ciencia de informacion

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Contenido original de las respuestas  enviadas a la Revista Temas para su inclusión en el simposio sobre los conceptos de sociedad de la información, sociedad informacional, sociedad red o sociedad del conocimiento. Este es el texto original completo, el cual por necesidades de edición y por las características del simposio fue editado y reducido por los editores. Incluye referencias a la literatura citada que no aparecen en el formato publicado en la  Revista . Las notas al pie fueron incluidas en el texto del documento. (Nota del Autor)

¿Sociedad de la información, sociedad informacional, sociedad red o Sociedad del conocimiento? ¿Son la misma cosa o conceptos diferentes? ¿Cuál es más funcional para definir el estadio actual de desarrollo de nuestras sociedades? ¿Por qué?

“Los conceptos son significados construidos  de manera dinámica  y negociados colectivamente que clasifican el mundo de acuerdo a determinados intereses y teorías. Los conceptos y su desarrollo no pueden ser comprendidos aislados de los intereses y las teorías que motivaron su construcción y en general debiera esperarse un juego de concepciones en competencia y conceptos en todos los dominios en todos los tiempos” .(Hjørland, 2009, pp. 1522–1523)

 

Vivimos en un mundo tan acelerado por los efectos de la globalización y sus manifestaciones materiales y tecnológicas, que necesitamos de una pausa reflexiva para poner orden a la cantidad de insumos que entran permanentemente en nuestras mentes. Cada vez más se vive una sensación de vértigo al asomarse  a los medios de comunicación y a los espacios de información, que crecen y se multiplican en Internet y en los que hay un bombardeo permanente de palabras, frases y conceptos desconectados de su génesis, su historia y contextos, y que se presentan a ritmo de reggaetón o en el mejor de los casos disfrazados elegantemente en tiempo de hip hop.

 

Pareciera que se anda a la caza de la palabra o la frase perfecta, no importa su origen, e incluso a veces no importa su significado. En esto también ha funcionado el “marketing”.  Las razones son múltiples, pero entre ellas tiene una importancia muy decisiva el creciente papel de los medios de comunicación y los efectos derivados de la inmediatez, que impone la velocidad de la trasmisión de información desde los más diversos contextos políticos, económicos, sociales y culturales a escala planetaria. Esa aceleración de la difusión de los mensajes está mediada por las relaciones de poder y por el predominio de discursos hegemónicos generados en contextos y realidades, que han consolidado su capacidad para  imponer sus puntos de vista de manera casi imperceptible y por una baja capacidad de resistencia o sentido crítico de una gran parte de los receptores de esos mensajes. Se trata de una especie de industria productora de  “regímenes de verdad” circunscritos a estos discursos que definen cuáles son los temas relevantes, a qué actores se debe escuchar y que proposiciones particulares son capaces de ser consideradas como verdades y cuáles no. Entendido discurso desde la perspectiva etnometodológica de tradicción  Foucaultdiana, como un conjunto de ideas y prácticas que condicionan las maneras de relacionarnos con, y actuar sobre fenómenos particulares y en los que tiene un papel fundamental las relaciones de poder (Stahl, 2008, p. 17).

 

La combinación de contenidos y forma es cada vez más imperceptible y la mezcla digital resultante tan ecléctica, que solo el cinismo o el pragmatismo más feroz parecieran ser la fórmula humana para  lidiar con tal agresión a sus capacidades analógicas de procesamiento. Así, los conceptos son diseminados y reutilizados a conveniencia y al ser ellos mismos herramientas para la fijación de sentido, terminan convirtiéndose en herramientas de manipulación y  desviación de las metas auténticas y priorizadas de las diversas realidades en que sigue transcurriendo la existencia cotidiana de la gran mayoría de la población del mundo.

 

Llamo la atención sobre estos fenómenos, porque inscribo la llegada, apropiación y uso de los conceptos de Sociedad de la información, sociedad informacional, sociedad red o

Sociedad del conocimiento en un contexto como el mencionado,  y porque considero que es muy importante desarrollar nuestra capacidad para lidiar críticamente con ellos y subrayar la importancia de  relacionar los conceptos con la visión del mundo, el sistema de valores, los fundamentos teóricos  y las metas y objetivos de quienes generan y diseminan dichos conceptos. ¿Es que acaso puede hablarse de sociedad del conocimiento desligada de la capacidad crítica de sus miembros? ¿Puede concebirse una sociedad en red, cuando las mayorías no participan de las decisiones esenciales? ¿O puede aceptarse una sociedad de la información en la que los medios de comunicación son manipulados y responden a los  intereses de unos grupos de poder? Es decir, no existen conceptos desconectados de una génesis, una historia y unos intereses, sean estos de un tipo u otro. Son productos sociales y culturales y como tales deben ser entendidos, cuestión que muchas veces es ignorada.

Es interesante que conceptos como el de “sociedad de la dignidad” o “sociedad de la solidaridad” o “sociedad de la justicia”, a pesar de su potencial ordenador, no hayan alcanzado la misma fuerza en estos tiempos convulsos.

 

Muchas veces he reflexionado sobre la fuerza ordenadora que pueden tener los conceptos cuando son pensados como herramientas de transformación de la realidad y cuando están enraizados en ella. Imaginemos que fuéramos consecuentes con el principio axiomático que ordena la Constitución cubana y que muchas veces olvidamos: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.”

“DECLARAMOS nuestra voluntad de que la ley de leyes de la República esté presidida por este profundo anhelo, al fin logrado, de José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”; PREAMBULO)”

Convertido en axioma de primer orden, todas las leyes, reglamentos, regulaciones y al final todo el accionar de la nación, tendría como referente último y orientador  la lucha por la construcción de una “sociedad de la dignidad”,  no como utopía a largo plazo, sino como una forma concreta de vivir el día a día.  Al propio tiempo, la mejor forma de evaluar los resultados de las intervenciones que a nivel se realizan, sería la medida en que contribuyen a elevar esa vida digna. Es decir, que una “sociedad de la dignidad” implicaría  luchar permanentemente por producir y asegurar, junto a la vivienda digna, la salud y la educación, un acceso abierto a la información, al conocimiento y a la cultura, y fomentar redes de personas e instituciones que, en libertad, luchen por la dignificación de los seres humanos y que alinean sus recursos y fuerzas para el mejoramiento en condiciones de equidad de la existencia digna de todos sus integrantes. “Con todos y para el bien de todos”, diría Martí.

 

Una visión de esta índole generaría la capacidad para apropiarse y redimensionar conceptos como los mencionados y muchos otros, sometiéndolos a sus prioridades y dándoles contenidos concretos, que se traduzcan en indicadores que puedan servir para medir la efectividad de nuestras acciones  y rendir cuenta por ellas. Supondría, también, un compromiso para lograr que  otras sociedades funcionen de esa forma para no quedarse en el marco restringido de lo cercano, de lo visible y conectar con el compromiso como especie humana. Claro está, que esta visión del papel ordenador de los conceptos no puede ignorar que como ya se ha mencionado, al ser productos  históricos estrechamente ligados a las prácticas humanas, su mayor o menor fuerza tiene mucho que ver con las relaciones de poder derivadas de las relaciones económicas, políticas y  culturales predominantes y el papel que  los sujetos sociales asumen en esos contextos.

 

No pretendo hacer un recorrido por la génesis y evolución histórica de cada uno de los conceptos mencionados pues, en consecuencia con lo hasta aquí he apuntado, esta  variará en dependencia de las fuentes de referencia que se seleccionen, los dominios del conocimiento y las referencias empíricas que se consideren. Los conceptos mencionados han sido utilizados ampliamente en las últimas décadas por la academia, las empresas, los organismos internacionales, gobiernos de las más diversas tendencias y organizaciones de todas partes del mundo, que los han tomado como inspiración y han desarrollado estrategias y proyectos para avanzar en alguna de las variantes (sociedad  de la información, sociedad informacional, sociedad del conocimiento, sociedad  red),  desde diferentes posiciones e intereses.

 

Como rasgo distintivo de este fenómeno es importante destacar que la ofensiva del discurso de la sociedad de la información y sus diversas variantes, ha generado un importante debate político a nivel internacional y nacional,  en la forma de congresos, reuniones, cumbres y producción de informes y documentos que han presionado a los gobiernos a asumir posiciones proactivas sobre el tema y a traducirlas en políticas. “La generalmente mantenida percepción de que estamos entrando en una revolución de la información de tal profundidad y alcance como la revolución industrial, alimentada por comentadores en los medios de comunicación, la industria y la academia hace políticamente insostenible para los gobiernos aparecer sin hacer nada” (Goodwin & Spittle, 2002: 226).

 

Una búsqueda de artículos académicos en  Google Scholar  con tres de estos conceptos en inglés  “INFORMATION SOCIETY” OR “KNOWLEDGE SOCIETY” OR “NETWORK SOCIETY” arrojaba más de 17 700 registros bibliográficos el 9 de abril de 2013 (“‘information society’ OR ‘KNOWLEDGE SOCIETY’ OR ‘NETWORK SOCIETY’ – Google Scholar”, 2013) y más de 6 000 referencias contenidas en documentos legales. Los mismos términos buscados en Google general y limitada al dominio que agrupa a los sitios de las Naciones Unidas, arrojó 12 100 resultados (“‘INFORMATION SOCIETY’ OR ‘KNOWLEDGE SOCIETY’ OR ‘NETWORK SOCIETY’ inurl:un.org – Buscar con Google”, 2013), en el dominio de la UNESCO  31 100 resultados y en los sitios agrupados bajo el dominio del PNUD, 3 400 resultados. La misma formulación de búsqueda realizada en el conjunto de libros en formato digital disponibles en Google, arrojó 1 140 000 resultados  asociados (“‘INFORMATION SOCIETY’ OR ‘KNOWLEDGE SOCIETY’ OR ‘NETWORK SOCIETY’ – Buscar con Google”, 2013).

 

Hoy se dispone de suficientes metodologías y herramientas , que van  desde las bases de datos más convencionales hasta la  denominada “culturonomía” o “culturonomics” (Aiden, Pickett, & Michel, 2011), que permitirían  generar numerosos proyectos de investigación para producir  “datos” e informaciones que avalen la afirmación de que los mencionados conceptos tienen diversos y variopintos orígenes, distintas formas de entenderse, así como significativas capacidades para multiplicarse.  Es posible que existan incluso estudios de citación que ayuden a establecer una ruta de origen y uso de cada uno de los conceptos, lo que vendría a adicionar más evidencias empíricas a la hipótesis de la construcción social e histórica de los conceptos y su vinculación con dominios de conocimiento. La evidencia científica en el campo de la Ciencia de la Información y en los estudios de la Ciencia, apuntan en el sentido de que los conceptos están estrechamente relacionados con los dominios de conocimiento y  en la medida que los se alejan de campos disciplinarios específicos,  se hace mucho más difícil su comprensión y aumenta su vaguedad (Hjørland, 2009).

 

A partir de una postura epistemológica que reconoce el carácter histórico y culturalmente mediado de los conceptos y su relación con la praxis,  si se pretende construir conceptos transdisciplinarios  o interdisciplinarios, el camino aparentemente más viable es identificar el problema de la realidad que se pretende  resolver. Según la pregunta formulada, se trataría de responder a “¿cuál (de los conceptos) es más funcional para definir el estadio actual de desarrollo de nuestras sociedades?” y “cuáles serían los principios que guían esa evaluación”.

 

Los conceptos que son objeto de análisis han sido utilizados como parte de diferentes discursos en forma de visiones, proyectos  o utopías, y también se han utilizado para intentar describir la realidad existente en función de determinados propósitos. Es decir, que no solo representan una perspectiva hacia adelante, sino que también su génesis ha estado vinculada a intentos  de caracterización de la sociedad capitalista desarrollada en cuanto al peso creciente de las actividades “terciarias” y en particular, las relacionadas con la información, el conocimiento y las redes en dichas economías. Desde esta perspectiva se han identificado indicadores representativos de estas actividades y se han hecho mediciones para comparar la situación de los países entre sí, identificando lo que serían sociedades de la información, el conocimiento o sociedades red a aquellas donde han pasado a tener un peso fundamental los mismos (Bell, 1973; Castells, 1996; Masuda, 1980; N Garnham, 2004; Touraine, 1974).

 

Toda esta parábola la he hecho intencionalmente. Quería reflexionar sobre los dilemas en que podemos caer cuando intentamos definir conceptos, sin un marco de referencia para comprender sus significados y darles sentido.  El significado podemos buscarlo en la génesis,  y la historia de los mismos, en las determinaciones de su configuración  y el sentido estará necesariamente determinado por los objetivos que persigamos, al incorporarlos a la discusión en el contexto cubano y latinoamericano.  La dialéctica de significado y sentido funcionan en este contexto como herramientas ordenadoras (Testa, 1997: 68–69).

 

Hablar de los conceptos de sociedad de la información, sociedad del conocimiento y sociedad red tiene sentido, si esta discusión la ubicamos en relación con los desafíos que tiene la sociedad cubana para resolver sus principales problemas,  de lo contrario puede terminar siendo ejercicio escolástico. La discusión es bienvenida si se trata, por ejemplo, de posicionar los temas de acceso a la información y el papel fundamental del conocimiento en una sociedad que pretende movilizar las capacidades y potencialidades de sus ciudadanos para mejorar sus condiciones de existencia material y espiritual. Tiene sentido, si se trata de llamar la atención sobre el limitado  acceso de los cubanos al universo de recursos de información que hoy están disponibles en Internet  e incluso a los recursos nacionales y las infinitas potencialidades que tiene nuestro pueblo de resolver problemas con un uso crítico e innovador de los mismos; si nos referimos a las insuficiencias de la política informativa, la subutilización del conocimiento acumulado por tantos años de revolución educacional, las dificultades para generar una infraestructura sostenible, entre otros temas de actualidad extremamente relevantes para el perfeccionamiento de la sociedad cubana.  Todo esto en medio de transformaciones esenciales de la sociedad capitalista tendientes a perpetuar y reproducir el sistema de relaciones de poder mundial construidas y a dinamizar su capacidad para perpetuarse y legitimarse con un uso intencionado, consciente e instrumental de las potencialidades que brindan las tecnologías de la información y las comunicaciones y el creciente papel de la información y en conocimiento en esta lucha (González Casanova, n.d.).

 

Dado que otros autores con mucho más experiencia y bagaje teórico ofrecerán sus aproximaciones a estos conceptos y seguramente se posicionarán en este sentido, explícita o implícitamente, aprovecho mi participación para llamar la atención sobre el denominado fenómeno de “falsa conciencia”, en la que se pueden llegar a usar conceptos en conflicto con los intereses reales de los grupos sociales que los enarbolan. Es decir, es posible que se puedan usar conceptos sin conocer precisamente sus definiciones, y sobre todo sin comprender claramente cuáles son sus implicaciones y consecuencias.  De ahí la necesidad de la vigilancia epistemológica, cuando estos conceptos pueden ser la punta de un iceberg que refleja tendencias e intereses de gran escala y sobre los cuales es fundamental poder tener una mirada crítica. Los conceptos de sociedad de la información, o sociedad del conocimiento o sociedad en red, tienen historias muy particulares en dependencia de los referentes históricos que se tomen como casos de estudio. En algunos casos han sido utilizados como fundamento de programas de liberalización de los mercados de comunicaciones, en otros han sido la punta de lanza de la ofensiva de las empresas del sector informático y de comunicaciones para extender sus ventas de equipamiento y sistemas. En el año 2010, los gastos de empresas norteamericanas en equipamiento de sistemas de información, software y telecomunicaciones fueron de  $562 mil millones de dólares y en unos $800 mil millones adicionales en servicios de consultorías, muchos de los cuales buscaban el rediseño de las operaciones de estas firmas para aprovecharse de estas tecnologías (Laudon & Laudon, 2012: 5). En  otros contextos este discurso ha sido utilizado para justificar intervenciones desde la perspectiva de los intereses de las grandes potencias (Garnham, 2004; Goodwin & Spittle, 2002; Nivala, 2009)

 

Las diferencias entre los significados que se le han dado a estos conceptos en realidades diferentes a la cubana, sirven básicamente como referentes y alertan sobre la vigilancia epistemológica ya citada.  Para ilustrar con un ejemplo desde otra perspectiva, la variabilidad y relatividad de las definiciones en diferentes entornos, vale el caso de Finlandia, donde el concepto de sociedad de la información ha sido sustituido explícitamente por el de sociedad del conocimiento en los documentos de sus estrategias de gobierno en idioma finlandés. Sin embargo,  el término “sociedad de la información” continúa usándose en las traducciones al inglés de los mismos documentos. Aunque se ha producido una sustitución intencionada del concepto de sociedad de la información por el de sociedad del conocimiento, su traducción a otra lengua no se ha considerado como relevante (Nivala, 2009).

 

En otros casos, los conceptos  en análisis han formado parte de una poderosa  retórica que se ha hecho hegemónica en todo el mundo, que  vincula el tema con la competitividad económica y con el llamado a la acción inmediata como camino para la reinserción ventajosa en la nueva división internacional del trabajo (Nivala, 2009). Es decir, que los países que quieran reinsertarse favorablemente en la economía mundial deberán aprovechar las oportunidades que ofrece la sociedad de la información, o del conocimiento o las redes. “La noción de que la penetración del  ancho de banda amplio dice por sí mismo algo útil o con significado acerca de las dinámica económica y social más general es un fetichismo bizarro” (Garnham, 2004).

 

Para poner a prueba las promesas de la sociedad de la información y la eficacia de las políticas asociadas hay que desconstruir el discurso de la sociedad de la información -y otros similares, ya sean sociedad del conocimiento o sociedad red- (Goodwin & Spittle, 2002). Hay un rango amplio de teorías que lo sustentan, cada una con su propia historia de conexión con el concepto. Cada teoría es una respuesta a problemas socioeconómicos específicos con diferentes objetivos de política” dice (Garnham, 2004, p. 95). “Una de las grandes ventajas ideológicas del discurso de la sociedad de la información es que en su vaguedad de concepto y nomenclatura, permite que muchos salten a su vagón y encuentren un cómodo hogar para sus promiscuos  intereses. Presencien la forma en que la educación, y en especial la educación superior, la ha adoptado acríticamente, mientras lucha por buscar financiamiento”(Garnham, 2004, p. 95).

 

Creo por tanto que la utilidad de los  conceptos de sociedad de la información, sociedad informacional, sociedad red o sociedad del conocimiento para definir el estadio de desarrollo de nuestras sociedades, dependerá de lo que pretendamos hacer y la forma en que seamos capaces de insertarlos y relacionarlos creativamente con conceptos más integrales, como el de desarrollo humano, sostenibilidad, equidad,  justicia social, solidaridad,  democracia y dignidad.(Rojas Ochoa & López Pardo, 2002) Si nos atenemos al principio de que nuestros conceptos se estabilizan  por las prácticas estandarizadas a las que sirven dentro de una comunidad (Hjørland, 2009, p. 1522), el significado que adquieran estos conceptos en nuestra realidad estará condicionado por la forma concreta en que seamos capaces de traducirlos en las políticas y programas concretos de trasformación que generemos para mejorar la capacidad de las personas, para lograr sus objetivos de bienestar material y espiritual en sociedad.  Es decir, que la apropiación de estos conceptos o su traducción efectiva exigen una alta cuota de iniciativa política, filosófica y epistemológica de los sujetos sociales para ponerlos al servicio de sus intereses.

2. Probablemente hoy se generen volúmenes de información más cuantiosos y asequibles que nunca antes en la historia de la humanidad. Para algunos, sin embargo, esa oportunidad no siempre representa un salto cualitativo en veracidad, confiabilidad y calidad informativa. ¿Qué explica esa contradicción?

Creo que contamos con suficiente evidencia empírica para afirmar que hoy se generan volúmenes cuantiosos de datos  e informaciones,  pero no afirmaría al unísono que esas informaciones hoy son más asequibles. Esto último depende del marco de referencia que adoptemos. Asequibles significa en español “que puede conseguirse o alcanzarse”. Creo que una gran parte de la información valiosa que se genera en forma de patentes, por ejemplo, no está tan fácilmente asequible hoy día, aunque se haya incrementado su cuantía y posibilidad de acceso, que también es relativo al depender de las condiciones de infraestructura y recursos para usarla.  Esta es una línea de análisis que también debía ser sometida a análisis y exigiría una mirada crítica que evite la nebulosa de que más información es sinónimo de progreso o avance. De hecho el propio concepto de información está sometido al análisis, pues si lo entendemos como datos contextualizados y entendidos desde determinada visión del mundo y desde determinado sistema de conceptos y objetivos, hablar de información en abstracto puede ocultar su verdadera esencia. Por muchos datos e información a la que se tenga acceso, si estos no son relevantes a un contexto y a unas necesidades  determinadas y si las personas no cuentan con las capacidades para entenderlos y  convertirlos en insumos para su accionar, estará rota la cadena de datos-información-conocimiento, de la cual tanto se habla. 

 

En línea con lo anterior, y reconocimiento el carácter cultural, social e históricamente mediado de lo que se entiende por información, por supuesto que no hay una relación lineal entre mayor existencia de “información”  y un supuesto salto cualitativo en veracidad, confiabilidad y calidad informativa. Un incremento cuantitativo de la información producida puede reducir su calidad y afectar su “veracidad”, que es también un concepto controversial, en dependencia de la posición que adopte. O el de confiabilidad, que depende de en qué y en quien se confía y el de calidad informativa, que es un concepto relativo del dominio de análisis.  Estos conceptos desligados de los marcos de referencia mencionados, pueden terminar siendo desorientadores.

 

Para no generar equívocos, los volúmenes de información producida y diseminada son exponenciales, y las posibilidades de acceso, con el apoyo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, son revolucionarias. Las potencialidades de acceso amplio y masivo a esa información son casi infinitas, pero ello no significa se traduzca en más calidad de esa información. Más que nunca es posible destruir la vida de una persona con un manejo inadecuado de los datos y la información disponibles en las redes. La superabundancia de información facilita la labor de suplantadores de identidades o manipuladores de todo tipo. El uso no responsable de los datos y la información y el carácter global de las redes, le dan al tema connotaciones éticas muy complejas. Más bien pareciera que esta explosión de la información y del acceso, ha convertido este espacio en un campo de batalla altamente contaminado

 

Si no desarrollamos un pensamiento libre de ataduras y preconceptos y no entrenamos la capacidad crítica para relacionarnos con la información, podemos terminar como víctimas de la denominada “sociedad de la información”. Si no construimos entornos responsables y mecanismos de voz y rendición de cuentas, estaremos a merced de la manipulación de la información. La cultura de la ciencia y la construcción de sistemas de comunicación que lo respalden, son modelos de referencia para la construcción progresiva de espacios de información veraz y de calidad. La construcción de estos espacios de información abiertos a la crítica y la discusión y con delimitación de responsabilidades, debe ocupar un lugar cada vez más prominente en la construcción de sociedades de la dignidad. Hay numerosas iniciativas y ejemplos de construcción social de espacios de colaboración y que incluyen mecanismos de voz, rendición de cuentas y trazabilidad, que funcionan como referentes de las potencialidades en positivo de los avances de las redes y de Internet.

 

Una sociedad de la dignidad tendría que resolver los desafíos que le impone la realidad de un mundo cada vez más mediado por tecnologías y  generador de cantidades exponenciales de datos e información y de altos niveles de interconexión. De ahí que la dimensión del conocimiento -como fenómeno social que expresa capacidad para actuar y resolver problemas en contexto sobre la base de valores, saberes, objetivos y visión del mundo- sea decisiva, y que al mismo tiempo, esa dimensión solo sea  posible de alcanzar mediante la construcción de la mencionada sociedad de la dignidad.  Ambos procesos tendrán que darse al mismo tiempo y como construcción social colectiva.  Ella no será el resultado automático del curso de la Historia. Para saldar estas contradicciones, es imprescindible la recuperación de fuerzas éticas capaces de dirigir la utilización de los descubrimientos científicos y técnicos y subordinarlos  a los fines de una verdadera comunidad  humana y de ponerle freno a los excesos del individualismo economicista.  Se necesitan normas  éticas válidas capaces de imponerse al individualismo tecnocrático racionalista y empirista.

 

3.       ¿Qué elementos distinguirían la excepcionalidad informacional de esta época? ¿Qué cambios económicos, políticos, culturales implican esos rasgos respecto a los periodos históricos que les antecedieron?

 

Si fuera a identificar algún elemento que marcara la excepcionalidad “informacional” de la época que vivimos, desearía destacar la tendencia a la omnipresencia de las denominadas tecnologías de la información y la comunicación  en la sociedad y la progresiva irreversibilidad de este proceso.  Se entiende  aquí irreversibilidad en el sentido socio económico.  La difusión de la tecnología puede ser en teoría reversible, pero irreversible en la práctica. Es decir, que una vez que la tecnología se ha propagado, los costos para para ajustar el curso de las tendencias relacionadas con este despliegue tienden a ser muy altos y por consiguiente no se emprenden acciones en esa dirección en la práctica (Som, Hilty, & Köhler, 2009, p. 500).

 

En un informe publicado por la RAND sobre aplicaciones que pudieran estar disponibles para el año 2020 como resultado de la creciente integración y desarrollo tecnológico incluido el de las TICs  se identificaron aplicaciones como las siguientes: (Silberglitt, Anton, Howell, Wong, & Gassman, 2002).

  1. Sensores y equipos computacionales embebidos en bienes comerciales
  2. Cámaras omnipresentes no detectables y redes de sensores sofisticadas
  3. Grandes bases de datos con buscadores con información personal detalladas y datos médicos
  4. Seguimientos por identificación por radiofrecuencia (RFD)de productos comerciales y de individuos
  5. Difusión  de tecnologías de información y las comunicaciones incorporadas incluida la conectividad inalámbrica
  6. Sistemas de criptografía basadas en Quantum para la trasmisión segura de la información

Como puede comprenderse, estas aplicaciones tienen importantes connotaciones económicas, políticas, sociales, culturales y por lo tanto éticas. Dejo a los lectores el ejercicio de imaginarse las oportunidades pero al mismo tiempo los desafíos de la generalización de las mismas. Su despliegue potencial supone un conjunto significativo de impactos sobre la vida y la sociedad que abarcan problemas en todos los niveles y suponen retos magníficos para la forma en que se organizan las sociedades. Lo interesante es que un grupo de estudios de evaluación de tecnologías realizados en los últimos han señalado que algunas de las intenciones de aplicación de estas tecnologías tienen el potencial de inducir desarrollos socio económico irreversibles. (Som et al., 2009, p. 496)

 

Esta omnipresencia de las TICS en la sociedad se refleja particularmente en la tendencia a una creciente interconexión del mundo físico y el mundo virtual en tiempo real cuya manifestación más evidente puede ser hoy día la red de redes Internet. Cada día más, volúmenes crecientes de datos se sincronizan con procesos físicos mediante sensores y sistemas de captura de datos  del más variado tipo (imágenes satelitales, datos recopilados del ambiente , imágenes de fotografías subidas a Internet y vinculadas con personas reales por la intermediación y la colaboración, muchas veces no consciente, de los miembros de las denominadas redes sociales, , y muchos más) que a la vez impactan sobre la vida mediante autómatas o personas que basan sus acciones en la disponibilidad de esos datos.

 

Un tejido en permanente desarrollo y reconfiguración de datos, sistemas de información y redes permea todos los niveles de la vida.  De esta forma, la computación omnipresente o “pervasive computing” como es conocida en inglés, supone cambios fundamentales en relación con la organización de la producción, la distribución, el cambio y el consumo. Supone también cambios en las relaciones entre las autoridades, las personas y las instituciones.  Se ha va generando en la práctica un nuevo tipo de infraestructura de alcance crítico y transfronterizo que inevitablemente condiciona la forma de organización social e interactúa con ella de una manera  que es imposible de ignorar.

 

Al tratarse de sistemas complejos que no pueden reducirse a la sumatoria mecánica de sus componentes, este despliegue de tecnologías y su inserción y reconfiguración dialéctica al tejido social tiene propiedades emergentes que no necesariamente se han previsto o no han sido intencionales y por lo tanto no pueden controlarse fácilmente. En este contexto es que pueden insertarse muchas de las dinámicas generadas con el uso de Internet por los movimientos sociales pero también por grupos terroristas y los Estados con muy diversas intenciones e intereses. Esta realidad le plantea el reto a las sociedades contemporáneas del manejo de sistemas distribuidos complejos y dinámicos con propiedades emergentes que influyen y se  retroalimentan con la dinámica social, económica, política y cultural y que exigen cuotas crecientes de responsabilidad e intencionalidad para poder lidiar con ellas.  La misma realidad puede verse desde las visiones del mundo que reflejan los intereses de los diversos grupos, clases sociales y naciones del mundo. Retomando a Lucian Golmand en su obra “Le Dieu Cahé” o “ El Dios Escondido, nombre del texto en su edición en español, una nueva visión del mundo es necesaria para lidiar con esta nueva realidad que no se puede quedar en el reduccionismo moderno, ni el escapismo romántico o la paralización  trágica.   Más que nunca se necesita un pensamiento dialéctico y un accionar colectivo de los sujetos sociales para poder  lidiar con las oportunidades  y desafíos magníficos antes los que nos encontramos. Más que nunca, se necesita de una perspectiva práctica y propositiva, basada en un sistema de valores de un proyecto de sociedad de la dignidad que necesariamente tendrá que fundamentarse en la información, el conocimiento y las redes y lidiar con la complejidad de la nueva realidad del mundo real-virtual.

 

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