Intervenir temprano mejora el pronóstico, incluso antes de contar con un diagnóstico definitivo. Un aspecto clave es la comunicación de los signos de alerta a la familia, los profesionales deben:
- Explicar que se trata de indicadores de riesgo, no etiquetas diagnósticas, que incluso puede que no esté presente.
- Enfatizar el valor preventivo de la evaluación temprana.
- Evitar lenguaje alarmista o determinista.
- Validar las preocupaciones parentales.
Una comunicación adecuada mejora la adherencia de los padres a la evaluación y por tanto brinda la posibilidad de dar seguimiento al niño y de que la familia comprenda la importancia de hacer lo orientado por el profesional respecto a la adecuada estimulación del niño.
Además de reducir la ansiedad familiar que puede conllevar a una actitud de sobreprotección o lástima, negativa para el desarrollo sano del niño.