Peginterferón alfa-2a aclara el ARN del VHD

Un estudio que se publica hoy en The New England Journal of Medicine ha mostrado que un tratamiento con peginterferón alfa-2a durante 48 semanas, con o sin adefovir, logra un aclaramiento sostenido del ARN del virus delta de la hepatitis (VHD) en cerca de un cuarto de los pacientes con infección por VHD.

En el ensayo aleatorizado, coordinado por Heiner Wedemeyer, de la Facultad de Medicina de Hannover, en Alemania, 31 pacientes con infección por VHD recibieron tratamiento con 180 microgramos de peginterferón alfa-2a semanalmente más 10 mg de adefovir a diario, 29 individuos recibieron la misma dosis de peginterferón alfa-2a semanalmente más placebo y a 30 sujetos se les administraron 10 mg de adefovir solo durante 48 semanas.

A todos los participantes se les hizo un seguimiento adicional de 24 semanas de duración.

Otros puntos de eficacia
Además del aclaramiento del ARN del VHD, otros puntos de eficacia valorados por los autores del trabajo fueron la normalización de los niveles de alanina aminotransferasa y un descenso en los niveles del antígeno de superficie de la hepatitis B.
(N Engl J Med; 2011; 364: 322-31).

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Analgésicos que contienen acetaminofén podrían causar daño hepático

La Administración de Alimentos y Fármacos de los Estados Unidos (FDA) advirtió que los fármacos que contienen  acetaminofén, un ingrediente activo de muchos analgésicos como el Tylenol, deben advertir en sus prospectos a los consumidores sobre posibles daños al hígado y que limiten la dosis de una pastilla a 325 miligramos, para reducir los riesgos para este órgano. Los cambios no se aplican a medicamentos sin receta médica, sino a analgésicos combinados de prescripción médica como Percocet, Vicodin y Tylenol con codeína.
“Las sobredosis de productos combinados de prescripción médica que contienen acetaminofén son responsables de casi la mitad de todos los casos de daño al hígado vinculado a este componente en Estados Unidos, muchos de los cuales resultan en trasplante del órgano o la muerte del paciente”, dijo Sandra Kweder,  vicedirectora de la oficina de nuevos medicamentos de la FDA.
La agencia también advirtió del peligro del consumo de alcohol combinado con acetaminofén, pues la interacción entre estas sustancias afecta al hígado.

Tomado de: Al Día, Infomed: http://www.sld.cu/servicios/aldia/view-aldia.php?idn=12443

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Desarrollan terapia para el tratamiento del cáncer de colon con metástasis en el hígado

Un equipo de científicos españoles ha desarrollado una técnica de terapia génica que, con la combinación de inmunoterapia y quimioterapia, mejora los resultados en el tratamiento del cáncer de colon con metástasis en el hígado.
Los resultados, por el momento, solo se han obtenido en animales, informaron los responsables de la investigación, Jesús Prieto y Rubén Hernández, del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra (norte de España).
El cáncer de colon presenta una tendencia a extenderse al hígado, donde más de la mitad de los pacientes presenta metástasis hepáticas, que limitan gravemente sus opciones de curación, según indicaron las mismas fuentes.
En los casos muy incipientes, las metástasis se pueden eliminar por cirugía, pero en la mayoría de los pacientes no es posible o las metástasis reaparecen al cabo de un tiempo, por lo que la quimioterapia es la única alternativa, aunque su eficacia a largo plazo es limitada.
“Este tratamiento combinado -señalan- elimina metástasis pre-existentes y protege al hígado frente a posibles recidivas”.
En opinión de Prieto y Hernández, “los resultados obtenidos con animales confirman que es una modalidad terapéutica sumamente prometedora que podría ser eficaz en pacientes con tumores de colon metastásico en hígado”.
En la actualidad, el trabajo de los investigadores se centra en perfeccionar los mecanismos para producir vectores de terapia génica con un rendimiento y pureza compatibles con su utilización clínica, mientras se proponen validar estos resultados en otros modelos experimentales para predecir en lo posible el efecto que tendría en humanos.

Tomado de: Al día, Infomed: http://www.sld.cu/servicios/aldia/view-aldia.php?idn=12492

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Demuestran cómo intervienen las bacterias del intestino en la pérdida de peso y desarrollo de afecciones gastrointestinales

Las bacterias del intestino podrían jugar un papel más importante del que se creía en la pérdida de peso y en el desarrollo de afecciones gastrointestinales, según demostraron investigadores de la Sección de Gastroenterología Pediátrica, Hepatología y Nutrición del Baylor College of Medicine de Houston, Estados Unidos, en un estudio publicado en la The FASEB Journal.
Esta investigación sugiere que la ausencia de receptores intestinales de tipo Toll 2 (Tlr2) afecta a las bacterias del intestino, lo que podría abrir una nueva vía para manejar los trastornos intestinales y el exceso de peso.
Una deficiencia de Tlr2 utilizada por los mamíferos, incluidos los seres humanos, para reconocer a los microbios que residen en los intestinos lleva a que se produzcan cambios en las bacterias intestinales que son similares en animales y en humanos.
Este descubrimiento respalda anteriores investigaciones, lo que demuestra que una deficiencia de TLR2 protege contra la obesidad y al mismo tiempo, provoca problemas gastrointestinales, como la excesiva inflamación. Además, muestra que los genes que controlan la expresión de los TLR2 juegan un papel muy importante en la “salud gastrointestinal” de los individuos y en el manejo de su peso.
Según uno de los investigadores, Richard Kellermayer, “este trabajo subraya la notable capacidad que tiene una reprogramación organizada de la red inflamatoria para superar significativos cambios genéticos en el intestino de los mamíferos”. “El uso apropiado de esta notable capacidad podría prevenir y optimizar el tratamiento de enfermedades metabólicas comunes (como la obesidad o la diabetes mellitus) y los desórdenes gastrointestinales”, agregó.
Para hacer este descubrimiento, el equipo de Kellermayer estudió a un grupo de ratones normales y de ratones con deficiencia de TLR2 utilizando el largo forro intestinal de estos animales. Los expertos compararon los roedores que tenían una deficiencia de TLR2 con los normales, así como la bacteria, el epigenoma (en concreto la metilación del ADN, un cambio molecular en el ADN asociado con una reducción de la expresión genética) y la expresión genética de estos animales.
Descubrieron que la ausencia de TLR2 generaba cambios microbianos en el intestino que eran similares en animales y personas delgadas, así como cambios inmunológicos parecidos a los observados en la colitis ulcerosa.
Este hallazgo abre una nueva vía para la búsqueda de soluciones contra la obesidad, primero convirtiendo al TLR2 en una diana de un futuro fármaco contra la afección y segundo, consiguiendo más evidencias de que manejar las bacterias del intestino podría ser una forma importante y efectiva para controlar el peso. El reto ahora es encontrar la forma de decantar la balanza lo suficiente para mantener el peso bajo control sin causar serios problemas gastrointestinales.

Tomado de: Al Día, Infomed: http://www.sld.cu/servicios/aldia/view-aldia.php?idn=12427

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Un cáncer de páncreas curado gracias al trasplante a un ratón

Transferir el tumor al animal permite investigar con los fármacos y dar con una solución personalizada.

Los sufridos ratones de laboratorio pueden ser los futuros catavenenos de los enfermos de cáncer. Al menos, eso es lo que está investigando uno de los recientes fichajes del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Manuel Hidalgo. El médico, que hasta hace poco estaba en el Johns Hopkins de Baltimore (EE UU), ha conseguido con la ayuda de estos roedores lo que él cree que se podría calificar como “el primer caso de un cáncer avanzado de páncreas que se ha curado”.

El sistema que se aplicó -de momento a un único paciente- es una combinación de análisis genético para saber qué fármacos pueden funcionar y de experimentación directa sobre el propio tumor. “Tuvimos suerte y acertamos, porque no había margen de error”.

Los ratones desempeñaron un papel relevante: se le trasplantó el tumor que se había quitado al paciente, y así se pudo ensayar en él qué fármaco funcionaba, sin que tuviera que exponerse a tratamientos costosos y penosos con graves efectos secundarios.

El beneficiario fue Mark Gregoire, que ahora tiene 65 años. “Llegó al hospital en silla de ruedas. Era más un candidato a cuidados paliativos que a un intento de cura”, recuerda Hidalgo. A Gregoire le habían pronosticado en mayo de 2006 unas pocas semanas de vida. Tenía 61 años, un agresivo cáncer de páncreas y pocas esperanzas de supervivencia. Casado, con dos hijas y tres nietos, regentaba un negocio de reparación de bicicletas en Florida. Su hermano padecía la misma enfermedad y su hermana había fallecido a causa de ella a los 40 años. Mark no estaba contento con la atención que había recibido en el centro médico de Miami en el que se le estaba tratando, así que decidió contactar con el Johns Hopkins, en Baltimore, donde su hermano había acudido y en el que había quedado bastante contento. Lo normal es que Gregoire hubiera sufrido el mismo desenlace que sus hermanos. El cáncer de páncreas es de los que peor diagnóstico tiene. El 95% de los pacientes fallece, indica Hidalgo.

Como recuerda por teléfono el propio paciente, contactó con el Centro Comprensivo sobre el Cáncer Sidney Kimmel, afiliado a aquel hospital, un miércoles de junio de 2006. El lunes siguiente ya estaba hablando con Hidalgo, que le habló del tratamiento experimental que habían puesto en marcha en el hospital. Se trataba de extirparles a los pacientes de cáncer de páncreas el tumor e implantar partes de este en diversos ratones, para tratarles con distintos medicamentos y ver cuál resultaba el más efectivo para cada caso. El viernes siguiente, Mark ya estaba en el quirófano.

A los ratones a los que se le había implantado el tumor de Mark se les sometió a distintos tratamientos dos veces por semana durante cuatro semanas. El más efectivo resultó ser la mitomicina C, un medicamento que previene la multiplicación de las células tumorales creando puentes en la doble hélice del ADN. Mientras tanto, a Mark se le había sometido a un tratamiento con quimioterapia y gemcitabina que había resultado ineficaz. La enfermedad había comenzado a hacer mella en él.

Los doctores decidieron tratar a Mark con mitomicina C, por ser el remedio más efectivo sobre los ratones. Durante cuatro meses se le administró ese medicamento, lo que provocó que sus marcadores tumorales en sangre decrecieran un 50% por mes, hasta la desaparición total del tumor en el páncreas. Mientras tanto, y debido a los efectos secundarios del tratamiento, se le administraron analgésicos, que abandonó 12 meses después de salir del quirófano.

“Los médicos me iban informando detalladamente de todo el proceso”, explica. “Yo sabía que era algo experimental y que, como todo en este campo, asumía unos riesgos. Pero los médicos que me habían visto al principio me habían dado semanas de vida y no tenía nada que perder. Y aquí sigo, ahora, cuatro años después. Conozco el cáncer de páncreas muy bien, por mis hermanos. En total, tres de siete hermanos lo hemos padecido. Los médicos no tenían que decirme lo mortal que es para convencerme, fue un privilegio contar con ese tratamiento. Sin él, estaría muerto a día de hoy”.

El caso de la familia Gregoire es una clara muestra de que en estos tumores hay una base genética. “Pero no hay un patrón común a todos ellos”, indica Hidalgo. “Hay entre 600 y 700 genes que analizar en cada caso”, añade. El trabajo se ha publicado en Molecular cancer cell.

Con el tiempo, 22 meses después de la operación, el cáncer se expandió al pulmón, y Mark está recibiendo ahora tratamiento para combatirlo. “Pero me siento muy bien, excelente”, dice. “Muchísimo mejor que hace cuatro años, desde luego. Entonces me dieron semanas de vida. Hoy llevo una vida normal. El cáncer está en un lugar muchísimo menos mortal y estoy recibiendo un tratamiento contra él. Nada que ver con lo agresivo que era el cáncer de páncreas. Sé perfectamente que sin el tratamiento en Johns Hopkins no estaría vivo para contarlo”.

Siendo estrictos, no se puede considerar que a Gregoire le hayan curado del cáncer de páncreas. En oncología se considera que se ha superado el tumor a los cinco años, y estos todavía no han pasado. Pero Hidalgo cree que este puede ser el camino. “Un solo caso no sirve”, admite. “Ahora hay que ver si se puede escalar”, dice.

Y si lo hace, será en España. “Se tratará de un sistema cooperativo público y privado”, explica Hidalgo. Aparte del CNIO, participarán el Hospital de Fuenlabrada (público) y el grupo Hospital de Madrid, que ha nombrado a Hidalgo director del CIOCC (Centro Integral Oncológico Clara Campal).

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