Por dentro

0

Tiene ese olor a cosa recien estrenada que desde la infancia me fascina.

Me asignaron una laptop y me sorprendo con la misma excitación que sentí la primera vez que tuve una computadora de mala muerte, hace ya no sé cuantos años. Hoy estoy que bailo en un solo pie!!!

0

Vivian adoptó a Hércules. A esta altura de su vida enredarse con una adopción no es fácil!. Tiene sólo un año y medio, es hermoso, goza de buena salud y no se anda con majaderías.

Este perro blanquinegro, noble y amistoso, es todo un “personaje” en la barriada donde decidió vivir, primero sin un techo, y ahora bajo el de Vivian. Todos conocen a Hércules. Eloy, el de los altos, siempre lo lleva de compañero en sus pesquerías. Teresa, la bodeguera, viene a visitarlo frecuentemente con golosinas en el bolsillo, Carlos, el parqueador, nos lo “pide prestado” para pasearlo por el parque. Y es allí donde su simpatía logra cotas más altas. En el parque Hércules se encuentra con los niños, para los cuales él es un tierno y revoltoso juguete, y juntos, en una indescriptible fusión, convierten la tarde en alegría y retozo.

0

Hace días estoy queriendo escribir sobre Infomed, algo que siento y que es muy agradable, y resulta que una idea que Urra plasmó en su blog me dió la clave del asunto. Urra dijo que siempre pensaba en Infomed como una mujer… Ahí está la clave de lo que siento:

Yo queria escribir que Infomed es un lugar cálido, agradable, nos deja ser nosotros mismos y a la vez nos exige ser otros mejores. Nos tira de la rienda cuando percibe que estamos en forma, y se acopla a nuestro paso lento cuando andamos con las fuerzas mermadas. Infomed nos conoce, cada gesto de nuestros rostros, el ritmo con que caminamos sus pasillos, las risas de los triunfos y también el entrecejo de alguna frustración. Infomed es un refugio. Allí nos sentimos seguros. Infomed nos enseña y allí aprendemos. Aprendemos a respetarnos. En Infomed nos hablamos mirándonos a los ojos, y discutimos, y defendemos nuestras ideas con vehemencia. Hay lugar para todo. Para querernos. En Infomed nos besamos y nos cuidamos con la mayor ternura y dedicación. Sentimos un innegable orgullo de pertenecerle y estamos llenos de admiración por ella.

Sí, a Infomed hay que pensarla como una mujer, esa que siempre mantiene las puertas de su hogar abiertas, al igual que sus brazos, para acoger a sus hijos.

0

Hoy, mientras azucaraba mi café mañanero evoqué a mi padre. Un recuerdo que no por frecuente deja de estar acompañado de cierto gustillo alegre con aderezo de nostalgia. Nunca esa evocación me pone triste, él fue incapaz de dejarme ese legado. Mi padre era simple y luminoso. A mis ojos, de hija nacida cercana a sus 50 años, mi papá era hermoso, atractivo, con garbo. Era zalamero como nadie, pero era su zalamería esa que se codea con la fineza y la elegancia, con la justa medida de todo. Seductor de talla alta, amable, cortés, mundano.

El sabía lo que muy pocos saben con certeza, que estamos solo de paso por este mundo, y que cada segundo cuenta. Qué manera de vivir intensamente! Qué manera de vivir cada minuto como si fuera el último!

Mi padre me dejó el amor al trabajo, el respeto por la familia, la importancia de la integridad del ser humano, y mi debilidad por los olores que lo acompañaban. Cubanos y deliciosos. Olor a “melao” de caña al regresar del ingenio, donde, como un joyero, tallaba los cristales del azúcar como si fueran gemas para engarzar en alhajas de mujer. Olor a Habano y a colonia de lavanda, cuando pulcro y apuesto, salía en la noche pueblerina a desgranar su hechizo

0

Domingo de parapenteMaykel cumplirá el lunes 6 semanas con ambos brazosEsto es volar con un parapente enyesados por sendas fracturas. El motivo fue un accidente en un artefacto volador que se llama “parapente”. Con eso se practica deporte de riesgo. Es como querer “irse a bolina” con una medialuna de tela. Sencillamente quiere volar, asecender, dejarse llevar por el viento y tomar altura, y planeaaaar, y ver desde arriba La Habana y el malecón, quizá Párraga o las playas del oeste. No le basta su estatura.
Al menos, la aspiración de “ver las estrellas” ya la alcanzó. Además de los brazos, su cabeza recibió un golpe fuerte. Y yo, un susto grande.

1

Hoy cumplí años. Al despertarme sentí una sensación tremenda de plenitud y alegría. Sacaba cuentas…
Mis viejas, pese a todo y contra todo, están. Las disfruto. Tengo los amigos más amorosos y mimadores del universo, voy por el mundo y vivo mi vida bajo su amparo. Tengo un amor!! Tengo sobrinas. Tengo un hogar. Vivo en Cuba. Trabajo en Infomed. Carajo, gracias a la vida!

0

Mi madre y yoQuizá la culpa de que yo sepa del esmalte blanco para la reja de la ventana tenga que ver con que soy hija de una aldeana española que llegó sola a Cuba a bordo de un barco, el “Alfonso XIII”.

Mi madre se empecinó, con éxito, en hacernos crecer en un hogar, sin saber siquiera que esa palabra existía. Ella nos enseñó a leer, no a combinar las letras para formar palabras y frases, sino, que nos hizo adictas a la lectura y a la mesa con mantel. En su aldea nunca leyó ni había mesa.

Allá, donde nació, entre la nieve, la altura, y el trabajo rudo del campo asturiano, no había apenas respiro para mucho más que ir a la faena, comer y dormir. El baño con agua y jabón no era frecuente con aquellas bajísimas temperaturas. Todos tenían que ir al campo. Mi madre lo hizo desde los 9 años. Nunca hubo juguetes, ni lazos, ni cumpleaños. Vivió su niñez sin saber lo que es ser niña.

Siempre tengo conflictos con los que emigran. Me duelen mucho. En cada uno de ellos veo un pedacito de mi madre. Desde pequeña, yo rechazaba pensarme viviendo fuera de Cuba. Imaginarlo me hacía un nudo en la garganta, aun hoy me ocurre. No podía con eso, no lograba paz imaginándome establecida en otro lugar del planeta. Estaría condenada a la añoranza infinita que adivinaba en los cantos de mi mamá. Ella, que después de 40 ó 50 años en esta Isla, aun hablaba en bable y nos hacía comer fabada asturiana en el agosto tropical, y manzanas (tan sosas y frías) en la época de los mangos (tan dulces y sensuales).

Yo, en “otro lado” no dejaría de cantar charangas y bolerones, y añoraría por siempre el arroz congrí y los tamales. Y el hablar “en cubano”, y las miradas desnudantes de los hombres en las calles, y la gente tocándose y besándose constantemente. Y el malecón, y el aterrille del verano, y hasta los ciclones que son mi terror.

Mi mamá no regresó nunca, pero tampoco se fué de allí jamás. Dentro de 3 años cumplirá un siglo de vida, y es hermosa y frágil. Y ahora, que sí es “nuestra niña”, tampoco lo sabe. Mi madre es como Asturias, verde y tozuda, contrastante y ruda, suave y preciosa.

 

0

Poseo un precioso recuerdo de un personaje de mi infancia, para evocarlo cierro los ojos y me veo dentro de la algarabía del retozo en el enorme y florido patio familiar, y de pronto aquel sonido lejano que me paralizaba para dejarme disfrutar cada un de las notas que salían de un singular instrumento soplado por el Amolador de Tijeras. No había nada que impidiera mi estrepitosa carrera hasta la puerta de la calle con el temor de no llegar a tiempo. Una vez en la acera, me sentaba en el quicio, extasiada, a ver a aquella enigmática persona que amolaba las tijeras y cuchillos del vecindario.

El Amolador dejaba de tocar su música y comenzaba a mover su pierna derecha para hacer girar una enorme rueda-piedra por la que pasaba los utencilios que debía afilar. Entonces, despacio, como en cámara lenta, inclinaba su cara hacia donde me encontraba sentada y me hacía un guiño con los ojos. En ese momento, !!!brotaban estrellas de las manos del Amolador!!!! Estrellas amarillas, azules, rojas, estrellas plateadas, veloces, esfímeras, brillantes. Estrellas que me impedían pestañear y aceleraban el ritmo de mi pecho.

Cuando ya el filo de las tijeras resplandecía, el Amolador detenía el movimiento de su pierna y cesaban las estrellas. Era entonces, cuando mirándome con ojos de misterio, dibujaba silenciosa y lentamente  en sus labios la frase “es magia”, que yo lograba leer en medio de la apoteosis de la emoción infantil.