El tabaquismo podría incrementar el riesgo de ciertos tipos de cáncer de colon

Un estudio halla que fumar parece causar mutaciones genéticas en mujeres mayores que conducen a enfermedades.

Científicos informan que fumar podría incrementar el riesgo de cáncer de colon en mujeres mayores porque causa ciertas mutaciones genéticas.

El estudio aparece en línea el 29 de junio en la Journal of the National Cancer Institute..

Investigaciones anteriores señalan que los fumadores actuales y anteriores tienen 18 por ciento más probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal que los que nunca han fumado, según un comunicado de prensa del editor de la revista. No está claro, sin embargo, cómo se relacionan el tabaquismo y los tumores, sobre todo a nivel molecular.

En un nuevo estudio, el Dr. Paul J. Limburg y sus colegas de la Clínica Mayo examinaron estadísticas del Estudio de Salud de la Mujer (Women’s Health Study) de Iowa y se concentraron específicamente en unas 42,000 mujeres entre 55 y 69 que respondieron a un cuestionario.

Los investigadores no descubrieron muchas relaciones entre el tabaquismo y un mayor riesgo de cáncer colorrectal en general. Sin embargo, sí hallaron una relación intensa entre el tabaquismo y un tipo específico de cáncer colorrectal que se relaciona con mutaciones y variaciones genéticas.

Los investigadores advierten que las mujeres de mayor edad son particularmente susceptibles a este subtipo de cáncer colorrectal, por lo que la relación con el tabaquismo podría no aplicar para todo el mundo.

Aún así, los investigadores escribieron en el comunicado de prensa que nuevas pruebas de evaluación colorrectal, como las que buscan cambios genéticos, podrían ofrecer información especialmente útil para los fumadores de largo tiempo.

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¿Puede ayudar la escritura en el síndrome del colon irritable?

Apuntar los pensamientos y emociones más profundas podría mejorar los síntomas en los casos de colon irritable, según un pequeño estudio realizado en Estados Unidos, donde el 15 por ciento de la población sufre el síndrome.

Un equipo de la Escuela de Medicina de la Boston University inscribió a 103 personas en un estudio piloto para comprobar si la llamada “escritura expresiva” podía ayudar a las personas con esta dolencia, y halló que los pacientes registraron mejoras luego de escribir sus sentimientos.

Estos hallazgos apoyan una investigación previa que mostró que este tipo de escritura, en la que los pacientes son animados a “realmente desprenderse” y llegar al corazón de sus sentimientos, pueden ser beneficiosos para algunos.

Sin embargo, los resultados son muy preliminares, agregó el equipo.

“En este estudio exploratorio, la escritura expresiva mejoró la gravedad del síndrome y el conocimiento en las personas que tenían la enfermedad desde hace un tiempo largo”, dijo el investigador Albena Halpert en el estudio publicado en American Journal of Gastroenterology.

“Está garantizado un gran estudio controlado para evaluar el potencial terapéutico de esta nueva modalidad para la gestión complementaria del síndrome del colon irritable al entorno del paciente hospitalizado”, añadió.

El estudio ( http://link.reuters.com/jyd73m) involucró a 103 personas con una edad promedio de 43 años, de las cuales 82 escribieron durante 30 minutos en cuatro días consecutivos sobre sus pensamientos, emociones y creencias más profundas en relación con la enfermedad y la percepción de sus efectos.

Este ejercicio había sido eficaz anteriormente para ayudar a personas con depresión, además de artritis reumatoide, dolor crónico, hipertensión y sida.

Los 82 pacientes del ejercicio de escritura informaron mejoras en la gravedad de la enfermedad, algo que no se registró en el grupo que no escribió sus pensamientos.

Los síntomas del colon irritable pueden incluir dolor abdominal, diarrea, hinchazón y estreñimiento.

Pese a reconocer la necesidad de un estudio más pormenorizado, el equipo dijo que las estrategias del tratamiento psicológico para esta dolencia se estaban volviendo cada vez más populares, ya que la relación entre el cerebro, el estrés y el sistema nervioso del intestino tiene un rol claro en el síndrome del colon irritable.

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El reflujo ácido puede alterar el sueño, aun sin síntomas

El reflujo ácido crónico suele despertar a la gente de noche, aunque no produzca síntomas, según sugirió un nuevo estudio.

Un equipo que analizó a 39 adultos con la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) y a nueve sin el trastorno, reveló que quienes sufrían la condición tendían a despertarse con más frecuencia, un promedio de tres veces, en comparación con el grupo sano, cuyo sueño se interrumpió menos de 2 veces.

Esas perturbaciones estaban asociadas con el reflujo, según una prueba nocturna realizada con una sonda en el esófago.

Pero la mayoría de esos episodios no ocurrían por la percepción de los síntomas de pirosis: los pacientes sintieron esa sensación de quemazón sólo el 16 por ciento de las veces que se despertaron.

Aunque el estudio fue pequeño, los resultados sugieren que la ERGE influiría en la alteración del sueño más de lo pensado, según el doctor Ronnie Fass, jefe del Servicio de Gastroenterología del Sistema de Salud de Asuntos Veteranos de Arizona del Sur, en Tucson.

Fass señaló que cuando los médicos evalúan a los pacientes para identificar la ERGE nocturna, suelen indagar sobre los síntomas. Sin embargo, el nuevo estudio indicó que “algunos despertares serían asintomáticos, pero otros no”, dijo.

Por eso recomendó que las personas con ERGE comuniquen a sus médicos si se despiertan con frecuencia durante la noche, aunque no sientan esa sensación de quemazón característica. Luego, agregó, deberían registrar si el buen manejo de la ERGE mejora su calidad de sueño.

El control incluye adelgazar, si es necesario, evitar alimentos que causan síntomas e ingerir comidas más pequeñas y más frecuentes. Para los problemas nocturnos, se recomienda elevar la cabeza de 15 a 20 centímetros del colchón con bloques de madera debajo de las patas de la cama.

Los fármacos para aliviar los síntomas incluyen los antiácidos y los llamados bloqueadores H2, como ranitidina (Zantac) y cimetidina (Tagamet). Otra clase de medicamentos, llamados inhibidores de la bomba de protones (IBP), ayudan a prevenir las crisis de reflujo ácido, en especial en personas con ERGE grave.

Los resultados del estudio, publicado en Clinical Gastroenterology & Hepatology, surgieron de 39 adultos de mediana edad con ERGE que, durante los tres meses previos, habían tenido por lo menos tres crisis de pirosis por semana, y de 9 adultos saludables.

Los usuarios de bloqueadores H2 suspendieron los fármacos por lo menos tres días antes de ingresar al estudio, y los usuarios de IBP suspendieron la terapia tres semanas antes.

El 90 por ciento de los pacientes con ERGE se despertaron por lo menos una vez durante la noche y la mayoría de esos episodios (52 por ciento) estuvieron asociados con el reflujo ácido. En el grupo sano, el 78 por ciento se despertó por lo menos una vez, pero por otras causas.

Para el equipo, una posibilidad es que la actividad del sistema nervioso que estimula el reflujo despierte al paciente antes de sentir el reflujo.

Se desconoce también por qué esas crisis no generarían síntomas; una teoría es que el sueño podría reducir la sensibilidad del esófago al ácido estomacal.

 

 

FUENTE: Clinical Gastroenterology & Hepatology, online 31 de mayo del 2010.

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Nuevas pistas para el tratamiento de la colitis ulcerosa

Científicos detectan una sustancia química relacionada con la remisión de esta enfermedad intestinal debilitante

Investigadores canadienses identifican una sustancia química que podría suscitar remisión en los pacientes de colitis ulcerosa.

El equipo de la Universidad McMaster de Hamilton, Ontario, halló que los pacientes de colitis ulcerosa en remisión a largo plazo tienen niveles elevados de prostaglandina D2. Investigaciones anteriores con rata hallaron que esta sustancia química tiene mucho que ver con la curación y la remisión de la enfermedad.

“Los niveles de prostaglandina D2 sólo eran altos entre los pacientes con remisión a largo plazo, cosa que sugiere que es un factor de riesgo para prevenir episodios nuevos de colitis ulcerosa”, aseguró en un comunicado de prensa de la universidad John Wallace, director del Instituto de Investigación sobre Salud Digestiva Farncombe de la McMaster.

Wallace, profesor de medicina de la Facultad de medicina Michael G. DeGroote, aseguró que el hallazgo podría ayudar a conducir a un tratamiento nuevo para la colitis ulcerosa y posiblemente también para la enfermedad de Crohn.

La colitis ulcerosa consiste en la inflamación crónica del recubrimiento interior del recto y del colon y puede conducir a dolor y calambres abdominales, diarrea, sangrado y pérdida de peso. La enfermedad afecta a millones de personas en todo el mundo. Las opciones de tratamiento son muy limitadas, y muchas personas nunca sanan.

El estudio fue publicado el 14 de junio en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

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Asocian alimentos dulces con riesgo de cáncer pancreático

Las personas con una alimentación rica en dulces y otros productos que aumentan la cantidad de azúcar en sangre tienen más riesgo de desarrollar cáncer de páncreas que aquellas que consumen menos cantidad de esos alimentos.

Tras estudiar a 1.000 adultos en Italia con y sin el cáncer, un equipo de investigadores halló que el grupo que seguía una dieta con un alto índice glucémico tenía más probabilidades de sufrir la enfermedad que los participantes con un bajo índice glucémico.

Este indicador refleja la velocidad en la que un alimento puede aumentar el nivel de azúcar en sangre.

El pan y la papa son algunos de los productos con alto índice glucémico, que tienden a acelerar la cantidad de azúcar en sangre. En cambio, los alimentos con bajo índice glucémico, como las lentejas, los porotos de soja, el yogurt y muchos granos integrales, producen un alza más gradual.

El equipo no halló una relación entre los carbohidratos totales de la dieta de los participantes y el riesgo individual de desarrollar el cáncer. Y también identificó que un alto consumo de frutas estaba asociado con un menor riesgo de desarrollar la enfermedad.

En cambio, los autores detectaron una asociación entre el cáncer pancreático y el alto consumo de azúcar, caramelos, miel y mermelada.

Esto sugiere que los carbohidratos de productos dulces y procesados, más que los de alimentos como los granos integrales, las frutas y las verduras, estarían especialmente asociados con la enfermedad, publicó el equipo en Annals of Epidemiology.

El estudio se conoció luego de una investigación presentada en febrero en Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention, que había identificado una relación entre las gaseosas y el cáncer pancreático.

Es un cáncer poco frecuente pero fatal: sólo un 5 por ciento sobrevive cinco años. La enfermedad casi no tiene síntomas, además de algunos problemas como indigestión, lo que impide detectarlo precozmente.

Por ahora, se identificaron el tabaquismo y la diabetes de largo plazo como factores de riesgo, pero aún se desconoce cuál es el papel de la alimentación.

Ahora, el equipo de Marta Rossi, del Instituto de Investigación Farmacológica Mario Negri, en Milán, entrevistó a 326 pacientes con cáncer pancreático sobre su salud y estilo de vida.

Los participantes respondieron un cuestionario sobre sus hábitos alimentarios dos años antes del diagnóstico. A cada paciente se lo comparó con dos adultos de la misma edad y sexo, pero sin cáncer.

El tercio de los participantes que se alimentaban con los índices glucémicos más altos eran un 78 por ciento más propensos a tener el cáncer que el tercio que se alimentaba con los índices más bajos. El riesgo para el tercio entre ambos extremos era del 56 por ciento.

Luego, el equipo analizó ciertas fuentes de carbohidratos, incluidas las frutas y una categoría con azúcar, caramelos, miel y mermelada. Una alimentación rica en ese segundo grupo elevaba el riesgo de desarrollar cáncer pancreático.

Los autores consideraron otros factores, como el peso, el tabaquismo y la diabetes, y concluyeron que el cigarrillo, la obesidad y la diabetes no explicarían la relación entre el cáncer y la dieta. Y aunque otros estudios lo probaran, el riesgo absoluto para cualquier persona sería bajo.

 

 

FUENTE: Annals of Epidemiology, junio del 2010.

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