Desarrollo psicológico del niño

El desarrollo psicológico no transcurre de forma estable, sino que hay períodos estables que van alternando con otros periodos críticos, durante los cuales se dan saltos cualitativos para dar lugar a la aparición de nuevas formaciones psicológicas. Esto se relaciona con las aspiraciones del individuo, en este caso un niño -que desea hacer más de lo que el medio, los adultos, le permiten- y esa contradicción genera el salto a otra etapa superior del desarrollo.

En ese proceso van a jugar un rol fundamental categorías como la de actividad y comunicación, que en los períodos tempranos de la vida van a darse fundamentalmente en la relación establecida entre el niño y los adultos.

En el primer año de vida, esas categorías se expresan a través de la comunicación emocional directa del niño y la figura de apego, generalmente la madre, aunque también se incorporan otras figuras familiares.

En el segundo año, la mediación realizada por el adulto entre el niño y el mundo de los objetos pone de relieve la significación de la actividad y la comunicación para el desarrollo de las nuevas formaciones psicológicas del período.

Es en ese proceso que el niño va apropiándose de la experiencia histórico social de la humanidad, la socialización y su condición humana, pasando la experiencia que el adulto le trasmite por sus propias vivencias, es un proceso en el cual se da la integración de lo afectivo con lo cognitivo, manifestándose el carácter activo y transformador del hombre, ya que el niño no copia con exactitud lo que le trasmite el adulto, sino que se apropia de manera peculiar y única de toda esa experiencia.

Para entender lo anterior hay que tener en cuenta el concepto de situación social de desarrollo, que explica cómo se interrelacionan lo externo -entendido como lo social, la actividad y comunicación del individuo en su medio- y lo interno -referido a las condiciones biológicas y psicológicas de cada sujeto- en un momento histórico concreto de sus condiciones de vida y por ello únicas para cada individuo. 

De esta manera, desde las primeras semanas de nacido los bebés muestran su carácter activo manifestando su respuesta social; la sonrisa social surge a las 6 semanas de vida aproximadamente, pero ya han mostrado interés y más que eso, preferencia por el rostro humano.

Más adelante comienzan a distinguir personas, apareciendo sobre los 6 meses la ansiedad de separación y la reacción al extraño lo que denota el establecimiento del vínculo de apego, signo de un vínculo emocional.

Se inician los juegos sociales (muestra actitud anticipatoria al tirar los brazos cuando quiere ser cargado, saluda con la mano, comienza a imitar palmadas y juegos que el adulto le enseña), lo que se evidencia más a partir de los 9 meses cuando realiza juegos de atención conjunta. En este momento se observan cambios en el comportamiento del niño ante el mundo de los objetos y en la interacción y comunicación con las personas.

En este periodo se incrementa mucho la comunicación, tanto extraverbal como la verbal, aparecen las primeras palabras, las primeras frases, el niño va adquiriendo un gran vocabulario comprensivo que se demuestra en el cumplimiento de órdenes.

Ya en el segundo año de vida, cerca de los 18 meses, se ha iniciado un importante desarrollo de procesos cognitivos, las representaciones mentales (imagen mental) ponen al niño en condiciones de irse independizando del medio inmediato y su mundo interno comienza a ser más abarcador, se da un gran desarrollo de la percepción, hay un significativo desarrollo del símbolo, se amplían las acciones del niño con los objetos para lo cual necesita de la orientación del adulto que lo va guiando y propiciando la apropiación del mundo externo.

Es un período importante para el desarrollo del símbolo, en relación con el desarrollo del pensamiento y del lenguaje, de la autoconciencia, para el reconocimiento de sí mismo como ser independiente de otras personas, también para la interiorización de normas y valores sociales, así como para el juego de ficción. Por lo cual se convierte en un momento muy importante, relacionado con funciones psicológicas esenciales que dan la posibilidad al niño de desarrollarse en la complejidad de lo humano.

Aunque más independiente emocionalmente de las figuras de apego, el niño fortalece sus vínculos afectivos, es cada vez más un individuo activo y con una vida social.

Vea en las secciones dedicadas a las pautas, los elementos que caracterizan cada una de estas etapas y sus variaciones.