El 'bypass' gástrico induce cambios en la microbiota

La cirugía de bypass gástrico alteraría la composición de la microbiota intestinal, cambios que podrían contribuir a la rápida pérdida de peso experimentada por los pacientes después de someterse a esta cirugía.

La cirugía de bypass gástrico parece alterar la composición de la microbiota intestinal, cambios que podrían contribuir a la rápida pérdida de peso experimentada por los pacientes después de someterse a esta cirugía, según los datos de un estudio realizado en modelo experimental que publica el último número de Science Translational Medicine. Esta observación puede ser el primer paso para proponer otras alternativas diferentes no quirúrgicas, según Alice Liou, del Hospital General Kaplan de Massachusetts (Estados Unidos).

Los cambios se notaron principalmente en dos grupos de gérmenes: proteobacterias como la E. coli y las verrucomicrobios, que normalmente no se detectan en humanos y roedores sanos. Además, las alteraciones se producían de forma significativa y rápida tras la cirugía, después de una semana, y muy especialmente en el intestino distal, zona más alejada del lugar de la cirugía. “Variaciones en los tipos de ácidos grasos de cadena corta en la microbiota pueden ser los responsables de la pérdida de peso”, según Liou.

Fuente: Diario Médico: 1/4/2013

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Se triplica la incidencia en niños de enfermedades inflamatorias intestinales

El número de menores que sufren enfermedad inflamatoria intestinal se ha triplicado en España en los últimos 14 años, según los resultados de un estudio de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica, coordinado por el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.
Tras analizar 2.107 casos diagnosticados en 78 hospitales españoles, los responsables del estudio han constatado que se ha pasado de 80 anuales en 1996 a 221 en 2009, lo que supone un incremento del 280%, ha informado este miércoles el centro sanitario catalán en un comunicado.
Este tipo de enfermedades se diagnostican a una edad media de 12 años y tienen mayor incidencia en niños, con un 56,4% de los casos.
La enfermedad de Crohn, la más predominante en los menores, es la que ha experimentado un mayor crecimiento en los últimos años: el 55% de los niños diagnosticados de una enfermedad inflamatoria sufren Crohn y el 37%, colitis ulcerosa.

Del mismo modo, la enfermedad de Crohn ha pasado de tener una incidencia de 0,53 casos por cada 100.000 menores en 1996 a 1,7 casos en 2009, mientras que la colitis ulcerosa ha pasado de 0,39 casos a 0,88 en el mismo periodo.
Inflamación crónica
Las enfermedades inflamatorias intestinales están causadas por una inflamación crónica del intestino que provoca dolores abdominales, diarrea, hemorragias en el recto y pérdida de peso, entre otros síntomas.
Los menores que las sufren requieren controles médicos periódicos, ingresan en centros sanitarios con frecuencia y deben recibir tratamiento farmacológico permanente.
Fuente: Jano Online: http://www.jano.es/jano/actualidad/ultimas/noticias/janoes/triplica/incidencia/ninos/enfermedades/inflamatorias/intestinales/_f-11+iditem-19364+idtabla-1

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Celiaquía, enfermedad camaleónica y frecuente

La celiaquía es una patología multisistémica que puede aparecer en cualquier momento de la vida, no sólo en los primeros años.
La percepción de la enfermedad celiaca vive una transformación: del concepto, tan arraigado como erróneo, de enfermedad digestiva y propia del niño, se está pasando al más correcto de patología multisistémica y posible en cualquier momento de la vida en individuos genéticamente predispuestos. Sobre esa visión de la enfermedad ha girado el VSimposio Internacional sobre Enfermedad Celiaca, organizado por la Fundación Carlos Vázquez bajo la coordinación de Isabel Polanco Allué, jefe del Servicio de Gastroenterología y Nutrición del Hospital Infantil Universitario La Paz (Madrid).
Sobre el diagnóstico, aún tan deficitario, Polanco ha recordado que, por el momento, el convencional se realiza mediante la biopsia intestinal. “No obstante, se ha avanzado mucho en la especificidad de los marcadores serológicos: los anticuerpos anti-gliadina, anti-péptidos desaminados de gliadina, antiendomisio y antitransglutaminasa tisular están alcanzando una correlación con el resultado de la biopsia de hasta el 98 por ciento”.
Ello permite, aunque en casos muy bien seleccionados de niños y adolescentes, un diagnóstico sin recurrir a la biopsia, “siempre y cuando haya un estudio genético que indique predisposición a la enfermedad, una presencia francamente positiva (diez veces por encima del punto de corte) de los anticuerpos, una historia clínica y síntomas evidentes, y exista respuesta a la supresión de gluten de la dieta”, ha matizado la catedrática.

Algo que dificulta el diagnóstico de la enfermedad celiaca es el hecho de que su expresión clínica es muy variada. De hecho, la archiconocida manifestación clínica en forma de diarrea, inapetencia, distensión abdominal y pérdida de peso es también la menos frecuente. “Son más comunes los síntomas que simulan un colon irritable, una dispepsia postprandial, abortos de repetición, infertilidad, alopecia, anemia ferropénica, parestesia y dolor articular”, ha enumerado Polanco. “Todos ellos son síntomas que a priori no se asocian a un diagnóstico de celiaquía, lo que redunda en una media de retraso en el tratamiento de ocho años”.

Prevención primaria
En el simposio también se ha abordado la perseguida prevención primaria de la enfermedad, sobre la que el consorcio internacional de investigadores Prevent CD lleva a cabo un estudio. En el trabajo participan, además de Isabel Polanco y Eva Martínez-Ojinaga, del Hospital La Paz, Gemma Castillejo, del Hospital de Reus (Tarragona), y Carmen Ribes-Koninckx, del Hospital La Fe (Valencia).

El ensayo, prospectivo y doble ciego, ya se ha cerrado con una cohorte de 1.300 niños europeos con riesgo genético de celiaquía (progenitores o hermanos con la enfermedad). Los resultados definitivos se conocerán el próximo julio. Los pequeños, todos ellos con lactancia materna, fueron asignados a dos grupos a partir de los cuatro meses: uno recibió placebo y el otro, un miligramo de gluten hasta que a los seis meses los niños recibieron las dosis de gluten habituales a esa edad.

“Se han registrado 69 pacientes celíacos en los que la enfermedad debutó en torno a los dos o tres años de vida; también se registró en ellos un aumento de autoanticuerpos previo a la lesión intestinal”, ha añadido Polanco. Y ha recordado que la hipótesis del ensayo era determinar si la administración de mínimas cantidades de gluten podría inducir un fenómeno de tolerancia de proteína en individuos genéticamente predispuestos. “Parece que se va a confirmar, aunque aún tenemos que comprobar si entre los niños que expresaron la enfermedad había o no alguno que tomaba gluten precozmente”.
Celiaco es el que puede, no el que quiere
Los marcadores genéticos HLA- DQ2 ó DQ8 ofrecen un carácter predictivo negativo en la enfermedad celiaca: sólo un 3 por ciento de los sujetos con estos marcadores positivos la desarrollan. Así, estos rasgos genéticos permiten descartar el diagnóstico, pero no alcanzarlo por sí mismos, pues sólo revelan la predisposición a la patología: “Es celiaco el que puede y no el que quiere”, sintetiza Isabel Polanco, del Hospital La Paz. Por cada persona diagnosticada con celiaquía hay nueve o diez que ignoran su condición. Polanco, que ha editado la monografía Enfermedad celiaca: Presente y futuro, coordinó un protocolo de diagnóstico precoz en 2008 a nivel nacional para avanzar, con especial hincapié en la atención primaria, en la detección precoz de esta enfermedad.
Fuente: Diario Médico: 19/3/2013

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La carga genética tiene más peso que los factores ambientales en el desarrollo de la hepatitis C

Un estudio multicéntrico en el que han participado 14 centros hospitalarios del país revela que la carga genética es un factor predictivo y de riesgo que ostenta más peso a la hora de desarrollar hepatitis C que los condicionantes ambientales, como pueden ser el alcoholismo, el sedentarismo y la obesidad.
Manuel Romero, director de la Unidad Médico-Quirúrgica de Enfermedades Digestivas del Hospital Universitario de Valme (Sevilla), ha explicado que para llegar a esta conclusión se han analizado hasta 250.000 marcadores genéticos en cerca de 2.000 pacientes provenientes de estos 14 hospitales,y ha señalado que los factores ambientales tienen el peso suficiente como para poder desarrollar por sí mismos la enfermedad si no se controla.
En una primera fase de este trabajo se cotejaron los datos de 150 pacientes con hepatitis C y los datos de personas no infectadas que formaban parte del grupo control. Posteriormente, en una segunda fase se contó con la colaboración de 1.500 pacientes. El grupo de control, formado por personas no infectadas, estaba compuesto por 800 individuos.
La investigación consistió en conocer la información genética del paciente y del virus de la hepatitis C, con el fin de prever las posibilidades de infección de cada enfermo, hacer una selección de virus a través de sus genotipos, intervenir en la evolución de la enfermedad y posibilidad de curación, además de anticipar los efectos adversos del tratamiento.
Genes involucrados
Romero ha detallado que los genes relacionados son “el PNPLA3, también denominado adiponutrina, y que es el encargado de regular la grasa; el PTN3A2 o butirofilina, que se encarga de regular la infección; el RAF4, que también regula la infección; y el gen KLF12, que regula el desarrollo de la anemia”. “Cada uno de esos genes, junto a la interlucina 28B anteriormente descubierta, cuando sufren mutaciones provoca a la persona que prolifere el desarrollo de la hepatitis C”, explica el especialista.
“Como consecuencia de ello, podemos diseñar dianas terapéuticas que nos ayuden a luchar contra la enfermedad, cambiando el curso de su evolución o evitando, incluso, que se infecte el paciente”, afirma Romero.
Este proyecto ha contado con la financiación de la Consejería andaluza de Salud y Bienestar Social, del Fondo de Investigaciones Sanitarias (FIS) y del CIBEREHD (Centro de Investigación Biomédica en Red en Enfermedades Hepáticas y Digestivas) del hospital sevillano.
Fuente: Diario Médico, 19/3/2013

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Sólo se ha logrado aislar el 15% de las especies bacterianas intestinales

El proyecto MetaHIT, cuyos resultados se presentaron en junio de 2012, ha conseguido generar un catálogo de 3,3 millones de genes bacterianos.
Dusko Ehrlich, coordinador de la iniciativa y ponente del congreso Microbiota Intestinal para la Salud, ha indicado que se ha “progresado mucho en los últimos cinco años, pero aún queda trabajo por hacer”. Entre otras razones, porque sólo se ha caracterizado en torno al 15 por ciento de las especies bacterianas. “Aún no hemos sido capaces de aislar y secuenciar los genomas del 85 por ciento restante, pero ahora que sabemos que existen podremos trabajar en el futuro para aislarlas y, tal vez, hallar su valor terapéutico”, ha recalcado.
Este científico francés, director emérito de investigación en el Instituto Nacional para la Investigación Agrícola (INRA), considera que los conocimientos sobre la microbiota “podrían conducir a un cambio de perspectiva en medicina: desde los tratamientos curativos a otros mucho más preventivos y, posiblemente, más suaves”. En definitiva, terapias más adaptadas gracias a intervenciones en la dieta o con la administración de probióticos. “Esto puede tener un gran impacto en la salud global y en su coste”, ha apostillado.
Diversidad
Los estudios en este campo revelan que la clave para tener una microbiota adecuada y, por lo tanto, una mejor salud, está en la diversidad. “Un individuo sano tiene entre 500.000 y 600.000 genes de microorganismos. En caso de enfermedad, como síndrome de intestino irritable u obesidad, esta riqueza se reduce”.

Según el investigador, “se puede determinar de forma muy exacta si una persona tiene una microbiota sana o menos saludable”. Se abre, por lo tanto, la posibilidad de realizar diagnósticos. Pero también pueden desarrollarse herramientas pronósticas, así como de monitorización de la respuesta al tratamiento. “Parece haber una correlación entre la diversidad y la respuesta a las terapias”, ha señalado Ehrlich.
También se está consiguiendo afinar cada vez más en las especies concretas de microorganismos que están relacionadas con una mejor salud. “Usando sólo media docena de especies podemos obtener un reconocimiento muy fiable de la diversidad de la microbiota”, ha alegado el científico francés.
Fuente:Diario Médico, 27/2/13

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