wifi

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862774_NpAdvHoverDiariamente paso por varios puntos wifi de La Habana. Trato de pasar como una sombra, callada, sigilosa, lenta. Quiero saber, palpar el ambiente que flota en esas zonas, allí el aire tiene otro olor y densidad, otro sentido… Comparto el gozo de las caras jóvenes y las ajadas que poniendo el móvil frente a sus rostros pueden conversar, y ver, y dejarse ver por familiares y amigos, afectos, amores. La mayoría expresa alegría, emociones agradables, hay muchas sonrisas, a veces  ligadas al llanto emocionado. Hay jaranas, chistes entre amigos y dicharachos expresados en el más puro cubano con carcajadas de ambos lados. He visto padres que juntan sus caras para que el hijo lejano los tenga en pantalla al mismo tiempo, les hablaban al unísono y en el amasijo de palabras entremezcladas, distinguo la frase: te queremos mucho, cuídate mijito! He mirado a quien no habla, solo se desarma en un llanto silencioso y desgarrado. Veo a los novios y novias que se esmeran en lucir apuestos y tomar su mejor perfil. Hablan de amor, del deseo, de la necesidad del otro imagesy de cosas terrenales como dineros, tennis adidas y pasajes aéreos. He visto a una muchacha hablando de su tesis, no sé si con su tutor extranjero. Los veo a todos, una y otra vez, en las aceras, en las principales esquinas de La Habana, de pie, sentados en el contén, en las afueras de los hoteles, sudando el sol aterrillante de Cuba, asfixiados, sin resuello, y a veces bajo la llovizna, protegiendo al aparatejo que hace posible esa comunicación. Disfruto mucho ese trayecto, pero al mismo tiempo lo sufro intensamente, tanto que me aprieta el pecho y me humedece la mirada. Es innegable que es mejor tener estos puntos que no, pero es lacerante, deprimente, indignante, ver las condiciones en que les llega este servicio que pagan a precios alucinantes.

Fotos: 24 horas de México y El Nuevo Diario de Nicaragua