La cardiomiopatía cirrótica, ligada a menor supervivencia

El servicio de Gastroenterología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid ha presentado un trabajo sobre la relevancia de la disfunción diastólica del ventrículo izquierdo (DDVI) en la historia natural y supervivencia de pacientes cirróticos.

Según datos obtenidos de 80 pacientes seguidos durante al menos un año, la DDVI es frecuente en casos de cirrosis. Su grado se asocia con una mayor presencia de disfunción circulatoria y con una menor supervivencia. Los autores apuntan que, en pacientes en lista de espera para trasplante hepático, la DDVI grado 2 es un factor predictivo independiente de supervivencia.

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Hallar genes que cubran los vacíos de IL-28, reto en VHC

El Congreso de la Asociación Española para el Estudio del Hígado, celebrado en Madrid, ha confirmado la relevancia de la IL-28, un marcador que modificará la terapia en hepatitis C, según opinan Fernando Pons, presidente del congreso, y Manuel Romero, del Hospital de Valme.

El Congreso Nacional de la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), que se ha celebrado en Madrid, ha tenido a la interleucina 28 (IL-28) como una de las principales protagonistas. Fernando Pons, del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, de Santander, y presidente del congreso, ha apuntado que el tratamiento de las hepatopatías víricas, la hipertensión portal relacionada con el paciente cirrótico y el abordaje del hepatocarcinoma han sido otras de las cuestiones más destacadas.

La IL-28 se está ganando en los últimos años un nombre propio escrito en mayúsculas. Pons ha destacado que, como marcador de respuesta al tratamiento antiviral de la hepatitis C, “no sólo tiene influencia en nuevos infectados con enfermedad crónica, sino también en los pacientes que recidivan después de un trasplante”.

Lipoviropartículas
Manuel Romero, del Hospital de Valme, de Sevilla, lleva tiempo relacionado con la IL-28. Su grupo es uno de los que más presentaciones ha tenido en el congreso: catorce. Según ha explicado a Diario Médico, una de las más interesantes ha estado relacionada con el genotipo de la IL-28b en relación al SNP rs12979860, que modula el metabolismo lipídico en pacientes con VHC pero no afecta a personas sanas.

Romero ha dicho que el virus viaja por el organismo en forma de lipoviropartículas: “Su presencia reorganiza la síntesis y secreción del colesterol y provoca que las personas con el genotipo CC, el más favorable para la curación, tengan niveles más altos de colesterol, mientras que con el genotipo desfavorable los niveles son bajos”.

El juego a tres bandas que se produce entre el virus, la genética y el metabolismo es especialmente interesante: “Los resultados patológicos y clínicos dependen de la existencia o no del virus. Hay que conocer mejor los mecanismos moleculares implicados, porque aunque parece fácil explicarlos a través de las lipoviropartículas ésta es una respuesta simplista que hace falta mejorar”.

Aguja (de oro) en un pajar
Romero ha añadido que el caso de la IL-28 “ha sido una revolución absoluta. Hacer un estudio de genoma humano libre de hipótesis es buscar una aguja en un pajar, pero no sólo hemos dado con la aguja, sino que es de oro”. Este polimorfismo, situado en un gen codificador de una proteína antiviral, ha permitido diferenciar márgenes de supervivencia en hepatitis C según localizaciones, ya que los asiáticos viven más que los caucásicos y éstos más que los afroamericanos.

Conocer la distribución del genotipo favorable abre la puerta a mejoras teóricas y, “sobre todo, a la aplicabilidad de la medicina individualizada. Hace quince años todos los pacientes se trataban de igual manera, pero la llegada de la IL-28 es el punto en el que debemos apoyarnos para clasificar las terapias. Unos pacientes requieren de terapia doble (interferón alfa-2a más ribavirina), otros triple, otros tratamiento de doce semanas, otros de un año…”. En definitiva, cambiarán las dosis, la duración del tratamiento y los fármacos que se han de combinar.

Cubrir los vacíos de IL-28
Por el momento, el uso de la IL-28 queda encuadrado en la hepatitis C. Esta interleucina se asocia con la posibilidad de curación pero no con la progresión de la enfermedad, la fibrosis o la carga viral, por lo que no tiene impacto en otras patologías. El equipo de Romero ha trabajado con ella en cirróticos y no ha observado ningún impacto más allá de la posibilidad de curación en hepatitis C.

El siguiente paso, “porque esto no es más que el punto de partida”, es buscar qué otras señales genéticas predecirán respuesta en casos en que la IL-28b no sea útil: “Estamos tan convencidos de que la respuesta está en la genética; hay tantos trabajos en marcha que es probable que el próximo año haya novedades”.

ENCEFALOPATÍA HEPÁTICA

Romero también se ha referido a otra de sus líneas de investigación, la relacionada con la encefalopatía hepática: “Estamos desarrollando un inhibidor de la glutaminasa como nueva opción terapéutica. El producto, un derivado de la tiurea inhibidor selectivo de la glutaminasa tipo K, THDP-17, ya está patentado y está mostrando muy buenos resultados”. En modelo animal, THDP-17 no inhibe significativamente la actividad glutaminasa tipo-L, por lo que mejora el perfil de seguridad y eficacia. Con respecto a los efectos adversos, los ratones, que eran sacrificados a las 72 horas, presentaban un leve edema pulmonar.

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La gente que tiene enfermedad intestinal está en mayor riesgo de coágulos en los pulmones y las piernas

Un estudio halla que tienen casi dos veces más probabilidades de desarrollar una masa peligrosa que aquellos que no tienen enfermedad inflamatoria del colon.

Un estudio reciente halla que la gente que tiene enfermedad inflamatoria del colon (EIC) tienen el doble del riesgo de desarrollar un coágulo potencialmente mortal (tromboembolia venosa) en las piernas o los pulmones que la población en general.

La enfermedad inflamatoria del colon incluye enfermedades como la de Crohn y la colitis ulcerativa, que pueden causar dolor abdominal, vómitos diarrea, pérdida de peso y otros problemas.

La tromboembolia venosa (TEV), que incluye la trombosis venosa profunda, la embolia pulmonar y la trombosis de seno sagital superior, afecta a cerca de dos de cada mil personas al año en los EE. UU. y otros países desarrollados.

Los investigadores compararon la cantidad de casos nuevos de TEV diagnosticados entre 1980 y 2007 en cerca de 50,000 adultos y niños que tenían EIC, y más de 477,000 personas del público en general.

Luego de tener en cuenta factores de riesgo conocidos para la tromboembolia venosa, como fracturas, cáncer, cirugía y embarazo, los investigadores concluyeron que las personas que tenían EIC tenían dos veces más probabilidades de desarrollar TEV que los de la población en general.

En general, la TEV es más común en personas de mayor edad, independientemente de que tengan EIC. Sin embargo, este estudio halló que el riesgo de TEV en quienes tenían enfermedad inflamatoria del colon fue mayor a una edad más temprana, frente a la población general.

Entre quienes tenían veinte años o menos, el riesgo de embolia pulmonar fue seis veces superior para los que tenían EIC.

Incluso tras tomar en cuenta la enfermedad cardiovascular, diabetes, enfermedad cardiaca congestiva, terapia de reemplazo hormonal o medicamentos antipsicóticos, que se sabe que elevan la probabilidad de VET, el riesgo seguía siendo hasta ochenta por ciento superior.

Según los investigadores, los hallazgos, publicados en línea el 21 de febrero en la revista Gut, sugieren que la EIC podría ser un factor de riesgo independiente de formación de coágulos.

Tomado de: Noticias de Salud, MedlinePlus:  http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_109112.html

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Virus de hepatitis podría transmitirse en fertilización in vitro

Aunque no hay pruebas directas de la transmisión del virus de la hepatitis B (VHB) al bebé después de la FIV, el virus podría estar en los oocitos y los embriones, publica un equipo de China en la revista Fertility and Sterility.

El equipo de Guijin Zhu, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, señala que se halló ADN del VHB en espermatozoides, pero nunca se había estudiado el riesgo de transmisión del VHB a través de oocitos y embriones.

Para eso, el equipo estudió a 31 parejas, en las que la mujer tenía antígeno de superficie de la hepatitis B (HBsAg) negativo y el hombre, HBsAg positivo; 41 parejas, en las que la mujer tenía HBsAg positivo y el hombre, HBsAg negativo, y 39 parejas seronegativas.

En el grupo seronegativo no se halló el VHB. Se identificó ADN del VHB en embriones de tres parejas con los hombres HBsAg positivos, y ARN del virus en embriones de nueve parejas del mismo grupo.

“Esto es una prueba directa de la hipótesis de que los espermatozoides pueden ser vectores de la transmisión vertical del VHB a los embriones, y de que el virus se puede replicar”, dijo Zhu a Reuters Health.

Se identificó ADN del VHB en oocitos y embriones de tres mujeres con HBsAg positivo y ARN del virus en oocitos y embriones de ocho mujeres con HBsAg positivo. “Por lo tanto, parece existir riesgo de transmitir el VHB a través de los oocitos y los embriones de mujeres con HBsAg positivo”, agregó Zhu.

No hubo relación entre la carga de ADN del VHB en líquido folicular y la infección viral en oocitos y embriones.

Dado que no se detectó VHB en todos los portadores, el equipo opina que el virus no penetraría por completo el área pelúcida de los oocitos y los embriones de algunas mujeres.

FUENTE: Fertility and Sterility, febrero del 2011

Tomado de: Noticias de SAlud, MedlinePlus:  http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_109138.html

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Desde los años 80, disminuyeron los casos de hepatitis C en EEUU

Las nuevas infecciones hepáticas por el virus de la hepatitis C son mucho menos comunes hoy en Estados Unidos que a comienzo de los 80.

Según un nuevo estudio de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), a mediados de esa década, casi 70 de cada millón de estadounidenses sufría hepatitis C aguda por año. Entre 1994 y el 2006, esa cantidad se redujo un 90 por ciento a sólo 7 por millón de habitantes por año.

Con los años, los adictos a las drogas inyectables concentraron una creciente proporción de casos y el riesgo de infectarse sigue siendo un problema importante de salud pública, afirma el equipo en Archives of Internal Medicine.

Las nuevas infecciones por el virus de la hepatitis C (VHC) no suelen ser evidentes. La mayoría de los casos no tiene síntomas; en silencio, la enfermedad va dañando el hígado durante años hasta que se la diagnostica.

Pero dos o tres de cada 10 nuevas infecciones son de “hepatitis aguda”, que causa fiebre, náuseas, malestar generalizado y hace que la piel se ponga amarilla porque el hígado no funciona bien.

El VHC se transmite a través del contacto con sangre infectada, principalmente a través del intercambio de jeringas, aunque una pequeña cantidad de casos es por transmisión sexual o vertical (madre-hijo) durante el parto.

Hasta ahora, las medidas para controlar la transmisión del VHC entre los consumidores de drogas “tuvieron algo de éxito”, dijo el doctor John Ward, director de la División de Hepatitis Viral de los CDC. Ward no participó del estudio dirigido por el doctor Ian T. Williams.

El equipo de Williams analizó las tasas de hepatitis C aguda de seis condados de Estados Unidos entre 1982 y el 2006. Además de hallar que la tasa de nuevas infecciones había disminuido, obtuvo nuevos resultados sobre algunos grupos de riesgo.

En los receptores de transfusiones, por ejemplo, el riesgo de infección por el VHC en la sangre disminuyó en el tiempo; entre 1994 y el 2006 se identificaron sólo cinco casos posibles.

Desde 1992, toda la sangre donada en Estados Unidos se analiza para detectar el VHC. Ahora, la posibilidad de recibir sangre contaminada es de una en 2 millones, según los CDC.

La cantidad de casos asociados con el uso de drogas inyectables también se redujo con el tiempo, pero la proporción en la tasa de hepatitis C aguda sigue creciendo: pasó del 32 por ciento de los casos en la década de 1980 a por lo menos el 46 por ciento entre 1994 y el 2006.

En otro tercio de los casos, no hubo un factor de riesgo claro, aunque la mayoría de esos pacientes dijo que había consumido drogas.

Las medidas para controlar la transmisión del VIH en los consumidores de drogas inyectables, ya sea a través de la educación o los programas de intercambio de jeringas, fueron muy efectivas, según Ward.

Pero el científico explicó que es más difícil combatir el VHC porque se disemina más fácilmente que el VIH. Incluso un mínimo rastro de sangre en la aguja de una jeringa compartida, por ejemplo, sería suficiente para transmitir la hepatitis C.

FUENTE: Archives of Internal Medicine, 14 de febrero del 2011

Tomado de: Noticias de Salud, MedlinePlus: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_108991.html

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