Trastorno del espectro autista. Historia

El trastorno del espectro autista constituye un reto para las ciencias y se han entretejido en su historia diversos mitos.

En el otoño de 1943, Leo Kanner realiza una publicación en la que describe el comportamiento de 11 niños con un conjunto de alteraciones que denominó “Trastorno Autista del Contacto Afectivo”. Estas alteraciones eran:

– Dificultades para establecer relaciones con las personas, desde el comienzo de la vida provocando que el niño muchas veces ignore los estímulos del medio circundante centrando su interés solo por algunos objetos, con los que puede jugar durante horas, mientras se muestra indiferente por las personas. A este comportamiento Kanner le llamó “la soledad autista”.

– Comportamientos repetitivos tanto en lo referido a sus movimientos como a la expresión del lenguaje, denominándole “necesidad de preservar la identidad”.

– Finalmente señaló lo que denominó “los islotes de capacidad”, considerando que los niños que él observó tenían una buena inteligencia dada la existencia de un extenso vocabulario en el caso de los niños que hablaban y de una increíble memoria de hechos, poemas y secuencias complejas. Este parece ser el punto de partida de un mito muy difundido acerca de que los niños autistas tienen una inteligencia alta.

Leo Kanner

En su trabajo Kanner resalta que la mayor dificultad de estos niños está en el establecimiento de lazos afectivos con las personas, afirmó que el “signo fundamental es la incapacidad para relacionarse en la forma habitual con personas y situaciones desde el comienzo de su vida… no es una retirada, como en la esquizofrenia”, también indicaba que ambos cuadros necesitaban al menos dos años de desarrollo normal para su diagnóstico.

La palabra «autismo» proviene del griego «autos» que significa encerrado en sí mismo, o sea, pérdida de contacto con la realidad que, como consecuencia de tal estado, causa la imposibilidad o una gran dificultad para comunicarse con los demás. Existen varias descripciones de niños con comportamientos peculiares, al menos, desde el siglo XVIII, cuando en Londres un boticario del hospital Bethlem describe a un niño con retraso en el lenguaje, conductas difíciles de manejar, que jugaba de una manera absorta y se refería a sí mismo en tercera persona.

Hans Asperger

En Viena, en la primavera de 1944, Hans Asperger, describe un cuadro semejante al referido al que coincidentemente llamó “Psicopatía Autista”, manifestando que los niños presentaban un trastorno expresado de forma muy característica, con dificultades considerables y muy típicas de integración social. Decía que ese fallo de integración era observado en cualquier grupo social y esto constituía la característica más llamativa de las alteraciones, pero en algunos casos el fallo se compensa con una “especial originalidad del pensamiento y la experiencia, que quizás pueda llevar a logros excepcionales en momentos posteriores de la vida”.

Asperger destacaba en su publicación que estos niños presentaban una característica peculiar de la mirada al no establecer contacto ocular, abarcando las cosas con breves miradas periféricas, mostraban gestos y expresiones faciales pobres con muchos movimientos estereotipados que no expresan significados. Hacían un uso del lenguaje poco natural.

Resalta, como L. Kanner, que tienen “áreas de interés aisladas”, expresando que “pueden tener una excelente capacidad para el pensamiento lógico abstracto” y “creaciones originales de palabras”. De acuerdo con sus planteamientos los niños tenían particularidades especiales, necesarias para la creación artística y científica.

En estas descripciones se pone en evidencia que la soledad autista está referida a la conducta que expresa el niño dadas sus deficiencias en la comunicación, se refiere al hecho de estar solo mentalmente, de acuerdo con la explicación de U. Frith cunado desarrolla la “teoría mentalista”.

Ambos autores consideraron que estaban ante la presencia de niños con características muy particulares desde el nacimiento.

Estas dos versiones del trastorno hicieron que se diferenciaran dos grupos de niños, uno en el que se consideraba tenían autismo infantil, también llamado autismo de Kanner y otro que se consideraba tenían al llamado síndrome de Asperger, que constituyen la menor cantidad, caracterizándose por presentar un buen desarrollo del lenguaje, así como un desarrollo alto de capacidades intelectuales.

En el primer grupo, el del autismo infantil de Kanner se incluían casos en los que además de lo referido con anterioridad se observaba retraso de la adquisición del habla, utilización no comunicativa del habla una vez adquirida -ecolalias- inversión pronominal, adicionándose también la carencia de imaginación. El hecho de que se señalara que las alteraciones del comportamiento se evidenciaban desde la primera infancia, permitía diferenciar el trastorno de otros ya descritos como la esquizofrenia o psicosis infantil.

Alrededor de 1955, Kanner afirma que las alteraciones del comportamiento en los niños se revelaban después de un aparente período normal, decía que se necesitaban al menos dos años de desarrollo normal para su diagnóstico. Esto provoca que para diagnosticar un niño con autismo infantil se considerara, por mucho tiempo, la existencia de un período de vida, en el cual no se manifestaran alteraciones del comportamiento, un período de aparente normalidad, aunque se reconocía que la alteración debía expresarse antes de los tres años.

Paul Eugen Bleuler

El término autista había sido empleado por Paul Eugen Bleuler en 1911, para referirse a la característica de pacientes esquizofrénicos de retirarse aparentemente del mundo hacia su propia fantasía, lo que produjo una confusión científica haciendo que se incluyera a estos niños en el grupo de pacientes diagnosticados con psicosis infantiles.

Aunque Kanner esclareció que el problema fundamental es la incapacidad para relacionarse con personas y situaciones, no es una retirada, -como ocurre en la esquizofrenia-, esta confusión se mantuvo por varias décadas, en las cuales términos como autismo infantil, esquizofrenia infantil o psicosis infantil, fueron utilizados de manera indistinta.

Esto influye en la forma en que se conceptualiza el autismo en las diferentes ediciones del Manual Estadístico de Diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría.

En la primera edición de este Manual, publicada en 1952, se incluyen los comportamientos asociados al autismo dentro de las reacciones esquizofrénicas.

Esta confusión retrasó el desarrollo de investigaciones que permitieran precisar la distinción entre autismo y esquizofrenia, hasta que, en 1980, cuando se publica la tercera edición del manual se comienza a hablar de autismo infantil, dentro de un grupo de trastornos denominados trastornos generalizados del desarrollo, reconsiderándose que el autismo infantil fuera una psicosis o esquizofrenia infantil.

Kanner sugirió desde la primera descripción de sus casos, que algunos de los síntomas del autismo -el deseo de invarianza ambiental y los repertorios de patrones de comportamiento, actividades e intereses restringidos- están impulsados por la ansiedad, decía que “el comportamiento del niño está gobernado por un deseo obsesivo-ansioso de mantener la igualdad” hoy se conoce que los menores cambios en el entorno habitual pueden inducir miedo y distrés en el niño, el miedo a un posible cambio pasa a ser una fuente de ansiedad.