La colonoscopia virtual detecta cánceres fuera del colon.

Un estudio encuentra que un procedimiento menos invasivo aumenta las probabilidades de encontrar las lesiones de alto riesgo.

La colonoscopia virtual no sólo identifica el cáncer colorrectal, sino que aumenta las probabilidades de encontrar cánceres en el exterior del colon, muestra un estudio reciente.

La colonoscopia virtual es menos invasiva que la colonoscopia regular. Además de ofrecer a los médicos un vistazo al interior del colon, la colonoscopia virtual examina todo el abdomen y la pelvis.

La capacidad de la colonoscopia virtual de identificar lesiones significativas fuera del colon en una etapa precoz y tratable “podría aumentar el rendimiento” de la evaluación preventiva del cáncer colorrectal, subrayando así su potencial como una importante técnica de evaluación, aseguró el autor del estudio, el Dr. Ganesh R. Veerappan, en un comunicado de prensa de American College of Radiology/American Roentgen Ray Society.

El estudio incluyó a 2,277 personas que se sometieron a una colonoscopia virtual. Se identificaron hallazgos de cánceres y lesiones fuera del colon en 1,037 de los pacientes, lo que incluyó 787 hallazgos no significativos y 240 hallazgos significativos.

En cuanto a los hallazgos fuera del colon, la colonoscopia virtual “aumento las probabilidades de identificar lesiones de alto riesgo en 78 por ciento. Se debe considerar como una alternativa a la colonoscopia óptica para la evaluación preventiva del cáncer colorrectal, o como un procedimiento utilizado una sola vez para identificar lesiones significativas y tratables dentro o fuera del colon”, aseguró Veerappan.

El estudio aparece en la edición de septiembre de la revista American Journal of Roentgenology.

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Terapias comunes para el acné, ligadas a problemas intestinales.

El acné es una carga lo suficientemente pesada para un joven como para tener que soportar además que los antibióticos que se usan para combatirla le generen enfermedad inflamatoria intestinal.

Los desórdenes intestinales relacionados con el tratamiento del acné “son un resultado raro”, reconoció a Reuters Health el doctor David Margolis, dermatólogo y autor de un estudio publicado en American Journal of Gastroenterology.

No obstante, estudios previos habían sugerido que el fármaco para el acné isotretinoína, conocido comúnmente por la marca Accutane, causaría enfermedad inflamatoria intestinal en una cantidad pequeña de pacientes tratados por acné grave.

Como la mayoría de las personas que reciben isotretinoína ya han tomado antibióticos durante meses, si no años, Margolis y sus colegas de la University of Pennsylvania querían saber si esos medicamentos jugarían un papel importante como disparadores de la condición intestinal.

Hasta el 90 por ciento de los adolescentes y jóvenes lucha contra el acné en algún momento de su vida. Los fármacos de la familia de las tetraciclinas son los antibióticos más comúnmente recetados para el tratamiento del acné severo.

“Limitan las cicatrices y la aparición de granos. Son extremadamente efectivos y se han usado por años”, dijo Margolis.

Los investigadores observaron los registros médicos de más de 94.000 adolescentes y jóvenes británicos diagnosticados con acné entre 1998 y el 2006 y tuvieron en cuenta en esos sujetos el uso a largo plazo de antibióticos que duplicarían el riesgo de desarrollar enfermedad inflamatoria intestinal.

De los 207 casos de la enfermedad diagnosticada entre los 94.807 pacientes del estudio, 152 (un 0,26 por ciento de todos los sujetos) estaban tomando uno de tres antibióticos comúnmente recetados y 55 (un 0,14 por ciento) no.

“Esta asociación fue probablemente más pronunciada en términos de la enfermedad de Crohn, un subgrupo” de la enfermedad inflamatoria intestinal, dijo Margolis.

La enfermedad de Crohn es una inflamación de la cubierta del tracto digestivo que puede provocar dolor abdominal, diarrea severa y desnutrición. Afecta a unas 400.000 personas en Estados Unidos.

En tanto, alrededor de 600.000 estadounidenses padecen otro tipo de enfermedad inflamatoria intestinal, la colitis ulcerosa.

Ambos subtipos se tratan con antiinflamatorios y algunas complicaciones pueden requerir cirugía.

Las dolencias inflamatorias intestinales, como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, pueden alterar la vida y restringir la interacción social, además de aumentar la depresión.

El acné grave también es una “enfermedad mala”, señaló Margolis. “Estas personas se preocupan mucho por su salud, su apariencia y cómo interactuar en sociedad, y corren un mayor riesgo de depresión”, añadió el experto.

FUENTE: American Journal of Gastroenterology, online 10 de agosto del 2010.

Tomado de: MedlinePlus, Noticias.

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¿Grasa abdominal debería adelantar control por cáncer de colon?

Una cintura prominente duplicaría el riesgo de las personas de 40 años a desarrollar células precancerosas en el colon.

Un equipo de Corea del Sur halló que la posibilidad de encontrar células anormales durante un estudio de control era tan alta en los varones de 40 años con demasiada grasa abdominal como en los mayores de 50 más delgados.

Por lo tanto, el equipo recomienda bajar la edad del control de rutina por cáncer de colon de los 50 a los 45 años en los hombres con problemas de peso.

No obstante, expertos de Estados Unidos opinan que es demasiado pronto como para modificar las guías actuales.

“La idea de personalizar el control según la edad y alguna combinación de factores de riesgo es totalmente razonable”, dijo Robert Smith, director de Control Oncológico de la Sociedad Estadounidense del Cáncer.

“Pero sacar esas conclusiones aún es prematuro porque la mayoría de los pólipos colorrectales no se transforman en cáncer”, añadió Smith.

El equipo de la Universidad de Konkuk, en Seúl, examinó a más de 1.700 hombres y mujeres, de 40 a 59 años, sin signos de cáncer de colon ni antecedentes familiares de la enfermedad.

Como parte de los beneficios que les brindaban sus empleadores para la atención de la salud, a cada participante se le realizó una colonoscopia de control en la universidad.

Uno de cada 40 de los menores de 50 años presentaba pólipos avanzados, pero ninguno tenía cáncer. En cambio, dos de cada 40 mayores de 50 años registraba pólipos; es decir que los pólipos avanzados son dos veces más comunes en este segundo grupo.

El equipo estimó que para identificar un pólipo avanzado, deberían evaluar a 23 mayores de 50 años, que es la misma cantidad que deberían estudiar en los más jóvenes con cintura prominente y muchos menos de los que deberían evaluar con síndrome metabólico, una conjunción de factores de riesgo (grasa abdominal, hipertensión, azúcar alta en sangre).

“Sería razonable hacerle una colonoscopia de control a esa población”, escribió en la revista Gastrointestinal Endoscopy el equipo del doctor Sung Noh Hong.

En una colonoscopia, el médico coloca un tubo delgado y flexible en el recto y una cámara en el extremo de la sonda muestra el interior de los intestinos para detectar y extirpar crecimientos celulares anormales.

Hoy, el control rutinario para detectar cáncer de colon está recomendado para los menores de 50 años que tienen un familiar de primer grado que desarrolló cáncer a edad temprana.

En tanto, en los más jóvenes se desconoce si los beneficios de ese chequeo superan los riesgos, ya que durante una colonoscopia, por ejemplo, pueden producirse hemorragias o perforaciones del colon.

FUENTE: Gastrointestinal Endoscopy, online 16 de julio del 2010.

Tomado de: Noticias MedlinePlus

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Gérmenes intestinales podrían ser causa de alergias occidentales.

Los gérmenes que habitan en los intestinos causarían mayores tasas de alergias, problemas estomacales e incluso obesidad entre los niños que viven en los países ricos industrializados, informaron investigadores.

El equipo comparó las bacterias intestinales de chicos europeos con las de habitantes de Burkina Faso y halló suficientes diferencias como para explicar las disparidades en la enfermedad crónica y la obesidad.

Los hallazgos, publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences, respaldarían el desarrollo de productos probióticos para ayudar a restaurar el equilibrio ancestral y mantener a los seres humanos delgados y saludables, indicaron los autores.

“Nuestros resultados sugieren que la dieta tiene un papel dominante sobre otras posibles variables, como la etnia, salubridad, higiene, geografía y clima, a la hora de conformar la flora y fauna intestinales”, escribieron Paolo Lionetti, de la Universidad de Florencia, en Italia, y sus colegas.

“Podemos plantear la hipótesis que la reducción en riqueza que observamos en los chicos de Burkina Faso comparados con los de la Unión Europea, podría indicar cómo el consumo de azúcar, grasa animal y alimentos de altas calorías en los países industrializados está limitando rápidamente el potencial adaptativo de la flora y la fauna intestinales”, añadieron.

El estudio se basó en una serie de evidencias de que la salud de los humanos depende fuertemente de los billones de microorganismos que habitan en nuestros cuerpos.

Sólo una fracción de esos microorganismos causa directamente enfermedades, mientras que la gran mayoría ayuda a digerir los alimentos, afecta a otras bacterias e influiría en cientos de funciones biológicas.

 

UNA ENFERMEDAD, POR OTRA

“Los países desarrollados occidentales controlaron con éxito las enfermedades infecciosas durante la segunda mitad del siglo pasado, mejorando la sanidad y usando antibióticos y vacunas”, escribió el equipo.

“Al mismo tiempo, se ha observado un aumento en nuevas enfermedades, como los desórdenes alérgicos y autoinmunes y la enfermedad inflamatoria intestinal, en adultos y niños”, añadieron los expertos.

Lionetti y sus colegas estudiaron el ADN de las bacterias intestinales de niños de Burkina Faso, que son amamantados hasta los 2 años y consumen una dieta similar a la de los humanos de la Edad de Piedra, rica en cereales, legumbres y vegetales, con poca carne.

La dieta occidental, en cambio, se basa en un elevado consumo de carne, cereales procesados, azúcar y grasa.

El equipo italiano halló que los niños africanos tenían muchas bacterias que los ayudaban a procesar la fibra, mientras que los chicos europeos no tantas. Las tasas son muy similares a las estudios que compararon las bacterias intestinales de personas delgadas y obesas.

Este desequilibrio bacterial podría causar obesidad, indicaron los autores. Según el equipo, también sería útil evaluar en los niños la presencia de esos microorganismos para ver si corren más riesgo de padecer obesidad.

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Cambios en la estructura cerebral de pacientes de intestino irritable.

Según un informe, escáneres que comparaban a mujeres con y sin el trastorno muestran diferencias en la materia gris.

Las mujeres que tienen síndrome de intestino irritable muestran aumentos y reducciones en la densidad de la materia gris en áreas del cerebro que tienen que ver con la atención, la regulación de la emoción, la inhibición del dolor y el procesamiento de la información intestinal, sugiere una investigación reciente.

Se han notado cambios similares en la estructura cerebral de pacientes de trastornos del dolor, como el dolor de espalda baja, las migrañas y el dolor de cadera.

El síndrome de intestino irritable o SII, que puede causar dolor e incomodidad en el abdomen, además de estreñimiento, diarrea o ambos, afecta a alrededor del quince por ciento de la población de EE. UU., sobre todo a las mujeres. Entre los profesionales médicos, el SII se considera ahora como un síndrome “funcional” (el tracto digestivo no funciona de forma adecuada) en lugar de “orgánico” (que conllevaría cambios estructurales en los órganos).

“Descubrir cambios estructurales en el cerebro, ya sean primarios o secundarios a los síntomas gastrointestinales, demuestra un componente ‘orgánico’ del SII, y respalda el concepto de un trastorno de cerebro e intestino”, aseguró en un comunicado de prensa de la Universidad de California en Los Ángeles el autor del estudio, el Dr. Emeran Mayer, profesor de medicina, fisiología y psiquiatría de la Facultad de medicina David Geffen de la universidad.

“Además, el hallazgo elimina para siempre la idea de que los síntomas del SII no son reales, sino ‘sólo psicológicos’. Los hallazgos nos darán más conocimiento para comprender el SII mejor”, añadió Mayer.

En el estudio, investigadores estadounidenses y canadienses usaron imágenes médicas para analizar las diferencias anatómicas en los cerebros de 55 mujeres pacientes de SII y 48 mujeres que no lo eran. Las pacientes de SII mostraron aumentos y reducciones de la materia gris en regiones corticales específicas del cerebro, que tienen que ver con funciones cognitivas y de evaluación, encontraron los investigadores.

“Notamos que los cambios estructurales del cerebro variaban entre las pacientes que describían sus síntomas como sobre todo dolor, en lugar de incomodidad no dolorosa. En contraste, el tiempo que una paciente había sufrido de SII no se relacionaba con estos cambios estructurales del cerebro”, señaló Mayer.

El estudio aparece en la edición de julio de la revista Gastroenterology.

Los próximos pasos en esta investigación incluirán tratar de determinar si ciertos genes se relacionan con los cambios estructurales en el cerebro de los pacientes de SII.

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