Nuevas pistas para detener el cáncer relacionado con la colitis

Estudio halla que dos proteínas del sistema inmunitario podrían ser la clave.

Un estudio reciente sugiere que dos proteínas del sistema inmunitario podrían ayudar algún día a los médicos a tratar y prevenir el cáncer relacionado con la colitis.

La citoquina interleucina 6 (IL-6), una proteína liberada por las células del sistema inmunitario cumple una función clave en la producción de tumores del cáncer relacionado con la colitis, según un estudio con ratones realizado en la facultad de medicina de la Universidad de California en San Diego. Esta función de la IL-6 parece depender del STAT3, un factor de transcripción que estimula el desarrollo del cáncer, según los hallazgos publicados en la edición en línea del 3 de febrero de Cancer Cell.

Los hallazgos sugieren que poner la IL-6 y el Stat3 como blancos podría ser una manera de detener o tratar el cáncer relacionado con la colitis, señaló Michael Karin, profesor de farmacología y patología de la universidad y miembro de su centro oncológico. Por ejemplo, cuando los investigadores retiraron el STAT3 de las células epiteliales intestinales, se detuvo el desarrollo del cáncer relacionado con la colitis en ratones.

Las enfermedades intestinales inflamatorias, como la colitis ulcerativa, ponen a la gente en mayor riesgo de desarrollar cáncer colorrectal. Cerca de la mitad de las personas que adquieren la malignidad muere por su causa.

El nuevo estudio respalda el trabajo anterior de los investigadores de San Diego, que sospechaban que la IL-6 ayuda a fomentar la inflamación crónica y la supervivencia de células malignas que ayudaban a promover el cáncer.

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Emiten nuevas directrices para la gestión del Síndrome del colon irritable

Grupo revisa las terapias convencionales y alternativas para tratar los síntomas del colon irritable.

Una organización líder de gastroenterólogos ha emitido directrices nuevas sobre la gestión del síndrome del colon irritable (SCI).

Las directrices, emitidas por el Colegio estadounidense de gastroenterología (American College of Gastroenterology) y publicadas en la edición de enero de The American Journal of Gastroenterology, reemplazan en esencia un documento de 2002.

“El mundo del SCI está cambiando rápidamente porque hay más terapias y mayor concienciación. Se considera una ‘enfermedad de verdad'”, señaló el Dr. Lawrence Brandt, presidente de la fuerza de trabajo para el SCI del grupo y jefe de gastroenterología del Centro médico Montefiore de la ciudad de Nueva York. “Se están desarrollando muchos medicamentos nuevos y todavía queda mucho por hacer, pero hay suficiente información nueva desde la última vez”.

“Desde el punto de vista del médico, esto no cambia mucho la práctica y no hay mucha información nueva, aunque es exhaustiva y útil”, aseguró el Dr. Benjamin D. Havemann, profesor asistente de medicina interna del colegio de medicina del Centro de ciencias de la salud Texas A&M y director de gastroenterología del campus de medicina de la Universidad de Round Rock del Hospital Scott & White. “Señala lo poco que ha surgido [en cuanto a tratamientos nuevos] durante los últimos años. Algunos de los avances que hemos logrado se han retirado o están bajo control estricto”.

“Algo muy valioso que se halló fue que hacer pruebas extensivas no es útil”, aseguró Havemann. “Tiene sentido para mí que si no hay síntomas de alarma, el beneficio de exámenes de sangre básicos y otros es dudoso”.

Se calcula que entre el siete y el diez por ciento de la gente tiene SCI, en el que puede haber dolor abdominal, hinchazón y otras incomodidades, como estreñimiento y diarrea. El SCI afecta tanto la calidad de vida como la productividad de millones de personas.

La mayoría de los tratamientos para el SCI alivian los síntomas en lugar de resolver la afección misma.

Las nuevas directrices reúnen la evidencia existente sobre tratamientos convencionales para el SCI, así como terapias nuevas (como los probióticos) y terapias alternativas (acupuntura y más). En resumen, las directrices actualizadas recomiendan:
Los productos de fibra, entre ellos el psilio, medicamentos antiespasmódicos y aceite de menta, podrían ser efectivos, al menos para algunas personas. “No hay mucha evidencia, pero algunos pacientes dicen sentirse mejor”, según Brandt. Advirtió que la fibra se debe usar cuidadosamente en quienes tiene colon estrecho.
Hace falta más información sobre los probióticos, microorganismos vivos (generalmente bacterias), similares a los organismos benignos que usualmente pueblan los intestinos. “Este es un tema caliente y un asunto cada vez más complicado”, señaló Brandt. Los investigadores y los médicos necesitan tener en cuenta las especies de bacterias utilizadas, cuántas especies y las dosis.
Los antibióticos no absorbibles, los que se dirigen únicamente al colon, como la rifaximina (Xifaxan), también parecen ayudar a algunas personas, en particular a las que tienen SCI con diarrea predominante”. Brandt aseguró que “la información no es muy buena, aunque algunos pacientes juran que les ayuda dramáticamente”.
Los antidepresivos tricíclicos, así como los conocidos como inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) benefician a una gran cantidad de pacientes de SCI. Esto está respaldado por estudios de calidad, aunque con pocas cantidades de participantes, y podría cambiar a medida que se evalúa la investigación en un gran número de personas. La asesoría psicológica también podría ofrecer algo de alivio.
Los activadores selectivos del canal del coluro C-2, particularmente la lubiprostona (Amitiza) son efectivos para el SCI con estreñimiento predominante”.
Los antagonistas de la 5HT3, como la alosetrona (Lotronex) alivian los síntomas de la diarrea, pero pueden causar estreñimiento e isquemia del colon, es decir, flujo sanguíneo restringido.
Los agonistas de la 5HT 4, aunque son efectivos contra el estreñimiento, no están disponibles en América del Norte por un alto riesgo de problemas cardiovasculares.
Todavía no hay evidencia concluyente sobre las mezclas herbales chinas, además de que conllevan el riesgo de insuficiencia hepática y otros problemas. Las diferencias en el contenido de los compuestos y la pureza de los ingredientes complica la evaluación de beneficios.
De manera similar, la evidencia sobre la acupuntura no es concluyente.
No existe evidencia en este momento de que examinar por alergias alimentarias o seguir dietas que excluyan ciertos alimentos alivie los síntomas de SCI.
Las pruebas de diagnóstico de rutina para el SCI no se recomiendan, aunque sí se deben hacer algunas pruebas en ciertos subgrupos de pacientes.

Aunque son profundas, las directrices fueron criticadas por no explicar qué fondos externos se usaron en el proceso de desarrollo. El documento sí revela que se recibió apoyo de Takeda Pharmaceutical Co. y Salix Pharmaceuticals, que fabrican productos dirigidos al SCI.

El Dr. Mark Ebell, viceeditor de American Family Physician, aseguró que se sentiría más cómodo si las directrices hubieran sido “muy claras acerca de qué apoyo se ofrecía y para qué lo necesitaban, para pagar por la investigación en la literatura o personal. … Es común recibir apoyo por directrices. … Me parece que en general no es intencional, pero cuando tenemos una relación, crea el potencial de problemas”.

Ebell aseguró que Brandt tenía relaciones con laboratorios farmacéuticos.

Brandt ve las cosas de otra manera. “No tengo vínculos con la industria que sean relevantes para esta publicación”, dijo. “No recibo dinero directamente de ninguna empresa. No tengo acciones y mi familia tampoco, así que es un asunto completamente imparcial. No tengo ningún conflicto de intereses y no hay más qué decir”.

Anne-Louise B. Oliphant, vocera del Colegio estadounidense de gastroenterología (American College of Gastroenterology) dijo: “Ningún laboratorio estuvo involucrado de ninguna manera ni en la estructuración ni en la compleción del metaanálisis que conforma la base de las recomendaciones basadas en la evidencia del Colegio sobre el SCI. Además, ningún laboratorio estuvo de ninguna manera involucrado con decidir quién estuvo en la fuerza de trabajo ni en su trabajo”.

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La diabetes mellitus se relaciona con la enfermedad celíaca

La diabetes mellitus tipo 1 y la enfermedad celíaca, que provoca intolerancia al gluten, comparten algunas raíces genéticas. Este hallazgo puede conducir a nuevos tratamientos para estas enfermedades autoinmunes, que se producen cuando el sistema inmunológico del organismo destruye el tejido saludable, informaron investigadores.
En el estudio publicado en New England Journal of Medicine (NEJM), se destacan los disparadores ambientales que causan ambas condiciones. Estos hallazgos sugieren mecanismos comunes que provocan la afección celíaca y la diabetes mellitus tipo 1. Los expertos no esperaban detectar este grado elevado de factores de riesgo genéticos compartidos, dijo David van Heel, del Hospital St. Barts y la Escuela de Medicina y Odontología de Londres.
El equipo estudió a 9339 personas saludables, 8064 pacientes con diabetes mellitus tipo 1 y 2560 con la condición celíaca. Los autores hallaron cuatro mutaciones genéticas de la enfermedad celíaca que aparecen en pacientes con diabetes mellitus tipo 1 y dos variaciones de esta dolencia que aumenta el riesgo de la afección celíaca.
La diabetes mellitus tipo 1 –diabetes juvenil- es causada por la destrucción de células beta del páncreas, que producen la insulina necesaria para regular los niveles de azúcar en sangre. La condición es diferente a la diabetes mellitus tipo 2 que se relaciona con la mala alimentación y la falta de ejercicio.
La enfermedad celíaca es un desorden autoinmune que ataca el intestino delgado, lo que provoca intolerancia al gluten, una proteína que se encuentra en el trigo, la cebada y el centeno. La condición se manifiesta con hinchazón, dolor abdominal, náuseas, problemas en la piel, depresión, dolor articular u óseo y problemas del sistema nervioso.
El próximo paso es comprender cómo esta susceptibilidad genética afecta el sistema inmune e investigar los factores ambientales que pueden alterar el riesgo de diabetes mellitus tipo 1, que resulta de una interacción compleja entre la naturaleza y estilo de vida, dijo John Todd, de la Universidad de Cambridge (Inglaterra).
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 171 millones de personas en el mundo padecen de diabetes mellitus y presenta el tipo juvenil del 5 al 10%. La enfermedad celíaca afecta a alrededor del 1% de las personas.

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Combinación de antivirales para la hepatitis C

Científicos británicos centran su investigación en una proteína del virus, llamada p7, cuya composición genética hace variar la efectividad del tratamiento.

Una combinación de terapias antivirales similar a la que se usa en pacientes con infección por VIH podría ser el futuro tratamiento de la hepatitis C, según un trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Leeds (Reino Unido), publicado en “Hepatology“.

El estudio, centrado en analizar una proteína llamada p7, reveló que las diferencias que existen entre la codificación genética de esta proteína y los genotipos del virus de la hepatitis C, alteran la sensibilidad del virus a los fármacos que bloquean su función, por lo que esta proteína podría convertirse en una diana para nuevos y mejores fármacos con que tratar la hepatitis C.

Investigadores de la citada universidad descubrieron en 2003 que la proteína p7 ayuda al virus de la hepatitis C a extenderse por todo el cuerpo y demostraron en el laboratorio que inhibir la p7 frena la propagación del virus.

En el presente trabajo, examinaron la respuesta del virus de la hepatitis C ante un conjunto de compuestos entre los que se incluyó el antiviral rimantadina, que se dirige a una proteína similar en el virus de la gripe. Descubrieron que la efectividad del medicamento cambiaba según la composición genética de la p7.

“Tomamos prestada la rimantadina para probar sus efectos en la hepatitis C, porque el comportamiento de la p7 es similar al de la proteína encontrada en el virus de la gripe”, explican. Sin embargo, “la rimantadina funciona en el laboratorio, pero aún es necesario desarrollar nuevos fármacos específicamente dirigidos contra la p7 con los que poder sacar adelante futuras terapias”.

Según comentan los autores, “uno de los retos es encontrar tratamientos para estos virus, dada su habilidad de cambiar constantemente su perfil genético”. “Nuestra investigación demuestra que no hay una fórmula única para tratar el virus de la hepatitis C con los inhibidores de la p7 en el futuro. Pensamos que la combinación de tratamientos funcionará de forma mucho más eficiente, teniendo en cuenta la variabilidad de la proteína”, dijo.

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Litiasis biliar y adenomas colorrectales

Científicos japoneses muestran que las personas con cálculos en la vesícula presentan mayor riesgo de desarrollar pólipos intestinales

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Las personas con litiasis biliar presentan un riesgo incrementado de desarrollar adenomas colorrectales, que podrían conducir a cáncer de colon si no se extirpan, según señala un estudio publicado en el “American Journal of Gastroenterology”.

Muchas investigaciones “revelaron un aumento moderado del riesgo de cáncer colorrectal en pacientes” a los que se les extirpó la vesícula, escribió el equipo del Dr. Yutaka Yamaji, de la Universidad de Tokio (Japón). “En cambio, hay pocos estudios publicados sobre el adenoma colorrectal”, añadió este experto.

Asimismo, “muy pocos estudios han investigado la relación entre los cálculos biliares no extirpados con el adenoma y el adenoma colorrectal, pero los datos indican que no están asociados”, señaló el equipo.

Por lo tanto, los autores analizaron la relación entre la litiasis biliar y los adenomas colorrectales en 4.458 pacientes, a los que se examinó con ultrasonografía para identificar los cálculos biliares y con colonoscopia para identificar los adenomas. Todos respondieron un cuestionario sobre estilo de vida.

En total, 4.189 pacientes presentaban la vesícula biliar normal, 206 tenían cálculos biliares y a 63 se les extirpó la vesícula.

La tasa de adenomas colorrectales fue del 29,6% en pacientes con litiasis biliar, frente al 17,7% entre las personas con vesícula normal.

El 15,9% de los que se habían sometido previamente a colecistectomía desarrolló adenomas colorrectales, lo que no varió demasiado con respecto de los pacientes sin litiasis biliar.

El análisis final concluyó que los cálculos elevan un 57% el riesgo de desarrollar adenomas colorrectales.

“No detectamos una relación entre la extracción quirúrgica de la vesícula y el adenoma colorrectal, pero sí entre los cálculos asintomáticos y el adenoma colorrectal”, destacó el equipo.

“Aunque el mecanismo de esa asociación se desconoce, es posible” que influyan las características promotoras del cáncer de la bilis, que es de lo que están hechos los cálculos.

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