noviembre 2013 Archives

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El hombre es capaz de trascender a la naturaleza, a la religión, a la sociedad y a la tecnología, de elevarse por encima de las superestructuras para alcanzar la espiritualidad pero esta no es una elevación individual sino una consciencia que se conecta a las demás consciencia es una unión espiritual que se convierte en un todo.

Al trascender a la naturaleza (los limites naturales) el hombre adquiría consciencia (autoconciencia) de si mismo como individuo pero su consciencia era demasiado solitaria y necesito de la religión para compartir su soledad y su angustia ante el poder que había adquirido. Con la religión el hombre compartía su fuerza interior con otra fuerza externa. Hoy el hombre ha creado otra forma de dependencia: la social y se sometió a la ley del mercado, del éxito, del consumismo, de la competencia, del placer, del individualismo y de la ganancia a toda costa. El hombre necesita nuevamente trascender su condición social y alcanzar una consciencia colectiva (transconsciencia).

Y es que el hombre en su evolución paso de animal a humano y ahora debe pasar de humano a SER humano, todo intento en esa evolución ha sido abortado por su condición animal aun latente que lo ha llevado al predominio de su instintos de dominio y poder. Mientras no evolucione y cambie su mentalidad siempre terminará abandonando su perfeccionamiento espiritual y su empatía social, y sustituyéndola por leyes (fuerzas externas) que lo llevarán a la competencia y la conquista de sus semejantes, de la naturaleza y de su propia condición humana.

Históricamente todos los intentos del hombre de transcenderse a si mismo espiritualmente y de alcanzar una consciencia colectiva han sido truncados por alguna fuerza externa, creada por el mismo, que ha terminado por someterlo.

Al igual que en las guerras donde el hombre ha ido pasando por diferentes etapas, desde la cuerpo a cuerpo hasta la no participación directa al ser sustituido por robots, en la producción también el hombre ha ido alejándose de su propia producción dejando atrás la manufactura de su producto para pasar por líneas de producción donde él es solo un engranaje hasta llegar, en un futuro, a ser totalmente sustituido por las máquinas.

Fromm

Erick Fromm, uno de los psicólogos más importantes del siglo XX, creador del psicoanálisis social y padre de la psicología humanista

Lo cual lo lleva a la enajenación, (siguiendo el pensamiento de Erick Fromm) a no sentirse como creador de sus propios actos, sino que sus actos y las consecuencias de ellos se han convertido en amo suyo. Se siente a sí mismo como un extraño. Esto tiene que ver con la aceptación de fuerzas externas que lo controlan y lo dominan en lugar de ser guiado por su propia fuerza interior.

Marx llama enajenación al estado del hombre en que sus propios actos se convirtieron para él en una fuerza extraña, situada sobre él y contra él, en vez de ser gobernada por él.

El humanismo debe convertirse en amor a la humanidad, en buscar desarrollar la fuerza interior y dejar de depender de fuerzas externas, en aceptar que creer en sí mismo lleva inevitablemente a creer en la humanidad, en sustituir la ideología individualista por una colaborativa, en buscar la cooperación no solo entre humanos sino, también, entre humanos y tecnología, y en desarrollar tecnología colaborativas que no faciliten relaciones sociales profundas que permitan crecer espiritualmente.

Es necesario alcanzar un perfeccionamiento espiritual, luchar por desarrollar todo el potencial del SER y liberar las mejores cualidades humanas e ir hacia una evolución verdaderamente humana. En lugar de poner las mejores cualidades humanas en un Dios, en el ser amado o en un líder, se deben colocar las mejores valores humanos en la humanidad como un todo (consciencia social), Es más; se deben colocar en nosotros mismo como individuos que tenemos una herencia biológica (instintos), que poseemos una espiritualidad, que vivimos en sociedad y nos manifestamos a través de nuestras relaciones (hoy superficiales) y que nuestro progreso humano depende de cómo seamos capaces de encarar los desafíos que encierra un progreso tecnológico cada vez más distante de nuestro propio progreso humano.