La vacunación y la prevención están venciendo la hepatitis.

Décadas de esfuerzos de vacunación y prevención podrían estar manteniendo a los virus de la hepatitis a raya, de acuerdo con un nuevo informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Los investigadores de los CDC registraron los niveles de anticuerpos contra varias cepas de hepatitis en individuos. Los anticuerpos son una especie de registro del sistema inmunitario de la exposición a un patógeno en particular, ya sea mediante la infección o vacunación.

Desde finales de los 80, se ha observado un incremento significativo en el número de adolescentes y niños nacidos en EE. UU. que tienen el anticuerpo de la hepatitis A y una reducción en el número de adultos de 40 años en adelante con el anticuerpo, halló el estudio.

Las tendencias recientes podrían ser el resultado de una mayor inmunidad en los niños debido a la vacunación y de una reducción resultante en la exposición al virus de hepatitis A (VHA) y de infección entre adultos, de acuerdo con investigadores de los CDC.

Los investigadores también encontraron que la infección por el virus de la hepatitis B (VHB) entre las personas de 6 a 39 años se redujo de forma significativa en los últimos años debido a los programas de vacunación. Para 2003-2006, más del 90 por ciento de los niños de EE. UU. habían recibido al menos una dosis de la vacuna contra la hepatitis B, de acuerdo con un comunicado de prensa de los CDC.

La tasa de infección por el virus de la hepatitis C (VHC) se redujo entre las personas en mayor riesgo de infección, posiblemente debido a los programas de prevención que se enfocaron en comportamientos de riesgo tales como el uso de drogas inyectadas, señalaron los investigadores. La edad cumbre para la infección por VHC pasó de ser la franja de edad de 30 a 39 años de 1988-94 a la de 40 a 49 años durante 1999-2008.

La hepatitis viral es una gran preocupación de salud pública en Estados Unidos, y los VHA, VHB y VHC son los tres tipos más importantes de hepatitis. Los VHB y VHC pueden causar infección crónica asociada con enfermedades hepáticas crónicas y cáncer de hígado. La VHC es la infección sanguínea crónica más común en EE. UU., ya que entre el 70 y el 85 por ciento de las personas que se infectan de forma aguda se convierten en infectados crónicos.

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Los supervivientes obesos de cáncer de colon se enfrentan a un peor pronóstico.

Un estudio halla que las probabilidades de reincidencia y de muerte son mayores que para los pacientes de peso normal.

Un estudio reciente revela que los pacientes de cáncer de colon que son moderada o gravemente obesos se enfrentan a pronósticos de supervivencia menos alentadores luego del tratamiento, en comparación con sus compañeros de peso normal.

El hallazgo complementa investigaciones anteriores que establecían que ser obeso incrementaba el riesgo de desarrollar cáncer de colon en un principio.

“Estudios anteriores han mostrado que la obesidad sí influye sobre el riesgo de desarrollar cáncer de colon, aunque este estudio va más allá”, señaló el Dr. Frank A. Sinicrope, autor del estudio y profesor de medicina y oncología de la Clínica Mayo de Rochester, Minnesota. “Ahora sabemos que cuando alguien es obeso tiene más riesgo de reincidencia de cáncer o de muerte si tiene cáncer de colon establecido”.

Sinicrope y sus colegas, cuyo trabajo fue financiado en parte por el Instituto Nacional del Cáncer, informaron sobre sus hallazgos en la edición del 15 de marzo de Clinical Cancer Research.

La Sociedad Estadounidense del Cáncer calcula que el año pasado, a más de 106,000 estadounidenses se les diagnosticó por primera vez cáncer de colon, mientras que cerca de 50,000 hombres y mujeres murieron por causa de la enfermedad.

Para explorar una conexión potencial entre la obesidad y la supervivencia del cáncer de colon, los autores analizaron datos sobre 4,381 hombres y mujeres a los que se les había diagnosticado cáncer de colon en etapa II o III. Los pacientes se habían sometido tanto a extirpación quirúrgica del cáncer como a quimioterapia subsiguiente.

A partir del índice de masa corporal (IMC), una proporción entre el peso y la estatura, los investigadores determinaron que cerca de 20 por ciento de los pacientes eran obesos (IMC de 30 o superior). En ese grupo, cerca de 7 de cada 10 pacientes fueron clasificados como “moderadamente obesos” (IMC entre 30 y 34.9), mientras que poco más de la cuarta parte eran “muy obesos” (IMC de 35 o más).

Cerca de 37 por ciento de los pacientes eran de peso normal (IMC de entre 20 y 24.9), mientras que se consideró que una cantidad similar tenía exceso de peso (IMC de entre 25 y 29.9). Se clasificó al 6 por ciento como por debajo del peso normal (IMC inferior a 20).

Sinicrope y sus asociados le dieron seguimiento a todos los supervivientes de cáncer durante un promedio de ocho años y observaron que el 36 por ciento desarrolló una reincidencia del cáncer, mientras que el 42 por ciento murió finalmente.

Además, los investigadores hallaron que, en grupo, ser moderadamente o muy obeso se relacionó en promedio con un aumento de 19 por ciento en el riesgo de muerte, en comparación con los pacientes de cáncer de peso normal.

Aunque el grupo de pacientes de peso inferior al normal era considerablemente inferior, los investigadores hallaron que el grupo de peso bajo presentaba un índice de supervivencia significativamente más bajo que los pacientes de peso normal. Y mientras que a los pacientes con exceso de peso en realidad parecía que les iba ligeramente mejor (en 6 por ciento) que a los supervivientes de peso normal, Sinicrope indicó que medidas más sofisticadas de obesidad que tengan en cuenta proporciones de masa muscular (que el IMC no revela) podrían arrojar resultados ligeramente distintos.

Las diferencias entre los sexos también fueron aparentes.

Con un grupo de pacientes que se dividía más o menos de manera uniforme entre hombres y mujeres, los autores hallaron que, por sí mismos, los pacientes más gravemente obesos se enfrentaban al mayor riesgo de reincidencia de cáncer y de muerte, marcada como un aumento de 35 por ciento, relacionados con pacientes de peso normal.

Sin embargo, las mujeres que estaban en la parte más baja de la escala de obesidad se relacionaron con un riesgo de muerte 24 por ciento mayor, un riesgo que en realidad se redujo a 11 por ciento a medida que aumentaba la obesidad.

“Por ahora, realmente no tenemos una explicación clara sobre cómo a las mujeres moderadamente obesas les fue peor que a las muy obesas”, señaló Sinicrope. “La situación de menopausia y la terapia de reemplazo hormonal, que podrían proteger contra el cáncer de colon, podrían tener que ver. Sin embargo, no sabemos qué mujeres eran premenopáusicas o posmenopáusicas y cuáles estaban tomando medicamentos”.

En cuanto a qué causa subyacente general tiene en cuenta la conexión entre obesidad y supervivencia, Sinicrope señaló que la cuestión sigue sin ser respondida. Sin embargo, especuló que la relación podría resultar de la presencia de más insulina y niveles de la hormona factor-1 de crecimiento parecido a la insulina en pacientes obesos.

“Sabemos que los pacientes obesos tienen niveles superiores de ambas hormonas, que se han relacionado tanto con el riesgo de obesidad como de cáncer de colon en el pasado”, anotó. “Entonces, creemos que eso podría estar teniendo que ver con este riesgo”.

Varias variables podrían explicar los hallazgos, señaló el Dr. Joseph Martz, jefe de la división de cirugía rectal y del colon del Centro Médico Beth Israel de la ciudad de Nueva York.

“La obesidad con frecuencia se relaciona con una mayor probabilidad de diabetes y otras enfermedades, así como disfunción inmunitaria general secundaria. Y desde que el cáncer de colon de alguna manera es una enfermedad inmunitaria, eso va a tener mucho que ver”, anotó.

“También existe bastante información sobre la información que ya tiene en cuenta el beneficio del apoyo del ejercicio y de la actividad luego del tratamiento para el cáncer de colon en cuanto al pronóstico”, aseguró Martz. “Entonces, me parece que eso va con el concepto de que individuos obesos tenían menos probabilidades de estar en forma. Además, podría haber algunas limitaciones quirúrgicas inherentes que podrían comprometer la capacidad técnica para lograr la eliminación completa del cáncer y los tejidos de los nódulos linfáticos potencialmente afectados al operar a una persona obesa. Todo esto podría tener que ver”.

En un tema relacionado, otro estudio publicado esta semana en la Journal of the National Cancer Institute ofrece evidencia fresca de que ser obeso sí parece estar relacionado con un mayor riesgo de cáncer de colon.

Sin embargo, el equipo de investigación, dirigido por Peter T. Campbell, del programa de investigación en epidemiología de la Sociedad Estadounidense del Cáncer, también halló que la relación entre la obesidad y la supervivencia no parece aplicar para todos los tumores, pero no solo los llamado “de microsatélite estable”. Los pacientes obesos que tenían este tipo común de tumor presentaban índices de supervivencia a cinco años más bajos que los pacientes obesos de tumores “de microsatélite elevado”, lo que sugiere que la obesidad tenía un impacto variado sobre el pronóstico, según el tipo de cáncer de colon.

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La biorretroalimentación aliviaría la constipación crónica.

El entrenamiento en biorretroalimentación beneficiaría a las personas con estreñimiento crónico por “defecación disinérgica”, según un nuevo estudio.

Las personas que padecen esa enfermedad no pueden vaciar los intestinos porque los músculos del recto y del ano están fuera de sincronización. Por lo tanto, cuando quieren mover los intestinos, estos no se vacían o no lo hacen completamente.

La biorretroalimentación enseña cómo hacer que los músculos intestinales y anales funcionen normalmente para poder defecar adecuadamente.

El equipo de Satish Rao, de los Hospitales y Clínicas de la Universidad de Iowa, halló que la biorretroalimentación con sensores de control de los intestinos y el ano puede ayudar a los adultos con ese tipo de constipación crónica a aprender a recuperar el movimiento intestinal normal.

Si bien un estudio previo del mismo equipo había demostrado un beneficio de hasta tres meses, el nuevo trabajo halló beneficios de hasta un año de duración.

Rao, que es gastroenterólogo, dijo a Reuters Health por vía telefónica que esa constipación crónica se conoce desde hace 15 años y afecta a más de 10 millones de estadounidenses.

Por motivos que se desconocen, es dos veces más frecuente en mujeres que en hombres e interfiere en la vida social y laboral de las personas.

“La defecación disinérgica está demasiado subdiagnosticada y mal tratada. Muchos médicos ignoran que existe o cómo manejarla”, dijo Rao.

El equipo comparó los resultados anuales del entrenamiento en biorretroalimentación con los del tratamiento estandarizado en 26 pacientes con el trastorno.

Todos recibieron información sobre el movimiento intestinal, los ejercicios y las técnicas de respiración, el uso de laxantes y la importancia de una dieta rica en fibra.

Se los alentó también a tratar de mover el intestino durante cinco minutos, dos veces por día, media hora después de comer, tuvieran o no necesidad de defecar.

Trece pacientes recibieron seis sesiones de biorretroalimentación los primeros tres meses y, luego, sesiones de refuerzo con intervalos de tres meses.

Durante el entrenamiento, se coloca una sonda con sensores en el recto para detectar las señales musculares que se proyectan en un monitor. Mientras está en el baño, la persona puede ver cómo esos músculos se contraen o se relajan.

Con esa retroalimentación visual, aprende a coordinar los músculos para mejorarlos.

En los pacientes tratados con biorretroalimentación aumentó significativamente la cantidad de movimientos y patrones intestinales normales, lo que no ocurrió en los 13 pacientes del grupo de control tratados sin biorretroalimentación, publicó American Journal of Gastroenterology.

El 30 por ciento del grupo tratado con biorretroalimentación dejó de tomar laxantes, lo que no ocurrió en el grupo de control en la evaluación al año del estudio.

Rao opinó que los estudios controlados, como el que acaba de publicar, ayudarán a que las aseguradoras de salud cubran la terapia. “Es muy difícil atender a pacientes que podrían beneficiarse con la terapia, pero el seguro no se los cubre”, dijo Rao.

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Crean un método para neutralizar el desarrollo de la hepatitis C sin los efectos secundarios de las terapias actuales.

El nuevo tratamiento, desarrollado por la Universidad de Alicante, puede contribuir a elaborar compuestos mucho más eficaces para la enfermedad.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Alicante (UA) ha desarrollado y patentado un procedimiento para la obtención de moléculas inhibidoras del virus de la hepatitis C, con un novedoso procedimiento de obtención, mucho más rápido, que neutraliza la resistencia del virus sin los efectos secundarios de las terapias actuales, informó hoy en un comunicado la institución académica.
Las moléculas identificadas se denominan pirrolidinas polisustituidas y trabajan bloqueando la replicación viral en las células infectadas y su administración permite reducir la cantidad de fármaco suministrado al paciente, así como mitigar los efectos secundarios de las actuales terapias.
La innovación aportada por el equipo de investigadores permite generar pirrolidinas polisustituidas que dan lugar a derivados de prolina sustituidas (agente antiviral) tras una secuencia sintética de tres pasos. Este procedimiento permite una síntesis y fabricación de estos compuestos químicos de forma más rápida, a menor coste y además se facilitaría el escalado a nivel de planta piloto.
El virus de la hepatitis C afecta a millones de personas en todo el mundo y el tratamiento más habitual es una combinación de dos fármacos, ribavirina e interferón, tratamiento que tiene importantes efectos secundarios como anemia, neutropenia, trombocitopenia, alteraciones psiquiátricas, insomnio, alopecia, anorexia, alergias, entre otras.
Otro inconveniente del tratamiento habitual es la elevada cantidad de fármaco suministrado por kilogramo de peso, lo que acentúa mucho más los efectos adversos, según explicaron las mismas fuentes. Ante esta situación, el trabajo de los científicos de la UA se ha adentrado en uno de los aspectos críticos del ciclo celular del virus de la hepatitis C, que actúa como un sistema de replicación viral.
Este avance aporta un alto valor añadido a los laboratorios que actualmente investigan y desarrollan compuestos para el tratamiento de la hepatitis C, ya que les ayudaría a obtener un compuesto que dé mejores resultados de eficacia frente a otros productos inhibidores que estén en desarrollo.
El innovador método es fruto de la investigación llevada a cabo por los investigadores pertenecientes al grupo de investigación de Procesos Catalíticos en Síntesis Orgánica de la Universidad de Alicante, grupo que dirige la doctora Carmen Nájera Domingo, catedrática del Departamento de Química Orgánica.

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El nuevo tratamiento, desarrollado por la Universidad de Alicante, puede contribuir a elaborar compuestos mucho más eficaces para la enfermedad.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Alicante (UA) ha desarrollado y patentado un procedimiento para la obtención de moléculas inhibidoras del virus de la hepatitis C, con un novedoso procedimiento de obtención, mucho más rápido, que neutraliza la resistencia del virus sin los efectos secundarios de las terapias actuales, informó hoy en un comunicado la institución académica.
Las moléculas identificadas se denominan pirrolidinas polisustituidas y trabajan bloqueando la replicación viral en las células infectadas y su administración permite reducir la cantidad de fármaco suministrado al paciente, así como mitigar los efectos secundarios de las actuales terapias.
La innovación aportada por el equipo de investigadores permite generar pirrolidinas polisustituidas que dan lugar a derivados de prolina sustituidas (agente antiviral) tras una secuencia sintética de tres pasos. Este procedimiento permite una síntesis y fabricación de estos compuestos químicos de forma más rápida, a menor coste y además se facilitaría el escalado a nivel de planta piloto.
El virus de la hepatitis C afecta a millones de personas en todo el mundo y el tratamiento más habitual es una combinación de dos fármacos, ribavirina e interferón, tratamiento que tiene importantes efectos secundarios como anemia, neutropenia, trombocitopenia, alteraciones psiquiátricas, insomnio, alopecia, anorexia, alergias, entre otras.
Otro inconveniente del tratamiento habitual es la elevada cantidad de fármaco suministrado por kilogramo de peso, lo que acentúa mucho más los efectos adversos, según explicaron las mismas fuentes. Ante esta situación, el trabajo de los científicos de la UA se ha adentrado en uno de los aspectos críticos del ciclo celular del virus de la hepatitis C, que actúa como un sistema de replicación viral.
Este avance aporta un alto valor añadido a los laboratorios que actualmente investigan y desarrollan compuestos para el tratamiento de la hepatitis C, ya que les ayudaría a obtener un compuesto que dé mejores resultados de eficacia frente a otros productos inhibidores que estén en desarrollo.
El innovador método es fruto de la investigación llevada a cabo por los investigadores pertenecientes al grupo de investigación de Procesos Catalíticos en Síntesis Orgánica de la Universidad de Alicante, grupo que dirige la doctora Carmen Nájera Domingo, catedrática del Departamento de Química Orgánica.

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Investigadores españoles muestran, en un modelo animal, que una hormona del estómago mitiga la fibrosis hepática.

Un estudio comprueba que en ratas con lesiones hepáticas tratadas con grelina, la fibrosis descendía en un 40%.

La grelina, una hormona del estómago, reduce la fibrosis hepática en un modelo animal de la enfermedad, según un estudio del Hospital Clínico de Barcelona que se publica en la edición digital de Hepatology, la revista de la Asociación Americana para el Estudio de las Enfermedades del Hígado.
En el trabajo, las ratas tratadas con grelina recombinante mostraban una reducción en la fibrosis hepática. La grelina redujo la cantidad de células fibrogénicas en un 25% en los roedores tratados. La investigación también mostró que la grelina evitaba el daño hepático agudo y reducía el estrés oxidativo y la inflamación en los modelos animales.
Según explica Ramón Bataller, responsable del estudio, “en la actualidad no existen terapias eficaces antifibróticas para pacientes con enfermedad hepática. Nuestro objetivo fue determinar si la grelina recombinada podía regular la formación de tejido fibroso asociado con el daño hepático crónico”.
La grelina es una hormona del crecimiento que tiene un papel clave en la regulación del apetito y se produce sobre todo en el estómago. Anteriores estudios han mostrado que esta hormona también tiene efectos protectores en otras áreas del organismo como páncreas, corazón y tracto gastrointestinal.
Los investigadores indujeron lesiones hepáticas y fibrosis en ratas macho y separaron a los animales en tres grupos de 12: el grupo 1 recibió una solución salina, el grupo 2 la grelina recombinante de rata y el grupo 2 el agonista del receptor de la grelina.
Los resultados mostraron que el colágeno del hígado aumentó en 7 veces en comparación con las ratas control. Los análisis revelaron que los animales tratados con grelina mostraron sólo ligeros depósitos de colágeno con un descenso en la fibrosis de aproximadamente el 40%.
La enfermedad hepática aguda se estudió en ratas macho formando tres grupos experimentales de 8 animales. El grupo control recibió suero salino y aceite de oliva, el grupo 2 recibió el suero salino y tetracloruro de carbono (CCl4) para inducir el fallo hepático y el grupo 3 recibió CCl4 junto con grelina.
En el grupo tratado con grelina los investigadores descubrieron una marcada reducción en el daño celular hepático y una menor infiltración de células inflamatorias. Un examen más detallado mostró que la grelina debilitó los efectos de CCl4 en los mecanismos que participaban en la supervivencia y proliferación de los hepatocitos.
Según señala Bataller, “en nuestro estudio demostramos que la grelina recombinante regula la respuesta fibrogénica del hígado ante la enfermedad aguda y crónica. La grelina que se produce de forma natural en el organismo también inhibe el desarrollo de fibrosis en modelos animales y humanos”.
Los investigadores también analizaron los niveles en suero de grelina en muestras de sangre de pacientes humanos a los que se pidió que ayunaran durante la noche. Las muestras recogidas incluían a 67 pacientes con hepatitis C crónica, 24 con hepatitis alcohólica y 24 controles sanos.
En ambos grupos de pacientes con enfermedad hepática los niveles en suero de grelina eran menores en comparación con los controles sanos. En los pacientes con fibrosis avanzada los niveles de grelina en suero eran menores que en aquellos con fibrosis suave.
“Nuestros resultados indican que la grelina podría ser útil en el tratamiento de pacientes con enfermedad hepática y fibrosis al prevenir la formación de tejido cicatrizante. Estudios posteriores deberán evaluar la seguridad y eficacia de la grelina en pacientes con enfermedad hepática crónica”, concluye Bataller.
Otra investigación publicada en la misma revista y liderada también por Bataller desde el Hospital Clinic mostró que una dosis a corto plazo de losartán-M6PHSA reducía la inflamación hepática y la fibrosis, aunque las ratas tratadas sólo con losartán oral no experimentaron una reducción similar en la actividad de la enfermedad.
El losartán es un fármaco bloqueador del receptor de la angiotensina, que se vincula a la molécula M6PHSA, un portador selectivo de fármacos que se dirige a las células esteladas hepáticas. El estudio verificó que el losartán-M6PHSA se acumula sólo en el hígado fibrótico y que otros órganos como pulmones, corazón, bazo y riñones no muestran el conjugado
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