Un estudio de investigadores italianos reveló que los celíacos potenciales, aquellos que aún no desarrollaron la enfermedad en forma evidente, también deberían llevar una dieta sin gluten. La sugerencia surgió de un estudio en la ciudad italiana de Florencia y que fue publicado por el Journal of Proteome Research y destacado por la Sociedad Química estadounidense.
Los responsables del estudio pertenecen al Centro de Investigación de Resonancias Magnéticas, a los Departamentos de Química, Fisiopatología Clínica, de Farmacología de la Universidad de Florencia, y al Centro Regional Toscano de Consulta para la celiaca y la Empresa Hospitalaria-Universitaria Meyer.
En Italia se estima que hay casi 600 mil afectados por la enfermedad, pero solo 100 mil son los casos reconocidos.
Por la notable variabilidad de las manifestaciones clínicas, aún poco conocidas, la enfermedad celiaca permanece frecuentemente sin diagnosticar.
El estudio de la Universidad de Florencia sobre 141 pacientes adultos reveló que los afectados con celiaca potencial muestran la misma impresión digital metabólica de los que ya la tienen manifiesta.
Analizaron, mediante resonancia magnética del suero sanguíneo y la orina, el perfil metabolómico de 61 celíacos confirmados, 29 celíacos potenciales y 51 individuos sanos.
Los resultados del estudio registraron que, en la mayor parte de los casos, los celíacos potenciales presentan características bioquímicas recuperables respecto de los confirmados, pero que el perfil metabólico de estos dos grupos difiere significativamente respecto de los pacientes sanos.
“Nuestros resultados demuestran que las alteraciones metabólicas por la ingestión de gluten pueden preceder a la aparición de atrofia de las vellosidades del intestino y sus consecuentes síntomas de mala absorción”, dijo Antonio Calabró, responsable del centro toscano para la celiaca.
Según el especialista, los resultados del estudio “permiten una discusión racional a favor del seguimiento precoz de la dieta sin gluten también para los pacientes con celiaca potencial.” “En otras palabras, tenemos más pruebas sobre el hecho de que el gluten pueda hacer mal a algunos pacientes antes de que la mucosa intestinal esté dañada”, como sucede con los celíacos.
“Nuestro estudio nos da una importante indicación, también en la óptica de una activa prevención de algunas manifestaciones frecuentemente asociadas a la celiaca, como por ejemplo la osteoporosis”, concluyó el investigador italiano.
Florencia, diciembre 29/2010 (ANSA)

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Las células mTERT definen todos los tipos de células intestinales

El epitelio intestinal se mantiene gracias a una población de células madre intestinales cuyo ciclo es muy veloz (Lgr5+). Algunas investigaciones han sugerido que las células madre intestinales cuyo ciclo es más lento también están presentes en el intestino con el objeto de proteger al genoma ante la acumulación de mutaciones deletéreas y de facilitar una respuesta ante el daño tisular.

En un trabajo que se publica en el último número de PNAS, un equipo de la Universidad de Harvard, en Boston (Estados Unidos), ha identificado en el intestino una población de células madre de ciclo lento caracterizadas por una expresión murina de transcriptasa inversa de telomerasa (mTERT) capaz de desarrollar células Lgr5+.

Reacción regenerativa
Los autores, que han estado coordinados por David T. Breault, señalan que las células que expresan mTERT se distribuyen a lo largo del eje de las criptas vellosas de forma similar a como lo hacen las células que retienen tinción a largo plazo; además, son resistentes al daño tisular.

En estudios de vínculo de líneas celulares se ha demostrado que las células mTERT dan lugar a todos los tipos celulares intestinales diferenciados, persisten a largo plazo y contribuyen a la respuesta regeneradora que sigue al daño tisular.

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La esteatohepatitis es la causante de la resistencia insulínica intrahepática

La alteración de la señalización de la vía insulínica está alterada en pacientes con esteatohepatitis no alcohólica, según los resultados de un estudio español que publica el último número del Journal of Hepatology. Se concluye que es la enfermedad la causante de la resistencia y que en hepatitis C es el virus quien modifica la sensibilidad a la insulina.

La esteatohepatitis no alcohólica parece ser el desencadenante de los mecanismos que inducen resistencia insulínica, al menos a nivel hepático, en pacientes con esta enfermedad. En el caso de los afectados de hepatitis C crónica, la causa directa parece estar más relacionada por la acción del virus C de la hepatitis (VHC), según los datos de una investigación clínica, la primera que se lleva a cabo sobre biopsia hepática de 151 pacientes, que se publica en el último número del Journal of Hepatology.

Este trabajo cooperativo ha sido financiado en parte por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (Ciberehdi) y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Diabetes y Enfermedades Metabólicas (Ciberdem) del Instituto de Salud Carlos III.
Desencadenamiento

“En este estudio se confirma que en la esteatohepatitis aparece alterada la señalización intrahepática de la insulina y que es la enfermedad la que modifica esta vía,  ya que cuando la esteatosis es simple, la señalización insulínica en hígado es normal. Además, la alteración de la vía insulínica intrahepática se relaciona con una cascada de actuaciones que conducen a la aparición de los fenómenos de apoptosis y de fibrogénesis. En el caso de la hepatitis C, el estudio refrenda que el virus C es quien altera la señalización de la insulina, hecho demostrado in vitro sobre hepatocitos humanos”, ha explicado a DM Carmelo García Monzón, jefe del Laboratorio de Hepatología Experimental del Hospital Universitario Santa Cristina y del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital de La Princesa, ambos en Madrid, y primer firmante de la investigación.

El trabajo también ha contado con la participación de Oreste Lo Iacono, hepatólogo del Hospital del Tajo, de Aranjuez, y Ángela Valverde y Paloma Martín-Sanz, ambas del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols, también en Madrid.

Estos hallazgos se consiguieron gracias al análisis pormenorizado de diversos grupos de pacientes: con hígado graso estaban la esteatosis simple o pura y la esteatohepatitis definida, dos subgrupos patogénicos distintos, ya que en la primera sólo existen vacuolas de grasas mientras que la segunda es una forma más grave en la que, además de grasa, existe respuestas inflamatoria e incluso muerte celular. Ambos pacientes se compararon con un grupo con hígado sano. En el grupo de la hepatitis C, los subgrupos se dividieron en hepatitis virus C genotipo 1, genotipo 1 con esteatosis y genotipo 3, subgrupo en el que el virus C es capaz por sí mismo de alterar el metabolismo intrahepático de las grasas.

El objetivo básico era especificar y caracterizar el papel de la resistencia a la insulina en estos pacientes, teniendo en cuenta, según resultados de estudios epidemiológicos, su implicación en la patogenia de estas enfermedades hepáticas, así como en su progresión.

Posible control insulínico
Lo esencial era determinar qué mecanismos se ponen en marcha para que esto ocurra y si la resistencia a la insulina es el origen o una consecuencia de la enfermedad. “Se considera que los procesos que ponen en marcha la esteatohepatitis también están afectando a la señalización de la insulina, puesto que en hígado normal y en esteatosis simple está perfectamente conservada”.

Para García Monzón, de esta investigación puede desprenderse una consecuencia clínica práctica, puesto que estos pacientes requieren tratamientos que mejoren la resistencia a la insulina. Actualmente existen fármacos, como la metformina o las más modernas glitazonas, por ejemplo, que aumentan la sensibilidad a la insulina. “Mejorar la resistencia a la insulina, con dieta, ejercicio o fármacos, va a repercutir favorablemente, sin duda, en importantes dianas patogénicas, ya que este trabajo ha demostrado que la resistencia a la insulina está unida a la aparición de apoptosis y fibrosis”.

No obstante, para el hepatólogo, determinar la causa original del hígado graso no alcohólico sigue siendo esencial. Las medidas terapéuticas actuales son un complemento de mejora, pero hay que profundizar en las causas moleculares que puedan estar implicadas, además de los denominados metabolitos tóxicos de las grasas”.

(Journal of Hepatology. 2011. vol 54 j 142-152).

Comprobaciones del daño patológico en tejido hepático

En el grupo de hígado graso, a la derecha, aparece apoptosis a medida que el avance de la enfermedad es mayor. Así, en hígado sano y en esteatosis simple no aparecen núcleos coloreados y sí lo hacen en esteatohepatitis. En los grupos de pacientes de hepatitis C, la apoptosis aparece siempre por ser el virus C el que se relaciona con muerte celular.

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El gen XIAP desvela la terapia en una patología desconocida

Un equipo de la Facultad de Medicina y el Hospital Infantil de Wisconsin ha secuenciado el genoma completo de un menor para identificar una patología intestinal desconocida. Alan D. Mayer, profesor adjunto de Pediatría en la citada universidad y gastroenterólogo en el hospital, es el autor principal del trabajo, que se publica en el último número de Genetics in Medicine.

Su equipo diagnosticó inicialmente numerosas irregularidades en el sistema inmunológico del paciente, “pero ninguna señalaba hacia una enfermedad específica”. El afectado se había sometido anteriormente a más de cien operaciones, pero su estado seguía empeorando progresivamente, ya que el intestino grueso sufría inflamación continua y diversas infecciones.

Deficiencia en XIAP
Una deficiencia en el inhibidor ligado a X de la proteína de apoptosis (XIAP) ha dado la clave para tratar al menor con un trasplante de sangre de cordón umbilical, basado en el uso de células madre de un donante sano compatible, que ha frenado la patología intestinal.

David A. Margolis, director del Programa para el Trasplante de Sangre y Médula del Hospital Infantil de Wisconsin, destaca que no ha habido recaídas y que la salud del menor sólo depende del seguimiento normal de cualquier trasplantado.

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El receptor X hepático podría intervenir en la esteatosis

Nuevas investigaciones se adentran en el papel de diversos mecanismos moleculares que intervienen en la etiopatogenia del hígado graso. Ahora, es el receptor X hepático el que se suma a esa lista estimulando la lipogénesis que caracteriza a esta enfermedad.

La lipogénesis estimulada por el receptor X hepático podría contribuir a la acumulación hepática de lípidos tanto en la enfermedad hepática grasa no alcohólica (Ehgna) como en la infección crónica por el virus C (VHC), lo que indica su papel potencial en la patogénesis de la esteatosis que acompaña a diversas enfermedades hepáticas, según las conclusiones de una investigación que se publica en el último número de Clinical Science.

El trabajo ha sido llevado a cabo por investigadores del Instituto de Biomedicina (Ibiomed), de León, encabezados por Sonia Sánchez Campos, coordinadora de este equipo, del que también forman parte  María Victoria García Mediavilla y Javier González Gallego, así como del Hospital Universitario Santa Cristina, de Madrid.

Los datos manejados en el estudio parecen descartar, según los investigadores, una posible función antiinflamatoria de la molécula, probablemente porque dicho efecto estaría contrarrestado por mecanismos proinflamatorios, tales como la disfunción mitocondrial y la lipotoxicidad presentes en la enfermedad hepática grasa no alcohólica, o la apoptosis y producción de citocinas inducidas por el virus C.

Bloquear la expresión
Según han explicado los investigadores de Ibiomed, todavía hacen falta más trabajos en esta línea, pero si “se llega a confirmar que el LXR tiene un papel patogénico en el desarrollo de la esteatosis hepática no alcohólica, el bloqueo de su expresión podría contribuir a evitar la acumulación de lípidos característica de la Ehgna”.

La Ehgna es una patología frecuente del hígado que se asocia a obesidad, resistencia a la insulina,  síndrome metabólico y diabetes tipo 2. Tanto en ésta como en otra importante enfermedad del hígado, la hepatitis crónica por virus C (VHC), existe una acumulación de lípidos que produce esteatosis hepática.

En los últimos años algunos trabajos han puesto de manifiesto que el receptor X hepático, una molécula que funciona como factor de transcripción activado por ácidos grasos, se relaciona con diversos tipos celulares de la síntesis de ácidos grasos y con una inhibición en la expresión de diversos mediadores del proceso inflamatorio.

La investigación se ha realizado a partir de una muestra de 87 pacientes con diagnóstico de Ehgna o VHC que se habían sometido a una biopsia hepática con fines diagnósticos. Como controles se utilizaron muestras procedentes de un grupo adicional de 22 enfermos con colelitiasis, en los que se practicó biopsia, sin alteraciones hepáticas.

Los resultados obtenidos en el estudio han puesto de manifiesto que “tanto en pacientes con Ehgna como en los que padecen esteatosis con VHC se producía un incremento en la expresión del receptor hepático X, que a su vez se asociaba con una mayor expresión hepática de algunos de sus genes diana, tales como los lipogénicos PPAR-gamma (peroxisome proliferator-activated receptor gamma, en sus siglas en inglés) o el SREBP (sterol regulated element binding protein)”, según Sonia Sánchez Campos, coordinadora del equipo de investigación de León, del que también ha formado parte el de Carmelo García Monzón, del Hospital Universitario Santa Cristina, en Madrid.

Sánchez también ha indicado a DM que además “se producía una regulación al alza en la expresión de mediadores de la inflamación”. Más concretamente, y según la investigadora, “el factor de necrosis tumoral alfa, de la ciclooxigenasa 2, de la interleucina 6 y de la osteopontina”.

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