdiera los estribos por ella. Desafiaba a todos y rompía en un  santiamén esquemas y tradiciones. Un señor de clase alta y con familia establecida se perdió en los  vuelos de sus vestidos, y de allí vino mi padre. Eso impidió que yo conociera a mi abuelo y que  llevara su apellido, de lo cual siempre me alegré porque así, mis hermanas y yo, de niñas, evitamos las  bromas con el apellido Paniagua, que era el que nos correspondía.

Victoria era impaciente y temperamental. La recuerdo ya anciana, ciega, pero sin  perder un ápice de altivez. Un mediodía, mi madre, que cocinaba como una diosa, la sentó a  la mesa para el almuerzo. Mi abuela palpaba los objetos con esos gestos típicos de los que no tienen visión, y tomó algunos granos de arroz entre los dedos índice y pulgar de la mano derecha, en un minucioso examen. En un rápido además, el plato, pulcramente servido, salió volando hacia el patio enorme, y mientras los granos de arroz resbalaban por el tronco del limonero la oí susurrar masticando las palabras: “No está bien blandito” y no dio más explicaciones.

Nunca me entonó una canción de cuna ni me contó La Caperucita Roja. Sin embargo, lograba acaparar toda mi atención cuando me narraba, a escondias de mi madre, aquellas historias de la mulata que fue y de cómo lograba impresionar cuando se enfundaba en sus ropajes reveladores.

Era tan fuerte que venció a la Leucemia y murió casi a los 90. Yo estaba a su lado y sentí pena, pensaba que había vivido mucho y se había privado de cosas esenciales y hermosas, como es el amor y la complicidad de los nietos.  Solo yo le guardaba los secretos de sus historias. Murió respetada, casi que inspirando temor en los demás.

Ni los hijos ni los nietos se le parecen, nadie tiene sus gestos altaneros. Solo a veces, el aire a mi alrededor se torna turbulento y un hálito de mi abuela irrumpe y me roza el rostro, y nubla mi entendimiento, y es cuando soy presa fácil de la impaciencia y la emocionalidad.

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Maggie Mateo

Dra. Mateo:

Se hizo justicia en el “Carpentier”
No puede haber habido una novela que superara la suya.
Su narración me reafirma que es Ud. una maga, quizá una hechicera, que al movimiento de su pluma salen danzantes e hilvanadas, ligeras, como haciendo un vuelo, quizá piruetas asombrosas, las palabras, todas las palabras, más bien sale el idioma, en su mejor salida, que es para contar la vida.

Para escribir “Desde los blancos manicomios” hay que estar de vuelta de toda vanidad, hay que quererse y respetarse, hay que tener altísimas dosis de valor en la savia que la hace escritora, y sobre todo, que la hace humana. Hay que saber rasgarse los ropajes para mirarse desnuda cara a cara.

Solo un estado de gracia provoca las descripciones de esas fugas, de esos paréntesis de la vida, que actúan como válvulas salvadoras.

Hay originalidad en la manera de contar, de perfilar los personajes, que poseen una psicología dibujada de manera impecable. A ellos le estamos viendo las entrañas, el alma, el lado claro y también el oscuro y el tierno, y eso hace que terminemos sintiéndolos parte de nuestro mundo, excepto con Gelsomina, que se alza, se eleva por sobre todos, levita a las alturas, como en una alucinación, para hacerse un personaje de una talla enorme, gigante e íntegro, frágil y fuerte, tan humano y tan real que deslumbra y nos acompañará por siempre.

Su novela es universal y cubana, y se disfruta esa cubanía, la de aquí y la de allá, que está presente en cada capítulo, en cada episodio.

Su novela es el fondo y la esperanza, es el temor y el amor. Es la familia, la vida. Su novela, además, es una disertación a viva voz sobre el mundo interior de los que alguna vez no lograron ver las señalizaciones que indicaban el camino, algo de lo cual siempre se habla en susurros.

Su novela atrapa de principio a fin, pero al final, uno siente que se hizo un poco más adulto, y agradece ese crecimiento que nos purifica.

Su novela es un canto a la vida, al coraje y a la esperanza.