La 'teoría de la higiene' se confirma en la EII

Un trabajo realizado por médicos españoles concluye que un mayor número de infecciones durante la infancia resulta protector frente a la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn.

La lucha generalizada contra los microbios ha permitido la aparición de generaciones longevas, pero también más afectadas por enfermedades autoinmunes. El primero en apuntar esta observación fue David Strachan, que en 1989 acuñó la hipótesis de la higiene como explicación al crecimiento de las alergias. Según esa hipótesis, la exposición a un menor número de agentes infecciosos durante la infancia, fruto de la mejora de las condiciones higiénico-sanitarias, podría favorecer la aparición de ciertas patologías con base inmunológica, una premisa que se ha estudiado, no sin cierta controversia, sobre todo en las enfermedades alérgicas, principalmente el asma infantil, aunque también en otras como la diabetes y la esclerosis múltiple.

En la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), tanto la colitis ulcerosa como la enfermedad de Crohn, si bien se ha constatado un aumento en su incidencia a medida que disminuía la mortalidad infantil y mejoraban las condiciones de vida, no se ha establecido un claro consenso en las publicaciones al respecto. Un mismo número de la revista americana de la especialidad llegó a publicar en 2006 dos trabajos con conclusiones enfrentadas.

A falta de resultados definitivos, Pilar López Serrano, especialista de la Unidad de Gastroenterología en el Hospital Universitario Fundación Alcorcón (Madrid), ha llevado a cabo un estudio epidemiológico casos-control para determinar los factores de riesgo ambientales asociados a la EII.

El estudio, que se publica en Scandinavian Journal of Gastroenterology, concluye que existe “una relación entre todos los factores ambientales asociados a la teoría de la higiene y la enfermedad inflamatoria intestinal. Nuestro trabajo apoya otros previos que habían encontrado esa relación, y aporta nuevos datos que contradicen los estudios que niegan dicha asociación”, destaca López Serrano.

El trabajo incluyó a 270 pacientes con la EII (124 con enfermedad de Crohn y 146 con colitis ulcerosa), que se compararon respectivamente con 235 y 278 sujetos controles. Los autores realizaron una encuesta epidemiológica recogiendo información sobre fecha de nacimiento, lugar de residencia, nivel socioeconómico y cultural, factores higiénico-ambientales (compartir dormitorio, tener animal doméstico, uso frecuente de piscina pública) y antecedentes infecciosos (vías respiratorias, gastroenteritis, hospitalizaciones) en la infancia.

  • No son determinantes las infecciones exantémicas ni las vacunas contra éstas, frente a lo que se había sugerido en otros trabajos

Más infecciones
Un vez cotejados los datos, se constató para todos los pacientes como factores de riesgo para la aparición de EII residir en un ámbito urbano y un mejor nivel cultural y socioeconómico. En cambio, fueron factores protectores un mayor número de episodios infecciosos (tanto respiratorios como gastrointestinales).

“Es importante destacar que no encontramos asociación con las infecciones virales exantemáticas. En trabajos anteriores se había intentado relacionar la EII bien con infecciones víricas o bien con antecedentes de vacunación frente a virus exantemáticos, pero nosotros no hallamos tal relación”. También, y de acuerdo con otros trabajos previos, resultó un elemento protector en la colitis ulcerosa el hábito tabáquico en el paciente y la apendicectomía.

Otro hallazgo llamativo del trabajo es que en la enfermedad de Crohn resultaron factores de riesgo la introducción de la lactancia artificial antes de los seis meses, así como del gluten de forma precoz, “aunque habría que estudiarlo con más detalle”, dice López Serrano.

Para la especialista, el trabajo sirve sobre todo para reafirmar la teoría de la higiene en estas enfermedades. Más difícil es llevar estas conclusiones al terreno terapéutico; en los casos de riesgo claro de EII (por ejemplo, cuando los dos progenitores la sufren), se podría sugerir incluir una mascota en la familia o llevar al niño pequeño a una guardería, pero esto no dejan de ser vagas recomendaciones más que pautas clínicas.

“Tendríamos que plantearnos si el combate contra los microorganismos, que tan útil ha sido para mejorar la esperanza y calidad de vida, debe ser tan drástico como se sigue en las sociedades occidentales; parece que eso puede acarrear también consecuencias negativas”.

(Scandinavian J Gastroent DOI: 10.3109/00365521. 2010.510575).

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Un modelo de intestino permite probar alimentos funcionales

Tomás Girbés, de la Universidad de Valladolid, ha desarrollado un modelo de intestino de ratón que permite estudiar las propiedades de los alimentos funcionales, puesto que reproduce un intestino dañado y posibilita analizar de forma secuencial el intestino delgado, el grueso y las vellosidades intestinales.

Los investigadores trabajan desde hace 20 años con una proteína con actividad enzimática, la nigrina b, con gran potencial de aplicación en el tratamiento del cáncer, la obesidad o el estudio del envejecimiento, han observado que la posibilidad de aplicación se encuentra en el análisis de alimentos funcionales.

“Tanto el estómago, como el intestino delgado tienen vellosidades y hendiduras denominadas criptas. Las células madre están en la base de la cripta y producen continuamente células que se diferencian y migran, o bien hacia abajo, o bien hacia arriba para reconstruir todo el intestino. La vida media de estas células es de 24 a 36 horas de manera que el tubo digestivo de una persona se renueva aproximadamente en una semana”, explica Girbés.

La nigrina b es capaz de destruir selectivamente células madre intestinales sin afectar al resto del cuerpo. Transcurridas 24 horas, la proteína produce una degradación de las criptas del intestino delgado, sin perturbar las vellosidades y a los tres días origina daño también en el intestino grueso.

La principal virtud del sistema es la capacidad de regeneración, lo que diferencia a este modelo de otros con efectos similares, que emplean sustancias químicas más agresivas. “Estos compuestos producen colitis ulcerosa y provocan efectos irreversibles. Además hay que añadírselos in situ al animal”, apunta Girbés.

El objetivo es comprobar los beneficios que aportan los alimentos prebióticos o probióticos, que deberían acelerar la recuperación del tubo digestivo. Como ejemplo Girbés expone que “las fibras provocan el aumento en la consistencia de las heces y un efecto de arrastre. Si el intestino está dañado, una de dos, o te aumenta el prejuicio o alternativamente previene la apoptosis y mantiene las vellosidades intactas”.

Fuente: Diariomedico.com

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El Crohn produce su variante de estrés postraumático

La enfermedad de Crohn produce su propia variante de estrés postraumático, según un estudio que se publica en la edición digital de Frontline Gastroenterology.

El trabajo también ha concluido que el estrés postraumático genera un círculo vicioso empeorando los síntomas de la enfermedad de Crohn.

Los investigadores, coordinados por Roland von Kaenel, profesor del Departamento de Medicina Interna de la División de Medicina Psicosomática del Hospital Universitario de Berna, en Suiza, han analizado durante un periodo de 18 meses la salud y bienestar psicológico de casi 600 adultos que habían sido diagnosticados de enfermedad de Crohn.

Los individuos con estrés postraumático multiplican por cuatro el riesgo de experimentar un empeoramiento de los síntomasAl comienzo del estudio fue evaluada la salud mental de cada paciente empleando una escala de 17 puntos, que puntuaba del 0 al 51 el grado de miedo, sufrimiento y la alteración de la calidad de vida asociada al estrés postraumático. Una puntuación de 15 o más puntos sugiere un trastorno de estrés postraumático, situación que se observó en el 19 por ciento de los pacientes evaluados.

Los resultados del trabajo de investigación han mostrado que aquellos individuos con estrés postraumático multiplicaron por cuatro la posibilidad de experimentar un empeoramiento de los síntomas.

Menor respuesta inmune
Los científicos han señalado que a largo plazo el estrés postraumático cambia de forma permanente la respuesta hormonal e inmune, haciendo al paciente más vulnerable a las enfermedades graves.

Fuente: Diariomedico.com
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Estudio advierte sobre peligro de E.coli al beber leche cruda

Una investigación del Gobierno estadounidense publicada este mes asoció el consumo de leche cruda con un brote de E. coli en Connecticut en el 2008 que causó cuatro hospitalizaciones por enfermedades potencialmente fatales.

El estudio también le puso precio a ese brote: 413.402 dólares.

El informe es el último que advierte contra el consumo de leche cruda o sin pasteurizar, lo que para los expertos se está volviendo cada vez más popular en Estados Unidos.

“Hubo un desplazamiento de la comida procesada a los productos orgánicos”, dijo Bill Marler, abogado de Seattle que representó a tres de los pacientes de Connecticut. Acaba de llegar a un acuerdo con la granja de Simsbury que embotelló la leche y el almacén que la vendió.

“Hay muchos sitios online que aseguran que la leche cruda cura todo, desde el autismo hasta la disfuncin eréctil”, agregó.

Uno de esos sitios es de Randolph Jonsson, un defensor de la leche cruda sin participación en el brote de Connecticut.

“La leche de la ubre, que es algo así como la ‘célula madre’ de los alimentos, se utilizaba como medicina para tratar, y muchas veces curar, enfermedades crónicas”, indica en el sitio.

Pero esos beneficios cuentan con escasas evidencias, mientras que los riesgos son más conocidos.

“Beber leche cruda no tiene beneficios para la salud que no pueda proporcionar la leche pasteurizada, que no contiene bacterias dañinas”, dijo Hannah Gould, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), en Atlanta.

“La pasteurización puede reducir la actividad de algunas vitaminas, como la tiamina, la B12 o la C, pero la leche es una fuente menor de esas vitaminas”, agregó.

“Menos del 1 por ciento de los productos lácteos que se consumen en Estados Unidos no está pasteurizado, pero más del 50 por ciento de los brotes por consumo de lácteos está relacionado con los productos sin pasteurizar”, dijo Gould, que no participó del estudio.

Entre 1993 y el 2006, indicó la experta, los brotes asociados con el consumo de leche cruda y queso y yogur elaborados con esa leche causaron 1.571 enfermos, 202 hospitalizaciones y dos muertes.

En el nuevo estudio sobre el brote del 2008, el equipo de la doctora Alice Guh, de los CDC, identificó siete casos confirmados de infección por E. coli a través de análisis de laboratorio de la cepa tóxica de la bacteria (O157:NM) o por el diagnóstico de la enfermedad que causa el síndrome urémico hemolítico.

Cinco personas necesitaron internación; ninguna murió y cada tratamiento costó unos 73.000 dólares.

“Los niños son uno de los grupos con más riesgo de sufrir la forma grave de la enfermedad”, dijo Guh, que aclaró que la granja tenía “procedimientos aceptables de ordeñe y limpieza”, lo que prueba que la contaminación no se debió a la falta de higiene.

“Dada la proximidad del ano de la vaca con las ubres es realmente difícil que la bacteria no llegue a la leche. No se le puede pedir a la vaca que no haga caca mientras se la ordeña”, dijo Marler.

Cinco de las personas con infección confirmada habían consumido leche cruda de la misma granja de Simsbury, en Connecticut. Otros dos bebés habían estado jugando con un niño que había bebido la leche.

“A pesar de todo lo que sabemos y de los mejores esfuerzos, no hay forma de estar seguros de que la leche cruda, sin procesar, está completamente libre de microorganismos patógenos”, explicó Dennis D’Amico, de la University of Vermont, en Burlington.

Fuente: MedlinePlus: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_106044.html

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Usar antibióticos en bebés eleva su riesgo intestinal

Los bebés tratados con antibióticos por infecciones, como la de oído medio, tienen más posibilidad de desarrollar enfermedad intestinal inflamatoria (EII) en la niñez.

Un equipo de Canadá halló que al 56 por ciento de 36 niños con colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn, que son las dos principales EII, se le había recetado por lo menos un tratamiento con antibiótico el primer año de vida. En cambio, sólo el 39 por ciento de 360 niños sin EII (grupo de control) había tomado antibióticos el primer año de vida.

Los resultados, publicados en American Journal of Gastroenterology, no prueban que el uso precoz de esos fármacos cause EII en algunos niños. Pero respaldan la teoría de que la alteración temprana del equilibrio entre las bacterias “buenas” y “malas” en los intestinos favorece la aparición de la EII.

Tanto la colitis como la enfermedad de Crohn se caracterizan por una inflamación crónica de los intestinos, con síntomas como dolor abdominal y diarrea. Surgen por una respuesta inmunológica excesiva contra el tejido intestinal, aunque se desconoce la causa de esa reacción.

Existe una influencia genética en la EII, dado que puede afectar a familias. Pero los expertos opinan que, en algunos casos, los disparadores ambientales (dieta, infecciones o exposición al humo de tabaco) se combinan con la predisposición genética.

El nuevo estudio sería el primero en asociar el uso temprano de antibióticos con la EII infantil. Pero su diseño no permite concluir una relación causa-efecto, dijo a Reuters Health el doctor Charles N. Bernstein, de la University of Manitoba, en Winnipeg.

El equipo de Bernstein analizó las historias clínicas de 36 niños con colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn diagnosticadas entre 1996 y el 2008, a los 8 años de edad. Se comparó a cada niño con 10 sin EII de la misma edad, sexo y lugar de residencia.

Los niños que habían sido tratados con antibióticos en el primer año de vida tuvieron tres veces más riesgo de desarrollar EII que el grupo que no había recibido ese tratamiento. Aun así, Bernstein opinó que el riesgo absoluto de que un niño desarrolle EII sería limitado.

En Estados Unidos, 1 millón de personas padece EII y cada año se diagnostican 10 casos por cada 100.000 habitantes.

Por ahora, Bernstein dijo que los resultados son un recordatorio “para evitar el uso indiscriminado de antibióticos” y que los padres deberían saber que esos fármacos no son necesarios para tratar las infecciones respiratorias.

En cuanto a las infecciones del oído medio, que son tan comunes en la infancia, la Academia Estadounidense de Pediatría advierte que el 80 por ciento de los niños mejora sin antibióticos. Las guías de manejo de la enfermedad indican esperar 48-72 horas cuando los síntomas no son graves para evaluar el curso de la infección.

Fuente: MedlinePlus: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/news/fullstory_105061.html

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