Hormona sexo explica mayor riesgo de cáncer de hígado en hombres

Las hormonas del sexo masculino explicarían por qué los hombres que sufren hepatitis B son más propensos a desarrollar cáncer que las mujeres, dijeron investigadores en Taiwán.

En un documento publicado en la revista Science el miércoles, los científicos señalaron que los virus de la hepatitis B se pegan a los receptores de andrógenos antes de dañar el tejido del hígado y causar cáncer.

“Los resultados indican que usar fármacos para destruir (…) los receptores de andrógenos podría ser una nueva forma de combatir el cáncer de hígado en una etapa inicial”, escribieron.

Este tipo de tumor es el quinto más común y la tercera causa mundial de muertes por cáncer en todo el mundo. La infección con el virus de la hepatitis B, que es endémica en varios países asiáticos, entre ellos China, es un importante precursor del cáncer de hígado.

Los hombres son hasta siete veces más propensos que las mujeres a desarrollarlo. Entre los portadores del virus de la hepatitis B, los hombres tienen un riesgo hasta tres veces mayor de desarrollar el cáncer que las mujeres.

Liderados por Ming-Heng Wu, del Instituto de Ciencias Médicas Básicas de la National Cheng Kung University, en Tainan, Taiwán, los investigadores hallaron que los virus de la hepatitis B tienen una secuencia especial de ADN que los conduce a los receptores de andrógeno.

“Los receptores en las células hepáticas se pegan a esta secuencia y desatan una cascada de daño al tejido del hígado”, explicaron.

En su experimento, los investigadores crearon ratones que fueron infectados con hepatitis B y podían fácilmente contraer cáncer de hígado ante la exposición a agentes causantes de la enfermedad. A algunos se los modificó genéticamente para carecer de receptores de andrógeno en sus hígados.

A la semana 22 del experimento, más del 90 por ciento de los ratones con receptores habían desarrollado tumores hepáticos, a comparación con el 27 por ciento de los ratones sin el andrógeno.

Modificar los receptores no modificó los niveles generales de andrógeno ni dejó efectos tóxicos obvios en los ratones.

“Atacar el receptor de andrógeno en vez del andrógeno podría ser una terapia promisoria para el cáncer de hígado”, dijeron los investigadores.

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Las bacterias podrían predecir cambios en el cáncer de colon

Estudio halla que la presencia de ciertos tipos en el intestino indicó un riesgo mayor o menor de enfermedad.

Investigadores informan que los gérmenes que viven en el intestino podrían afectar su riesgo de desarrollar cáncer de colon.Los hallazgos sugieren que las señales de la existencia de algunos gérmenes “se detectan con más frecuencia en quienes tienen pólipos, lesiones preliminares que podrían convertirse en cáncer, mientras que otras firmas bacterianas se observan con menos frecuencia en esos pacientes”, señaló en un comunicado de prensa Tyler Culpepper, investigador de la Universidad de Florida.Culpepper y sus colegas estudiaron a 91 pacientes y tomaron muestras de biopsias del colon.

Analizaron las bacterias de treinta personas que tenían al menos un pólipo y de otras treinta que no los tenían pero que eran de edades y sexos similares.

Los investigadores hallaron algunas firmas bacterianas únicamente en los que tenían pólipos y otras en los que no. Otras fueron más comunes en un grupo o en el otro.

Los hallazgos sugieren que las pruebas de exploración futuras podrían dirigirse a la detección de señales de problemas en el colon midiendo niveles de bacterias, señaló Culpepper.

Los hallazgos fueron presentados en la reunión anual de la American Society for Microbiology en San Diego.

 

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Los hombres son más propensos a sufrir cáncer de hígado y hepatitis B

“El cáncer de hígado surge en la mayoría de los casos en un escenario de inflamación crónica de este órgano”

El cáncer de hígado (más conocido como hepatocarcinoma) es el quinto tumor más frecuente y representa la tercera causa de muerte por cáncer en el mundo. Entre los factores de riesgo conocidos, además de la cirrosis, destaca la infección por el virus de la hepatitis B; pero también el hecho de ser varón. Una investigación acaba de arrojar luz sobre porqué los hombres con hepatitis B son más propensos a desarrollar cáncer que las mujeres.

La respuesta parece estar en los receptores de andrógenos, según un estudio publicado en las páginas de la revista ‘Science Translational Medicine’ por un equipo de científicos de la Universidad Cheng Kung de Taiwán. De hecho, Ming-Heng Wu, en colaboración con la Universidad de Rochester (EEUU) han avanzado en estas diferencias de género y aseguran que sus conclusiones podrían favorecer un mejor tratamiento del cáncer de hígado.

La hepatitis B, endémica en numerosos países asiáticos, está detrás de la mitad de los tumores hepáticos; sin embargo, hasta ahora no estaba muy claro porqué los varones infectados con este patógeno son más proclives a desarrollar este cáncer que las mujeres con hepatits B (hasta siete veces más que ellas). Según sus trabajos, el ADN del virus que causa esta dolencia hepática contiene una secuencia que siente especial ‘predilección’ por los receptores de andrógenos, la hormona típicamente masculina.

En trabajos con ratones genéticamente modificados demostraron que, atacando a dichos receptores (y no al andrógeno en sí mismo), se podía detener el crecimiento del tumor en el hígado (el 74% de los cuales se diagnostica en varones), sin secuelas de otro tipo para el organismo de los animales.
Inflamación crónica

“El cáncer de hígado surge en la mayoría de los casos en un escenario de inflamación crónica de este órgano”, explican en su trabajo. “Después de infectarse por el virus de la hepatitis, la respuesta inflamatoria del órgano provoca daño en los hepatocitos y va seguido por el inicio de la patogénesis del cáncer”.

Y aunque siempre se había sospechado que las hormonas masculinas jugaban algún papel en este proceso, es la primera vez que se demuestra exactamente el cómo: “Ésta es la primera vez que se muestra ‘in vivo’ que los receptores de andrógenos intervienen en la carcinogénesis inducida por el virus de la hepatitis B; favoreciendo la malignización de células del hígado y su proliferación”, aseguran.

En el futuro, concluyen, podrían ponerse en marcha terapias dirigidas únicamente a inhibir los receptores de andrógenos (una especie de ‘mediador’) y no una supresión androgénica propiamente dicha (como se hace, por ejemplo, en el caso de pacientes con cáncer de próstata) y que conlleva mayor cantidad de efectos secundarios para el varón.

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Desmontados los mitos contra el consumo de leche

El hombre bebe leche después de la lactancia, sencillamente por ser un animal racional.

El Instituto Tomás Pascual Sanz para la Nutrición y la Salud, en colaboración con la Universidad Autónoma de Barcelona, ha celebrado en la Real Academia de Ciencias Veterinarias, el seminario “Leche, un alimento para todos”, con intervención de diversos especialistas, que defienden la leche como uno de los fundamentos de la dieta occidental, susceptible de ser transformada en multitud de alimentos.

Tras palabras de bienvenida de Ricardo Martí Fluxá, presidente del Instituto Tomás Pascual Sanz para la Nutrición y la Salud, la jornada se inició con la conferencia del doctor Peter Elwood, del departamento de epidemiología, estadística y salud pública del hospital universitario de Cardiff en Gales, con el título “La leche como alimento completo y su relación con las enfermedades crónicas”, exponiendo que las políticas públicas de salud, incluida la política alimentaria, deben estar basadas en la evidencia. Y, en tal sentido, más allá de las preocupaciones por el contenido en grasa de la leche, la mayoría de los estudios publicados asocian su consumo a “reducciones pequeñas, pero que valen la pena, de enfermedades vasculares, diabetes y cáncer de colon”.

El doctor Sergio Calsamiglia Blancafort, catedrático del departamento de Ciencia Animal y de los Alimentos de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona, afirmó que “Mitos y falsedades contra el consumo de leche” han menoscabado el valor nutritivo de este alimento fundamental basándose en argumentos con una elevada carga de demagogia y poca base científica. Argumentos que han podido producir, en países como Inglaterra, reducciones del consumo de lácteos de casi un 40%.

Calsamiglia mencionó, efectivamente, algunos mitos en torno a la leche como el de ser perjudicial para el colesterol; el de fomentar las enfermedades cardiovasculares; el de engordar a causa de  las grasas; los de producir diabetes, mucosidades, asma, malas digestiones… y, en fin, se detuvo especialmente en el que podría englobar y justificar todos ellos: la fábula de que “los hombres somos los únicos animales que bebemos leche después de la lactancia”.

Atajando tanto ataque, Calsamiglia adujo que el cáncer de colon se reduce un 34% gracias al calcio, la vitamina D, los ácidos grasos, como el ácido linoleico conjugado, y otros nutrientes que contiene la leche. Y  que, sin negar su valor calórico, la leche ayuda a adelgazar debido a sus péptidos bioactivos: Un vaso de leche antes de las comidas contribuye a saciarnos, con la consiguiente pérdida de peso. En cuanto a otros supuestos inconvenientes, lo cierto es que la leche, gracias a la ayuda del calcio para digerir la grasa, proporciona digestiones menos pesadas. Concluyó Calsamiglia, con la aprobación entusiasta de la audiencia, diciendo que ” el hombre bebe leche después de la lactancia por la sencilla razón de que es un animal racional : el mismo motivo por el que habla , sonríe, o es capaz de cocinar sus alimentos “.  

Rosa Ortega Anta, catedrática de nutrición de la Universidad Autónoma de Madrid, ilustró su conferencia sobre “La importancia de los lácteos como fuente de calcio y vitaminas en la dieta” con datos como el de que un vaso de leche entera cubre cerca del 5% del gasto energético medio de un varón adulto, pero aporta más del 20% de la ingesta recomendada de calcio y otros nutrientes.  La doctora Ortega comentó que un 50% de la población mantiene ingestas de leche inferiores a lo recomendado, quizá por una mala información, pues hay una relación inversamente proporcional entre su consumo y el índice de masa corporal, ya que la leche reduce la recuperación del peso y la grasa una vez que se han perdido.

Por otro lado, Alba Ríos Insúa, Jefe de Servicio de Leche del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, en su conferencia “La importancia de la calidad de la leche en origen”, expuso el marco legislativo en materia de higiene alimentaria. Destacó la importancia del plan nacional de control de la cadena alimentaria y su programa de evaluación de las condiciones higiénico-sanitarias de la producción primaria de leche cruda, con un sistema que abarca todos y cada uno de los puntos del proceso.  

Susana Astiz, del departamento de reproducción del INIA (Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria), trató en su conferencia “Producción de leche de calidad en origen: ¿cómo se trabaja en las explotaciones de bovino lechero?”, de la calidad de la leche como una disciplina científica en sí misma. La gran trascendencia de una leche con calidad óptima desde el principio, el rigor y las buenas prácticas en las explotaciones ganaderas, redundan en un mejor precio en origen, con el llamado pago por calidad adicional, y la consiguiente mayor rentabilidad de las explotaciones. La doctora Astiz, al detallar los muchos programas de calidad a los que se someten no solo la leche, sino las vacas, concluyó asegurando que “la leche de mejor calidad proviene de las ubres más sanas”.

Merecedora de reseña separada,  una mesa redonda cerró el seminario , con los respectivos responsables de la promoción láctea de Estados Unidos y España exponiendo resultados y lecciones aprendidas en sus trabajos. Así, Vivien Godfrey, CEO del Milk Processor Education Program en USA, y Luis Calabozo, Director general de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (FENIL), compartieron experiencias y estrategias empleadas para fomentar el consumo del alimento protagonista del día.

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Grasa abdominal eleva riesgo femenino de sufrir cáncer páncreas

El lugar del cuerpo donde se acumula el sobrepeso influiría en el riesgo a desarrollar cáncer pancreático, de acuerdo a un nuevo estudio.

Las personas, en especial las mujeres, a las que se les acumula grasa en el abdomen tendrían alto riesgo de sufrir la enfermedad, según la investigación.

El trabajo confirmó también que ese riesgo aumenta junto con el índice de masa corporal (IMC), una medida estandarizada para evaluar la obesidad.

Si bien existían indicios de la relación entre la obesidad y el cáncer de páncreas, estudios previos sobre ese vínculo obtuvieron resultados contradictorios, comentó en Archives of Internal Medicine el equipo del doctor Alan A. Arslan, de la Escuela de Medicina de la New York University.

Para investigar mejor esa relación, los autores analizaron datos de 2.170 personas con el cáncer y de 2.209 personas sin la enfermedad.

Todos ellos participaban de la muestra de National Cancer Institute Pancreatic Cancer Cohort Consortium (PanScan), un proyecto lanzado en el 2006 para identificar los genes asociados con la enfermedad, el estilo de vida, el ambiente y los factores de riesgo genéticos.

En todos los participantes se registró una relación positiva entre el aumento del IMC y el riesgo de cáncer pancreático. Las personas en el cuarto superior de la escala según el IMC tenían un 33 por ciento más riesgo de desarrollar el cáncer que aquellos en el cuarto inferior.

Según la Sociedad Estadounidense del Cáncer, la población promedio tiene un 1,4 por ciento de posibilidad de desarrollar cáncer pancreático en su vida.

Cuando el equipo de Arslan tuvo en cuenta las categorías de peso corporal halló que las mujeres con sobrepeso tenían un 31 por ciento más riesgo a desarrollar la enfermedad que las mujeres con peso normal, mientras que la probabilidad de las obesas ascendía al 61 por ciento.

La acumulación de grasa en la cintura también elevó ese riesgo, especialmente en las mujeres. Aquellas con la mayor proporción cintura-cadera tenían un 87 por ciento más riesgo a desarrollar el cáncer.

“Estos resultados, junto con los de estudios previos, respaldan el papel de la obesidad en la aparición del cáncer pancreático”, concluyeron los autores.

FUENTE: Archives of Internal Medicine, 10 de mayo del 2010.

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